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El temor a un proceso como el de la infanta Cristina se expande entre la realeza europea: el nieto de la reina Isabel de Inglaterra renuncia a su cargo en una organización por “conflicto de intereses”

Febrero 15, 2016
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El calvario, acaso merecido, por el que pasa la infanta Cristina y que se avecina ciertamente largo no deja incólume a sus primos de la realeza europea, que, en tiempos de dificultades en todo el continente y con la prensa siempre observante, toman buena nota y afinan el lápiz para no provocar problemas que, hasta el momento, siempre han podido eludir actuando de manera bien distinta a esa estricta pulcritud que guía al rey Felipe en relación con el caso Nóos. Ahí están los oscuros casos de tráfico de influencias y de aprovechamiento de la dignidad real o semi real para hacer negocios lucrativos en beneficio propio que en años pasados ya salpicaron fuertemente a algunos como Sarah Ferguson, su ex esposo el príncipe Andrés, la princesa heredera Victoria de Suecia o el príncipe Laurent de Bélgica. Sabemos que el caso de doña Cristina, aunque muy delicado, ha sido y es objeto de conversación en tan altos círculos y es de suponer que algunos de los primos reales se interesasen por el ánimo de doña Sofía y de toda la familia real española cuando hace tan sólo unas semanas la reina emérita viajó a Luxemburgo para participar en el 90 cumpleaños del príncipe Juan de Luxemburgo, padre del actual gran duque Enrique.

Como en toda familia extendida en este gran clan real europeo, las preocupaciones también son compartidas y, mientras se espera el incógnito desenlace del caso Nóos, en Bruselas el rey Felipe se ocupó días atrás en dejar zanjado para siempre el molesto asunto de la polémica herencia de la reina Fabiola. Ahora le toca a la Gran Bretaña en un año especialmente señalado en el que se cuida con el mayor cuidado el ceremonial que conmemorará los 90 años de la reina Isabel convertida ya en la soberana de reinado más longevo en la historia de Inglaterra. Conviene que nada ensucie esta nueva apoteosis de la monarquía entre las monarquías, y por ello la pasada semana se anunciaba que el pasado noviembre Master Peter Phillips, hijo de la princesa Ana y nieto de la reina Isabel, renunciaba de forma fulgurante y sorpresiva a su posición de miembro de la comisión encargada de organizar la gran fiesta popular en honor de su abuela por un evidente “conflicto de intereses”.

Un negocio cerrado en el palacio de Buckingham

Peter Phillips tuvo la idea inicial de organizar una macro fiesta popular en el Mall de Londres, frente al palacio de Buckingham, para clausurar el fin de semana de ceremonias en honor de su abuela y para ello creó una organización de tipo caritativo y sin ánimo de lucro, el Patron’s Fund, uno de cuyos tres cargos directivos recayó lógicamente en él. Posteriormente, el Patron’s Fund concedió el contrato de la organización del evento a la empresa privada australiana de la que Peter es director y que se dedica a la organización de eventos. Un contrato por una suma que no se ha revelado, quedando el resto de los ingresos destinados, como estaba previsto, a las distintas organizaciones asistenciales -son 600-, invitadas a participar activamente, por ser instituciones de tipo caritativo y social que están bajo el patronazgo de la reina Isabel y que van desde la investigación del cáncer a la protección de los perros. La empresa de Peter Phillips, Sport and Entertainment UK Ltd., entre cuyos clientes se encuentran su propia hermana Zara, procedió así a cobrar 150 libras esterlinas por cabeza a cada uno de los asistentes al picnic con fines benéficos previsto para el 12 de junio, al que se espera que asistan al menos la reina Isabel, el duque de Edimburgo, y los príncipes William y Harry, y que será el colofón del fin de semana de celebraciones por el cumpleaños de la reina.

Pero pronto se elevaron las voces que hablaron de conflicto de intereses dado que no parece que hubiese concurso público alguno para la concesión de la organización y que Phillips habría conseguido que la decisión se aprobase a puerta cerrada en el palacio de Buckingham que sería así conocedor de que la empresa del nieto de la reina sería la encargada del evento. El delicado asunto saltó el pasado noviembre cuando Phillips decidió abandonar su cargo en el Patron’s Fund, pero solamente ha llegado a la prensa en días pasados y, en respuesta a las críticas a su persona y al alto precio de las entradas a la fiesta, Phillips ha declarado que este es un evento sin ánimo de lucro y la compañía SEL recibe un monto fijo para dar forma a la celebración. Así mismo, ha enfatizado que su intención era abandonar el Patron’s Fund una vez que la organización estuviese bien avanzada, para evitar lo que podría parecer un claro conflicto de intereses pero lo cierto es que aún continúa en el cargo con carácter interino mientras se le busca un sustituto cuya identidad aún no se conoce.

Sarah Ferguson se instala en Suiza para evitar la fiscalidad británica

La realeza, incluso la inglesa, está ya bajo el fino escrutinio de la prensa siendo difícil para todos establecer cuáles son las finas líneas que separan el rol público del privado, y hasta donde la pertenencia al clan es un magnífico reclamo para pingües negocios. Quizá por eso, y por querer salir de la escena mediática que tanto la ha perseguido y que no ha dejado de airear todos sus numerosos desaciertos, la tía de Peter Phillips, la ex duquesa de York, Sarah Ferguson, anuncia ahora que se ha decidido a solicitar la residencia en Suiza para poder instalarse en el suntuoso chalet que lleva por nombre “Helora” que ella y su ex marido el príncipe Andrés poseen en conjunto en la lujosa localidad de esquí de Verbier. Y es que ella afirma que allí, en tan hermoso entorno alpino, ha encontrado una energía positiva que me permite enfocarme en mis nuevas actividades filantrópicas. He venido regularmente de vacaciones a Verbier, a donde mi familia me ha seguido durante años. Aquí nos sentimos libres y felices; nos sentimos en casa. Yo lo llamo mi hogar”.

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Sarah Ferguson

Pero es sabido que la derrochadora ex duquesa lleva años acosada por sus deudas millonarias habiendo tenido que salir en su rescate en numerosas ocasiones el príncipe Andrés, gracias a quien ha conseguido poder vivir gratis estos últimos años en el Royal Lodge del castillo de Windsor. Por ello, no es de extrañar que tan etéreos motivos tengan más que ver con una clara necesidad de Sara de evitar los altos gravámenes de la fiscalidad británica, teniendo en cuenta el régimen fiscal especial del que gozan los extranjeros residentes en Suiza.

Ricardo Mateos