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El secreto de la empresa británica de reparto de comida a domicilio Deliveroo para aumentar un 1.000% su beneficio en el último año: falsos autónomos, repartidores en la carretera sin seguro, jornadas enteras sin pagar y acuerdos verbales incumplidos

Julio 12, 2017
Deliveroo

Los datos esgrimidos por las estadísticas de Empleo siempre dejan lecturas ambivalentes. Es lo que ocurre con el caso de España y con los datos que ha publicado la Oficina Europea Estadística, el Eurostat. Por un lado, España sigue siendo el país de la Unión Europea con mayor cifra de parados en términos absolutos, al representar el 20,8% de los 19,11 millones de desempleados en la UE y el 26,5% de los 15,034 millones de la zona euro. Sin embargo, el pasado mes de mayo, nuestro país conseguía la mayor bajada interanual del paro europeo al descender del 20,2% al 17,7%.

La ecuación se complica cuando nos preguntamos con que tipo de empleo se consigue esta bajada del paro. Máxime si nos centramos en la juventud española de la que cuatro de cada diez menores de 25 años se encuentra sin trabajo. Hay poco trabajo para los jóvenes y el que hay es temporal (57%), a tiempo parcial (el 55% de los empleados menores de 35) y precario (los menores de 25 años cobran la mitad que los mayores de esa edad).

Todas estas características las tiene un nuevo modelo de negocio que ha revolucionado el ocio doméstico: los repartidores de comida de restaurantes a domicilio, también llamados riders (en inglés, jinetes). Suelen ser jóvenes, de menos de 35 años, sus trabajos destacan por la temporalidad, no más que unos meses, a tiempo parcial, solo por unas horas, y con unos sueldos ínfimos,  que difícilmente alcanzan la mitad del salario mínimo interprofesional, actualmente tasado en 707,6 euros.

Es lo que ocurre en Deliveroo, empresa británica de entrega rápida de comida, con operaciones en Reino Unido, Países Bajos, Francia, Alemania, Bélgica, Irlanda, España, Italia, Australia, Singapur, Dubai, y Hong Kong. Con apenas 4 años de historia -fue fundada en Londres en 2013 por Will Shu y Greg Orlowski– ha sido capaz de conquistar todos estos mercados,  ganar 130 millones de libras en 2016 (145 millones de euros) y con un aumento del 1.000% con respecto a 2015. Todo un éxito que se ha visto refrendado con nuevas rondas de financiación en la que no faltan inversores interesados. Demasiado para una empresa emergente o start up. Pero todo esto lo ha conseguido adoptando una estrategia que comienza a levantarse en su contra, la explotación laboral de sus empleados o  riders.

Explotación laboral de sus trabajadores

Hasta principios de junio, Deliveroo garantizaba a sus riders en bicicleta 85 euros, y a aquellos que iban en moto, 90, lo que representa salarios mensuales paupérrimos de 340 y 360 euros. Los repartos se pagan a 4 euros si es en bicicleta y a 4,25 si es en moto. Esto se conseguía blindando las horas trabajadas lo equivalente a dos entregas. O lo que es lo mismo: si los riders no tenían encargos durante su turno y trabajaban 4 horas, al menos se iban a casa con 8 euros en el bolsillo, pero según el nuevo contrato que quiere firmar Deliveroo, en una mala semana, un rider puede encontrarse en la tesitura de haber trabajado todos los días y ganado 0 euros.

A esta ecuación hay que añadir varios inconvenientes extra. Para empezar, Deliveroo utiliza con sus riders la figura de los falsos autónomos; es decir, obliga a sus trabajadores a darse de alta en autónomos como si fueran trabajadores por cuenta propia, para luego trabajar como empleados por cuenta ajena, asalariados, pero sin disfrutar de ninguna de las ventajas de este modelo (ni vacaciones, ni días de asuntos propios, ni seguridad social, sin derecho a paro), además del evidente coste insufragable para un trabajador que está pagando como mínimo 267,03 euros al mes por la cuota de autónomos, por mucha tarifa plana que nos quiera vender la clase política. Otro trastorno es que Deliveroo no paga semanalmente, sino quincenalmente, lo que supone, a veces, una traba al dinero rápido que buscan los empleados de este tipo de trabajos a tiempo parcial.

 Además, las bicicletas o motocicletas no son habilitadas por la empresa, como mucho se facilita un régimen de alquiler de bicicletas eléctricas a través de algunos puntos de encuentro de los repartidores en las grandes ciudades en las que opera la compañía (Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza). Como no podía ser de otro modo, para completar el ejemplo perfecto del trabajo precario, no existe seguro. Por lo que cada semana se dan casos de accidentes en los que los afectados pueden sufrir lesiones que les impidan trabajar (lo que da situaciones de baja sin cobrar un euro) e incluso pueden llegar a ser demandados sin ningún amparo laboral, profesional o legal.

La huelga como salvación

Todas estas situaciones han llevado a los riders a manifestarse a través de una gran huelga convocada por la Confederación General de Trabajo (CGT), que comenzaba el pasado domingo 2 de julio en la franja de máxima actividad, de 20 a 23 horas. Las reclamaciones son varias, pero se centran en la  reivindicación de semanas con 20 horas de trabajo con dos pedidos por hora (o la retribución de las mismas, que serían 8 euros para bicicleta y 8,50 euros para moto). Esta regulación ocasionaría sueldos mínimos de 680 euros y 720 euros, por lo que estaríamos hablando ya de superar el sueldo mínimo interprofesional. La primera huelga tuvo un éxito rotundo con un gran seguimiento y se llegaron a producir demoras en los envíos de más de dos horas y media que la empresa intentó paliar a través de contrataciones exprés de nuevos repartidores e incluso ordenando a sus oficinistas a coger las bicicletas y motos. Este fin de semana acaba de tener lugar una nueva huelga de 48 horas en lo que representa un auténtico pulso entre riders y empresa. El pasado domingo, terminaba el plazo para firmar el nuevo contrato, y ningún rider ha tenido noticias sobre ello. Ahora se despliega una situación enigmática en la que muchos repartidores tienen un contrato de dos años de vigencia pero su ausencia laboral debido a las sucesivas huelgas compromete a Deliveroo que no garantiza satisfacer la demanda de sus servicios.

Esta huelga no es algo nuevo para la compañía británica y tiene sus orígenes en Londres, en agosto del año pasado. En aquel momento, cientos de riders tomaron las calles de la city para protestar delante de la oficina central de la compañía en el barrio de Soho por cambios en la empresa que significarían sueldos más bajos. La protesta de los londinenses se focalizaba en cambios por los que pasarían a cobrar 3,75 libras por entrega, en lugar de las 7 libras por hora que recibían más 1 libra por entrega. El efecto fue el deseado y la compañía se disculpó públicamente admitiendo que había transmitido estos cambios a sus riders de una manera incorrecta y dando la posibilidad de volver al sistema de pago antiguo a los empleados que así lo prefiriesen.

Eso es lo que pretende la plataforma Riders por derechos, una sección sindical de los riders de Barcelona desde la que se expresa y difunde que el movimiento por parte de los repartidores de Deliveroo “no es solo un capricho o proceso temporal, sino más bien de un movimiento estructurado y con unas intenciones claras “. Extraconfidencial.com ha podido contactar con Pablo Carballo, miembro de la plataforma que habla con claridad y sin tapujos, con la convicción que mueve a cualquiera que pretenda derribar una situación de evidente injusticia. “Ayer mismo les presentamos una demanda de inspección de trabajo y fuimos al Ayuntamiento para solicitar que fuera definida como empresa non grata en la ciudad de Barcelona hasta que cambien las condiciones”.  Lo primero que hace Pablo es sumar a las peticiones básicas, relativas a las horas de trabajo semanales y a los mínimos garantizables, una solicitud por la que llevan tiempo peleando desde la plataforma que no es otra que “readmitan a los compañeros despedidos por difundir la huelga, de manera inmediata”. A pesar de ello, Pablo expone claramente como esta era una situación que se veía venir: “muchos de estos problemas vienen de acuerdos verbales que teníamos en un principio con ellos, cuando todo esto empezó hace tres meses, empezó con siete propuestas a Deliveroo para empezar a dialogar sobre cómo mejorar nuestras actuaciones y la petición más importante era que todo lo que se había acordado verbalmente se acordase por escrito, porque nosotros mismos temíamos que un día pudiera pasar esto”.

En el día a día, relata Pablo, hay muchos traspiés y hace hincapié en su condición de falsos autónomos, a pesar de ser tratados como asalariados,  “por mucho que des una disponibilidad en el calendario  en el que seleccionas los días que puedes trabajar luego ellos la varían a sus anchas”. “Tenemos que tener mucho cuidado en la carretera, porque cualquier error lo tenemos que pagar al 100%” y la lista de desventajas se amplía hasta el punto en que dice que “yo mañana me rompo una pierna y Deliveroo se olvida de mi”. “Si te ocurre alguna incidencia en tu turno, como pinchar una rueda, tienes que entregar los servicios como puedas… A ellos lo que les interesa es que el pedido siga su camino. Pero claro, cada minuto que pasas deslogueado de la aplicación en horas que tenías asignadas, no lo cobras”, apunta.

El éxito de Deliveroo lo explica muy bien Pablo, resumiéndolo en cinco palabras: “gasto 0 y todo beneficios”. “Nosotros ponemos todo el material nuestro y el material corporativo que es la mochila con la que le hacemos la publicidad por la calle tenemos que pagarla a través de una fianza de 60 euros que no vas a recuperar porque es evidente que una cremallera se estropea en unos dos o tres meses”.

Un caso extensible a las demás Compañías

Las empresas españolas no pueden hacerles frente a estos gigantes. El referente nacional en este mercado, La Nevera Roja, era absorbida en septiembre de 2016 por la empresa líder en el reparto de comida a domicilio en todo el mundo, Just Eat. Una empresa que, literalmente, se zampa a su competencia, destruyéndola o anexionándola. En España cuenta con servicio en casi todas las capitales de provincia.  Además, Just Eat tiene presencia en 15 países y cuenta con más de 475.000 Restaurantes adheridos.

Todo esto, no lo ha conseguido precisamente Just Eat protegiendo a capa y a espada a sus trabajadores. Hacemos la prueba. Adquirimos a través de la aplicación móvil de Just Eat un menú de un restaurante japonés, el Sou Sushi. Esperamos a su entrega para conocer la opinión de uno de los repartidores de Just Eat y si sus condiciones son similares a las de Deliveroo. La sorpresa es mayúscula cuando el repartidor nos dice que él no trabaja para Just Eat, sino para el propio restaurante japonés, a pesar de que nosotros hemos reservado la comida por Just Eat y en el recibo viene perfectamente escrito que son ellos quienes se encargan de la entrega. Una situación que como nos confirma Pablo Carballo, también ocurre en Deliveroo. ¿Qué se puede esperar de empresas que les arrebata el empleo a sus propios empleados para no tener que pagarles y darle este trabajo a la competencia de sus asalariados?

Jesús Prieto