Menú Portada
Desde la implantación de las especialidades farmacéuticas genéricas (EFG´s)

El uso desmedido e irresponsable de los medicamentos genéricos en España a través del Omeprazol

Junio 18, 2015

El Gobierno y el Ministerio de Sanidad de Alfonso Alonso parecen claros responsables de una política equivocada, ineficaz y contraria a los intereses del sector, del Estado y de los ciudadanos
El medicamento gurú de los males de estómago ha reducido en un 97% su precio en 20 años
Médicos especialistas aseguran que la única forma de abaratar su coste en esta medida es reducir la calidad de su elaboración y su empaquetado hasta límites insospechados
Cuando caduca la patente de un fármaco (a los 10 años), los laboratorios piratas envasan algo similar (una composición degradada), de la que se debería estudiar su procedencia


5-metoxi-2-[(4-metoxi-3,5-dimetil-piridin-2-il)metilsulfinil]-3H-bencimidazol. Lo que para muchos puede significar un algoritmo de lo más complejo, para los avezados en la materia resulta un jeroglífico de sencilla solución. La composición escrita líneas arriba se puede resumir en una palabra: Omeprazol. El principio activo que, junto a sus excipientes, conforma una de las cápsulas más reclamadas en las farmacias de todo el mundo. Su nombre más técnico -inhibidor de la bomba de protones, por lo que también son llamados IBPs-, nos habla de su mecanismo para reducir la acidez y justifica su uso para tratar enfermedades por ácido, úlceras pépticas, enfermedades por reflujo gastroesofágico, síndrome de Zollinger-Ellison y la infección por Helicobacter pylori, pudiendo llegar a producirse un linfoma MALT (tejido linfoide asociado a mucosa).

El Omeprazol ha pasado en poco tiempo de ser una pastilla poco corriente a ser la más recurrida en cualquier botica que se precie. Su promoción, la defensa acérrima de algunos médicos, su aparente aspecto inofensivo, sus recurrentes indicaciones o la vitola que presenta de medicamento eficaz y seguro le han llevado al olimpo de las pociones. Tanto es así que muchos colectivos médicos se han visto obligados a lanzar mensajes que hablan sobre los inconvenientes de abusar de un medicamento, aparentemente inocuo, durante tiempo prolongado. Dolor de cabeza, diarrea, dolor estomacal, náuseas, mareo, dificultad para despertar y pérdida del sueño son algunos de los efectos secundarios más variopintos que se han advertido del Omeprazol, aunque cada vez cobra más fuerza la dificultad de asimilar la vitamina B-12 unida inexorablemente a un dolor óseo y degeneración articular.

Más que un medicamento, una “bomba” para el estómago

Pero, ¿cuál sería su prescripción óptima? Sin lugar a dudas, la medida debe alejarse cuantiosamente del 100% de los pacientes que sufren dolores estomacales. El tratamiento profiláctico de úlceras duodenales o de erosiones gastro-digestivas inducidas por fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINES), en pacientes de riesgo (ancianos, aquellos que hayan sufrido antecedentes de úlceras o tratamiento continuado con AINES), parece que debe de ser el destino del uso de IBPs ya que en estos casos, el exceso de ácido, rompe la barrera de mucosa y produce úlceras. Sin embargo, el Omeprazol llega a estos colectivos que podrían representar el 20% de la sociedad, pero al 80% restante también.   

Antra, Arapride, Aulcer, Belmazol, Ceprandal, Dolintol, Emeproton, Gastrimut, Keithon, Losec, Miol, Novek, Nuclosina, Omapren, Abdrug, Accord, Actavis, Almus, Alter, Amneal, Apotex, Arafarma, Aristo, Asol, Aurobindo, Benel, Bexal, Biotecnet, Chemo, Cinfa, Combino, Combix, Cuve, Davur, Desgen, Domac, EDG, Edigen, Juventus, Genfarma, GES, Kern Pharma, Korhispana, KRKA, Liconsa, Mabo, Mede, Mundogen, Mylan, Normon, Nupral, Onedose, Pensa, Pharmagenus, Pharmakern, Qualigen, Ranbaxy, Ratio, Rubio, Sandoz, Serraclinics, Stada, Sumol, Tarbis, Tecnigen, Teva, Ulcometion, Uqfar, UR, Uxa, Zentiva, Ompranyt, Parizac, Pepticum, Prysma, Ulceral, Uniprax y Zimor. Todos ellos son marcas farmacéuticas o genéricos que envasan la molécula de Omeprazol. Al menos algunas de ellas que comercializan en España.

A la vista salta que el negocio de la “bomba” de inhibidor de protones existe y es un gancho suculento para los Laboratorios que, por la árida competencia y debido al precio de referencia, acaban vendiendo sus productos a precio de ganga.

El precio de referencia

El precio de referencia es el precio máximo que la Administración paga por un medicamento y que es determinado por el Ministerio de Sanidad, que rige Alfonso Alonso, pudiéndose llegar a establecer diferentes precios de referencia según en cada territorio.

Si el fármaco prescrito en la receta no está incluido en los precios de referencia marcados por Sanidad, el fármaco debe ser abonado en su totalidad por el usuario, o bien, aceptar la elección del farmacéutico de un genéricos que tendrá un precio igual o menor al de referencia. Ni que decir tiene que la elección del farmacéutico siempre será la que más le beneficie a los intereses de la Farmacia a la que representa (el medicamento con cuya venta saque mayor rédito), por lo que el proceso de los genéricos sigue siendo un negocio con infinidad de ramas.

Cuando caduca la patente de un fármaco (a los 10 años), los laboratorios piratas envasan algo similar (una composición degradada), de la que se debería estudiar su procedencia. Sanidad incorpora en el mercado farmacéutico el producto, sin tener en cuenta la solvencia del Laboratorio y automáticamente nos encontramos con otro medicamento genérico con precio de referencia. La cuestión es quién, cómo y qué criterio sigue para incluir estos nuevos fármacos en el precio de referencia.

El uso abusivo del Omeprazol

Pero, ¿cuáles son las causas reales de este uso abusivo de un medicamento que se utiliza como la panacea de todos los males?

Cuando se comenzó a comercializar la molécula del Omeprazol en una caja de 18 comprimidos de 40 miligramos rondaba los 30 euros. 20 años más tarde, la misma caja, comercializada por un genérico -no por la marca original-, se establece en un precio ínfimamente superior al de un euro. ¿Cómo es posible tal rebaja del precio de lo que antes era considerado un lujo médico? La cúpula médica de la gastroenterología parece tenerlo claro: “A costa de no respetar los parámetros de envasado”.

El proceso de elaboración de las cápsulas de Omeprazol es complicado debido a que se trata de una molécula higroscópica (absorbe la humedad y por lo tanto puede llegar a degradarse). Los laboratorios deben estar altamente protegidos mediante las medidas de esterilización y de asepsia necesarias. Si una molécula de Omeprazol se degrada, su efecto real puede pasar de los 20 miligramos comercializados a tan sólo 2 miligramos. Esta treta rastrera, y que atenta contra la salud del paciente, es la más utilizada por los laboratorios de genéricos, al suprimir la calidad en la elaboración de los fármacos y en su embalaje utilizando blísteres, cajas y cartonajes de menor coste.

Un modo de acabar para siempre con la plaga de los genéricos peligrosos sería los controles de bioequivalencia, unos controles que determinan si el genérico lleva exactamente la misma composición que el original y que, por lo tanto, funciona del mismo modo. Desgraciadamente, este seguimiento brilla por su ausencia.

El sistema actual es mucho más zarrapastroso. Los Laboratorios realizan prospecciones farmacológicas en países de medio y extremo oriente como Pakistán, India o China. Desde allí envían a España paquetes con decenas de miles de cajas de Omeprazol y se bautizan con el nombre del Laboratorio nacional.

El Gobierno, mirando hacia otro lado

Es aquí cuando entra en juego el Gobierno central a través del Ministerio de Sanidad. La política de medicamentos genéricos llevada a cabo por el Estado es completamente errónea y lleva a causar un importante perjuicio tanto a los pacientes como al sistema sanitario español con la única pretensión de buscar la solución más barata y conseguir aumentar el presupuesto para el gasto farmacéutico.

Hace ya más de 18 años (1997), desde la implantación de las especialidades farmacéuticas genéricas (EFG´s) en el mercado nacional. La mala ejecución del Gobierno puede conducir esta situación hacia el desastre empresarial y económico para los intereses sectoriales y para el control del gasto farmacéutico en nuestro país. Un panorama de gravedad heredado de la prolongación de una política que es obviamente equivocada, ineficaz y contraria a los intereses del sector de medicamentos genéricos, del Estado y de los ciudadanos.

Todo ello unido a las órdenes que rigen a algunos médicos especialistas y que les impiden recetar marcas originales, algo que desemboca en el no siempre justificado uso de genéricos.

Un pasado dorado

Desde la entrada de las especialidades farmacéuticas genéricas (EFG´s), en el mercado nacional varias cosas han cambiado: han dejado de promocionarse las grandes marcas que elaboraban el Omeprazol, se han abandonado las reuniones médicas que versaban sobre el medicamento y se han dejado de gastar enormes cantidades de dinero público en convenciones acerca del protector gástrico. A la pregunta de dónde se sacaba todo este dinero, la respuesta de médicos especialistas parece unánime: “Del Omeprazol”.

Este medicamentose ha servido durante dos décadas como el elixir sanalotodo y se ha prescrito a ritmo de churros. Sin embargo, sus efectos no son tales y existe gran parte de desinformación en el caso: “Todo el mundo toma omeprazol pensando que así puede tomar lo que sea. Pero el omeprazol no es un protector de ácido sino un inhibidor de ácido que evita heridas en el tracto digestivo. No es una buena idea tomar omeprazol durante un tiempo prolongado porque se produce una reducción de la acidez peligrosa ya que el ácido es una barrera que evita infecciones, por ejemplo, de bacterias que pueden colonizar el intestino”.

Ensambla cono espada en su vaina el viejo aforismo del doctor Karl Schwarz pronunciado en 1910 y que rezaba que “sin ácido no hay úlcera”.

La conclusión parece clara: los laboratorios realizaron múltiples estudios -pagados con dinero público- acerca de la incidencia de las hemorragias digestivas con y sin omeprazol y los estudios concluyeron que había menor incidencia con el uso de IBPs. De este modo se adoptó la medida de gastroprotección con inhibidores de la bomba de protones.

Un presente esquilmado

El Gobierno se encontró hechos consumados de que los pacientes quieren protector gástrico ya que están acostumbrados a ello. Debido a que la prescripción de las marcas originales del Omeprazol ocasionaba unos gastos insostenibles, lo que hizo la Sanidad pública fue recortarlos, a través del precio de referencia, en detrimento de su calidad hasta llegar a los precios irrisorios que hoy en día encontramos. Las soluciones adoptadas por las marcas originales ante una situación tan extendida de competencia se reducen a fabricar el medicamento y exportarlo en condiciones paupérrimas o bien a vender, directamente, una patente que ya no genera beneficios.

El Omeprazol es un buen fármaco que en sus inicios era elaborado por AstraZeneca. Por aquel entonces resultaba costoso para la Sanidad pública al no contar con el acicate de los precios de referencia. Ahora, en el momento de su paso a genérico -casi 10 años más tarde-, todavía se podrían beneficiar todas las partes del proceso, incluidos los Laboratorios, de sus propiedades y seguir produciendo el omeprazol en una cadena favorable a todos.

Sin embargo, la caducidad de la patente llevó a los Laboratorios a producir productos similares (los llamados prazoles), a través del cambio de uno o dos radicales de la fórmula del omeprazol como el pantoprazol (Pfizer), el lansoprazol (Merck), el rabeprazol (Janssen Cilag) y esomeprazol (AstraZeneca, en segunda instancia), que no dejan de ser formas similares al omeprazol en cuanto a efectividad pero que sí mantienen los primeros precios elevados del original, por lo que las grandes multinacionales no se han rendido a la hora de intentar seguir cogiendo el cacho más grande del pastel de los inhibidores de la bomba de protones.

No obstante, el círculo se va agotando y muchos de los Laboratorios ya han decidido que no investigarán más al respecto ni que sacarán más prazoles al mercado, cuando los actuales alcancen los insignificantes precios de referencia.

¿Cuál es, entonces, el futuro que le espera a nuestros estómagos al confiar su salud a fármacos de dudosa calidad y elaboración? Confiar en el placebo.