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El triunfo de la voluntad

Octubre 18, 2012

En 1978, un año después de las primeras elecciones libres celebradas en España, Miguel Delibes publicaba su novela de mayor acidez política. ‘El disputado voto del señor Cayo’ ponía de relieve las opciones políticas de la transición y la importancia capital de cada papeleta depositada en las urnas. 35 años más tarde y con toda una historia democrática sobre sus espaladas, España delega en Galicia y País Vasco ahora -y en Cataluña más tarde-, la competencia raíz y base de su construcción identitaria. El derecho a decidir sobre su futuro. Un privilegio tan propio y tan necesario que tan solo la idea de adulterar el proceso con recetas milagrosas y fórmulas de independencia hace fibrilar. Máxime en un momento extremadamente virulento en el que todos debemos que -y tenemos que- remar hacia la misma orilla para desembarcar en tierra firme. Vote con moderación, pero vote. En boca del ex presidente norteamericano Theodore Roosevelt, “en cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada”.

Así, la próxima semana Galicia tendrá un presidente electo. Un líder que esperemos guíe al pueblo con aplomo y sabiduría durante los próximos cuatro años. Las informaciones que inundarán el papel -sepia y cuché- de los boletines de la mañana del lunes 22 ya no ilustrarán propuestas y acusaciones, sino una realidad patente: la crónica de una victoria. Un resultado que habrá escogido Galicia y el triunfo de su voluntad. Leni Riefenstahl acudió a esa expresión en 1935 para titular un largometraje comprado de propaganda nacionalsocialista. Galicia lo empleará ahora como garante de libertad y saber hacer. Como lema del poder de un pueblo que es dueño y señor de su destino. 

Dos días vista

Dentro ya de la actualidad electoral, el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo aprovechó el último Consello de la Xunta anterior a las elecciones para sacar pecho de la gestión ejecutada desde San Caetano en los últimos cuatro años. En primer término, el candidato popular defendió la política fiscal, aquella que dice que Galicia “es la comunidad más solvente” en el contexto nacional. En cuanto a cifras, Feijóo sacó el ábaco de la Xunta y contabilizó que desde agosto se formalizaron 20.837 pagos –dispendios que se sufragan “en el entorno de 45 días”– y un desembolso de 1.486 millones de euros, o lo que es lo mismo “el 2,6 por ciento del PIB” de la comunidad. Tras el repaso a la economía, Feijóo abordó otro tema de gran sensibilidad para Galicia, los incendios forestales. Respecto a este punto, el presidente subrayó una reducción del 20% de fuegos registrados en los últimos cuatro años respecto al periodo comandado por el bipartito, lo que se tradujo en una diferencia de 90.000 hectáreas quemadas.

La educación a escena

El autobús socialista arribó a Ares para desarrollar uno de sus últimos mítines. El aspirante socialista, que continúa defendiendo a capa y espada el estilo francés de impuesto a grandes patrimonios y subida de tasas a los que más tienen, exhortó al pueblo gallego para que pase a la acción el próximo domingo. “Las manifestaciones de hoy están muy bien, pero si el domingo no se va a votar no sirven de nada”, reconoció acerca de las protestas contra los recortes en educación. Acompañado del presidente de Asturias, Javier Fernández, -que vaticinó tras los comicios una similitud política entre Galicia y el Principado- Vázquez cargó las tintas contra las políticas del Partido Popular que ponen en duda –dijo- el estado de bienestar.    

Aprovechando el tirón mediático de la educación, el líder socialista, Franciso Jorquera, blandió una amplia batería de propuestas destinadas a la enseñanza. Entre ellas destacó un mayor gasto en educación, aumentar los fondos dedicados a la enseñanza universitaria, la celebérrima retirada de conciertos a los colegios que segreguen por sexos, gratuidad en los libros de texto y reponer las plazas del profesorado “que fue eliminando el PP”. Como no podía ser de otro modo, el decreto lingüístico salió a la palestra para ser criticado como la “desgaleguización de la enseñanza”. Unido a esta serie de recortes, Jorquera volvió sobre la idea de la indisolubilidad del Gobierno Central y el Gobierno Autonómico. De este último aseguró que actúa como emisario del primero respecto a lo que definió como “brutales recortes”.

En un final de campaña trepidante, Xosé Manuel Beiras volvió a llenar un auditorio más. En este caso el de la sala Capitol de Santiago de Compostela. Todavía azotado por una parte de la opinión pública tras el exabrupto que profirió contra Alberto Núñez Feijóo, el líder de AGE apeló nuevamente a la oportunidad de acabar con el gobierno popular: “no nos representan, son sicarios, hay que desalojarlos”. El punto hilarante de la noche lo puso el alcalde de Teo, Martiño Noriega, quien animó al respetable a quitarse su zapato y alzarlo al viento –en claro tributo al incidente de 1993 en el cual el propio Beiras golpeó su escaño del Parlamento con su zapato para mostrar su descontento-. Martiño Noriega apostilló, “pues eso, queda inaugurado el ejército zapatista gallego”.  

Jesús Prieto