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Televisión Española prefirió no retransmitir la ceremonia aduciendo las dificultades que presentaba el idioma

El solemne funeral por Fabiola opaca a los gemelos monegascos

Diciembre 16, 2014

La embajada de Bélgica en Madrid abrió un libro de firmas acercándose hasta allí algunos ciudadanos que fueron saludados por el propio embajador

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Muchos años han pasado desde la última vez que pudimos asistir a una reunión tan impresionante del Gotha como la que se dio cita el pasado viernes con ocasión del funeral por la reina Fabiola en la misma Catedral de Santa Gúdula en la que se casó en 1960. Una ceremonia majestuosa envuelta en la lluvia y marcada por la solemnidad, los lutos, y la sobriedad que han dejado manifiesto el gran pesar de la familia real belga que nos ha dejado imágenes muy emotivas como el llanto del pequeño príncipe Gabriel o las palabras de la adolescente princesa heredera Elisabeth. Todo un gran acontecimiento envuelto en flores, músicas (Bach, Mozart), cantos del prestigioso Will Tura, y hasta una emotiva salve rociera a cargo de unos emigrantes andaluces radicados en Vilvoorde, que acompañada de castañuelas españolas tocadas por Blanca Escrivá de Romaní y Mora, marquesa de Ahumada y sobrina de la difunta, levantó el fatigado ánimo del rey Juan Carlos (que coreó el “olé, olé, olé olé olé!”) y llevó lágrimas a los ojos de la sensible reina Matilde de Bélgica.

Y todo ello en presencia de un masivo aforo de altezas imperiales y reales que da idea de la alta estima en la que la difunta reina de origen español era tenida por sus pares, pues hasta la delicada emperatriz Michiko del Japón atravesó medio mundo en lo que ha sido su segundo viaje en solitario al extranjero. Lugar preferente, sin embargo, para los reyes don Juan Carlos y doña Sofía, que la víspera compartieron con los deudos la vigilia privada que tuvo lugar en el palacio real de Bruselas en presencia de la familia real belga y de la familia real de Luxemburgo al completo, incluido el anciano gran duque Jean. Un gesto loable de los reyes eméritos para esta española cuya muerte ha convocado a los reyes de Suecia (recién llegados de la brillante entrega de los Premios Nobel), la reina Margarita de Dinamarca, el rey Harald de Noruega y si hermana la princesa Astrid, el príncipe Hans Adam de Liechtenstein, la princesa Beatriz de Holanda, la princesa Sirindhorn de Tailandia, el príncipe Moulay Rachid de Marruecos, representaciones de las familias reales de Qatar y Kuwait, el rey Fouad de Egipto, el archiduque Karl de Austria, el duque Franz de Baviera, los duques de Braganza, el príncipe Victor Manuel de Saboya (muy avejentado), los duques de Angulema, los duques de Castro, la princesa Hélène de Orleans, el gran duque Jorge de Rusia, y un largo etcétera de archiduques de Austria y de representantes de la nobleza belga. 

Ausencias reales muy llamativas

Muy a destacar la presencia de la emperatriz Farah de Irán, siempre arropada por su regios amigos europeos, y también la ausencia de los reyes Simeón de Bulgaria y Constantino de Grecia, de las casas reales de Rumania, de Serbia, y de Jordania, de la princesa Carolina de Mónaco, y de los príncipes Napoleón parientes tan cercanos de los reyes de Bélgica. Pero si algo ha levantado enormes críticas en muchos foros es la ausencia total de representación de la familia real británica, que para muchos es un desaire innecesario para sus primos belgas, especialmente habida cuenta de que la reina Isabel se encontraba pasando unos días en su palacio de Balmoral, y el príncipe de Gales y los duques de Cambridge no tenían compromisos oficiales a pesar de que desde Londres se ha esgrimido problemas de agenda.

Por el contrario allí estaban muchos de los numerosos parientes españoles de Fabiola, como su cuñada la marquesa viuda de Casa Riera, sus sobrinos los condes de Sástago, los condes de Vallfogona, o Cristina Ruiz de Ojeda y Silva, esposa del conde belga Luis de Looz und Corswarem, que en los últimos meses viajaron constantemente a Bélgica para atenderla y probablemente serán ahora los herederos de la villa de Motril que fue propiedad del rey Balduino en la provincia de Málaga y de los numerosos bienes que la reina deja en tierras de Navarra como herencia de sus padres. Televisión Española prefirió no retransmitir la ceremonia aduciendo las dificultades que presentaba el idioma, pero la embajada de Bélgica en Madrid abrió un libro de firmas acercándose hasta allí algunos ciudadanos que fueron saludados por el propio embajador. 

La presentación oficial de los gemelos monegascos, en Enero

Mientras, en Mónaco el nacimiento de los hijos de los príncipes Alberto y Charlene era muy celebrado con gran alegría localmente pero quedaba opacado por el masivo desplazamiento de realezas a Bruselas. Así, una vez más, los Mónaco han quedado relegados a ese segundo plano en el que siempre han gravitado por su gusto por la opereta, aunque el príncipe Alberto ya cuenta con el ansiado sucesor que, declarado marqués de Baux desde el momento de su nacimiento, ha recibido el nombre de Jacques en honor de aquel duque de Estouteville que en el siglo XVII casó con la última heredera de los Grimaldi.

Él será el próximo príncipe soberano, desplazando a su vez a los peculiares hermanos Casiraghi, al tiempo que su hermana gemela, la princesa Gabriela, cuenta ya con el título de condesa de Carladés (en Auvernia), y ya se sabe que ambos serán presentados públicamente a los ciudadanos el próximo 7 de enero.

Ricardo Mateos
ricardomateos@extraconfidencial.com