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La Cámara Alta en horas bajas ante las acusaciones de inutilidad y mal funcionamiento

El Senado gasta más de 500.000 euros en reformar su cocina a menos de un mes para las elecciones generales

Noviembre 4, 2011

Las obras también afectan a los vestuarios de su sede

Según varios analistas políticos la supresión de esta institución podría suponer un ahorro de hasta 3.500 millones de euros


Con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina que renovarán los escaños en las cámaras desde las que se rigen los destinos de España, el Senado anuncia de repente que tiene que hacer obras en la cocina y los vestuarios de su sede. Para tal fin, la Cámara Alta va a invertir 535.848 euros.

El anuncio está fechado el 20 de octubre, justo un mes antes de los comicios que, como dicen todas las encuestas, darán un vuelco en el organigrama político del país, por lo que resulta curioso que sea precisamente en estos momentos cuando sus señorías, con el presidente, Javier Rojo, a la cabeza, se pongan a pensar que tienen la casa patas arriba y que hay que rehabilitarla, sin olvidar el derroche económico que conlleva la reforma.

Por otro lado, son varias las voces desde distintas formaciones políticas y desde hace años que abogan por suprimir el Senado, en general por su escasa utilidad y mal funcionamiento. Sin ir más lejos, Moisés Broggi, médico centenario y candidato a la Cámara Alta por Esquerra Republicana en las próximas elecciones generales del 20-N, comentó recientemente que el Senado “no sirve para nada porque incumple sus funciones y, en lugar de representar a las provincias y comunidades autónomas, se ha convertido en el destino de unos cuantos enchufados”. A su juicio, la situación actual del Senado es culpa de los partidos políticos, y tendría sentido si tuviera atribuciones reales y sirviera para defender los territorios que forman España.

A pesar de que el Senado es la institución creada para defender los intereses autonómicos, los partidos nacionalistas tienen mucho más peso en el Congreso. En la actual Legislatura, 228 de los 264 senadores son de formaciones de ámbito nacional, y se los reparten entre Partido Popular (123) y Partido Socialista (105), y apenas 36 son de agrupaciones que defienden intereses independentistas o regionalistas.

Gaspar Llamazares, cabeza de lista de Izquierda Unida al Congreso por Asturias, afirmó hace pocas fechas que “si hay algo inútil en este país es el Senado”, y que antes de reducir el número de diputados, como pretende el PP, debería revisarse el funcionamiento de la Cámara Alta.

Según varios analistas políticos, la eliminación del Senado le ahorraría 3.500 millones de euros al año a las arcas públicas. Países como Noruega, Dinamarca o Suecia no cuentan en sus estructuras estatales con este organismo, en Alemania sólo tienen 100 senadores y los Estados Unidos uno por cada estado. Voces autorizadas del derecho constitucional e internacional como el francés Maurice Duverger o el alemán Georg Jellinek opinan en sus tratados que es una cámara absolutamente innecesaria.

Por otro lado, el presidente del Senado cobra una remuneración mensual de 11.197,49 euros, al unir su sueldo como senador (2.918,67 euros) con los complementos de presidente de la Mesa de la Cámara (3.365,66) y presidente de Mesa (4.913,16), según datos facilitados recientemente por el propio Senado. Todos los senadores cobran un salario mensual de 2.918,67 euros, al que en el caso de los vicepresidentes de la Cámara hay que unir, como en el caso del presidente, la asignación como vicepresidente de Mesa de 1.283,14 euros y el complemento como vicepresidente de Mesa de 2.907,85 euros, lo que hace un total 7.109,66 euros mensuales. En lo que respecta a los secretarios de la Mesa, suman a sus ingresos como senadores la asignación como secretario de Mesa, de 1.001,91 euros, y el complemento por el mismo concepto, de 2.672,20 euros.

El escándalo de las lenguas cooficiales

Otro de los estrambóticos asuntos que colocan al Senado en el punto de mira es de la utilización de las lenguas cooficiales de las comunidades autónomas en sus sesiones. Según la propia Cámara Alta, el coste de cada sesión con traducción simultánea, vigente desde el pasado enero, es de 12.000 euros. El Senado alega que no supone un desembolso adicional porque su presupuesto fue reorganizado para tal fin. El coste extra, dijeron entonces, se limitó a los 4.500 euros de los 400 auriculares que adquirieron para sus señorías. Además, los siete intérpretes que fueron contratados para traducir el euskera, catalán, valenciano y gallego al castellano cobran más de 500 euros por sesión. Asimismo, cada intervención tiene que transcribirse en las lenguas oficiales en el diario de sesiones. En total, el Senado ha dedicado en su presupuesto de 2011 hasta 350.000 euros para que todo esto se haga realidad

 

El día que se celebró la primera sesión multi-lingüista, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, señaló que “las lenguas en que muchas de sus señorías se expresan a diario encuentran hoy un nuevo espacio en la Cámara que está llamada por definición a reflejar la pluralidad territorial. Son todas ellas lenguas españolas, como reconoce la Constitución”. Por su parte, Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz parlamentaria del Partido Popular, afirmó entonces que “hay otras formas mejores de gastarse el dinero” que en la adaptación del Senado al empleo de las lenguas cooficiales cuando hay una lengua común.

Juan Carlos Rodríguez, de la consultora Analistas Socio-Políticos, aclara que esta iniciativa del Senado “es el símbolo de un país que no tiene claras sus prioridades y no sabe cómo resolver su integración”. Según Rodríguez, “cualquiera que viaje a Cataluña, Galicia, País Vasco o la Comunidad Valenciana podrá comunicarse en castellano sin inconvenientes ni necesidad de traductores”. En su opinión, “la sociedad es mucho más libre y de acomodación recíproca que la clase política, que plantea las cosas mucho más en términos de blancos y negros”.

Otro de los lujos innecesarios que se le atribuyen al Senado es su famosa piscina cubierta, sobre la que se lleva especulando décadas. Para las autoridades parlamentarias se trata de un aljibe contra incendios, aunque, al parecer, tiene agua climatizada, piedra berroqueña y luces perimetrales. Las hemerotecas cuentan que cuando fue construida, en 1990, ningún grupo de la Cámara se opuso a la obra. El edificio también cuenta con sauna y gimnasio con vestuarios para el esparcimiento de sus señorías.

Daniel Leguina