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Esta frase la pronunció años atrás por no conseguir saber dónde estaba don Juan Carlos un día en el que ella esperaba la llegada a almorzar de su querida prima la princesa Tatiana Radziwill

El temple de la reina doña Sofía: “El rey es el rey y yo no tengo nada que apostillarle

Septiembre 29, 2013

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La reina nunca ha querido buscar a sus amigos fuera de su exclusivo, íntimo y leal grupo familiar, hecho que sin embargo la nobleza no parece perdonarle en España aventando su queja de que no haya buscado nunca una amiga entre sus filas
No están los ánimos para fiestas y saraos, y por eso mismo doña Sofía habrá decidido no asistir a la aristocrática boda de su ahijada la condesa Sophie de Schönburg-Glauchau, hija de su prima en segundo grado la princesa María Luisa de Prusia y de ese famoso conde Rudi que desde hace décadas es la figura señera del Marbella Club

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A punto de cumplir unos todavía jóvenes 75 años el próximo 2 de noviembre, la reina doña Sofía parece haberse puesto a la cabeza de la familia real en estos días como ejemplo a seguir de buen hacer y de comportamiento impecable. Y es que habiendo sido educada en un hogar regido por la cordialidad y por los vínculos de afecto, doña Sofía recibió de sus padres y de sus pares, todos sus tíos y primos de la extensa red de realeza europea en la que se encuentra inserta, un concepto de la realeza que consigue pasar por encima de las emociones y de las necesidades personales.

Solamente el año pasado, y tras el accidente del rey en Botsuana, la vimos perder los papeles en público por primera vez pues hasta en el ámbito privado se ha mantenido siempre en el lugar de alta representación que considera que le corresponde como reina. De ellos nos daba cuenta años atrás el difunto Sabino Fernández Campo, al relatarnos como una vez vio a la reina agitada y molesta en Zarzuela por no conseguir saber dónde estaba don Juan Carlos un día en el que ella esperaba la llegada a almorzar de su querida prima la princesa Tatiana Radziwill y de su esposo el doctor Jean Fruchaud. Aquel día, cuando don Sabino decidió al final ponerse de su parte al notar su agitación, doña Sofía tardó solamente dos segundos en recolocarse en su papel devolviéndole un estentóreo: “Pero que digo, el rey es el rey y yo no tengo nada que apostillarle”.

Ni una sola palabra fuera de tono y máxima discreción

Doña Sofía nunca ha querido buscar a sus amigos fuera de su exclusivo, íntimo y leal grupo familiar, hecho que sin embargo la nobleza no parece perdonarle en España aventando su queja de que la reina de España no haya buscado nunca una amiga entre sus filas. Por ello doña Sofía aún continúa manteniendo la sólida amistad que desde siempre la une a sus más cercanos, que respetan el pie de la letra la máxima que ella les ha impuesto de discreción absoluta. Ni una entrevista ni un solo comentario sobre su persona o sobre la familia real española sale de los labios de esas personas que son sus más importantes apoyos: su hermana doña Irene, su prima Tatiana y su esposo, y ese otro primo que es el príncipe historiador y literato Miguel de Grecia.

Y eso es así especialmente en estos momentos en los que la familia real ha decidido cerrar filas en la medida de lo posible para hacer frente a las dificultades. Son tiempos de austeridad y de dar ejemplo, no están los ánimos para fiestas y saraos, y por eso mismo doña Sofía habrá decidido no asistir a la aristocrática boda de su ahijada la condesa Sophie de Schönburg-Glauchau, hija de su prima en segundo grado la princesa María Luisa de Prusia y de ese famoso conde Rudi que desde hace décadas es la figura señera del Marbella Club.

La boda se celebró hace una semana en Ronda, con los novios acompañados por un coro rociero camino del ayuntamiento para después continuar la fiesta con sabor andaluz en una finca privada. La novia, en cuyo bautizo estuvo presente doña Sofía en 1979, ha trabajado en los departamentos de comunicación de importantes empresas como Lladró y Escada en ciudades como Nueva York, París y Londres, y trabaja como directora de división de CuldeSac Experiencia en Valencia, ciudad de origen del novio, Carles Andreu y Alacreu, que es propietario de la firma de diseño Yonoh Estudio Creativo.

Siempre al pie del cañón

A diferencia de don Juan Carlos, que con el pasar de los años ha ido alejándose de la mayoría de su familia extendida (actitud que le genera ciertas críticas entre algunos de sus parientes), doña Sofía continúa alimentando sus vínculos familiares con encuentros con muchos de los suyos tanto en Londres como en otros lugares de la geografía europea, pues el año pasado no faltó al 90 cumpleaños de su primo el rey Miguel de Rumania en Bucarest, hace meses pasó unos días en Grecia en compañía de su otro primo el príncipe Miguel de Grecia, y este verano no quiso faltar al funeral por el landgrave Mauricio de Hesse.

Por ello, y a pesar de no haber querido asistir a la boda de esta ahijada española con la que apenas mantiene contacto, la madre de la novia, la princesa María Luisa de Prusia, siempre tiene las mejores palabras para doña Sofía a quien dice que no ve tanto como quisiera pero de quien recibe ayuda siempre que lo necesita para apoyar a la Fundación que preside para la lucha contra el SIDA.

Ricardo Mateos