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Una reconciliación histórica: la reina María Cristina de las Dos Sicilias, beatificada el pasado sábado, consiguió congraciar a dos príncipes enfrentados entre sí, el infante don Carlos, duque de Calabria, y su primo el duque de Castro

El rey Juan Carlos I no asiste a un almuerzo ofrecido por doña Sofía a los familiares de la difunta princesa Margarita de las Dos Sicilias: la excusa, el fallecimiento de uno de sus compañeros de su época de estudios

Enero 26, 2014

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La princesa Letizia optó por no asistir ni al tanatorio ni al funeral lo que refuerza las noticias sobre el distanciamiento con don Felipe

La princesa Margarita, prima hermana de la difunta condesa de Barcelona y persona cercanísima a nuestra familia real a pesar de lo que se ha escrito en contra en algunos foros, falleció el día 15 tras años de estoica lucha por sostener su quebrada salud y después de que en el último año su nombre se hubiese visto mancillado por acusaciones de blanqueo de dinero en el caso Gao Ping que no llegaron a puerto alguno

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Con los príncipes de Asturias en boca de todos y rumores de todo tipo en la prensa y circulando por los cenáculos de la “buena sociedad”, pues hasta vuelve a hablarse de Eva Sannum sin que se sepa con qué intención, la familia del rey se ha vestido de luto con el fallecimiento en días pasados de la amable princesa Margarita de las Dos Sicilias en vísperas de que la beatificación en Nápoles de su antepasada la “Regina Santa”, la reina María Cristina de las Dos Sicilias considerada la reina de los pobres. La princesa Margarita, prima hermana de la difunta condesa de Barcelona y persona cercanísima a nuestra familia real a pesar de lo que se ha escrito en contra en algunos foros, falleció el día 15 tras años de estoica lucha por sostener su quebrada salud y después de que en el último año su nombre se hubiese visto mancillado por acusaciones de blanqueo de dinero en el caso Gao Ping que no llegaron a puerto alguno, pues el caso fue sobreseído aunque la prensa no se haya hecho eco de ello.

Según nos cuentan desde que se tuvo noticia de su gravedad, la reina doña Sofía estuvo dando apoyo constante a toda su familia, visitando la capilla ardiente en varias ocasiones y asistiendo al solemne funeral celebrado en la catedral de la Almudena el lunes día 21. Tampoco le faltó a la familia la presencia del príncipe de Asturias (la princesa prefirió no asistir ni al tanatorio ni al funeral), de la infanta doña Elena y de numerosos otros miembros de la familia del rey como la infanta doña Margarita y su esposo (doña Pilar estaba ausente en Mallorca pero se mantuvo en constante contacto telefónico), la duquesa de Calabria, las princesas Teresa e Inés de las Dos Sicilias, o las princesas Crista y Tessa de Baviera. Todos quisieron dar su apoyo a los hijos y al viudo de la princesa, don Luis de Maldonado y Gordon, y a sus hermanos la princesa Inmaculada de las Dos Sicilias y el príncipe don Casimiro y su esposa que llegaron precipitadamente desde Roma donde acababan de instalarse tras volar desde el Brasil. Su otro hermano, el príncipe Antonio, no pudo volar a España desde su residencia en Suiza a causa de la frágil salud de su esposa la duquesa Elisabeth de Wurttemberg.

La ausencia significativa del rey

Pero todos ellos se muestran muy agradecidos a la familia real española, y en particular a la reina doña Sofía que la víspera del funeral invitó a hijos, hermanos y sobrinos de la fallecida a un almuerzo informal en el palacio de la Zarzuela en el que fue servido un buffet (don Juan Carlos no pudo asistir por el fallecimiento de uno de sus compañeros de su época de estudios).           

Una pérdida sentida, aunque esperada, diez días antes de la gran ceremonia de beatificación de aquella reina María Cristina de las Dos Sicilias, esposa del rey Fernando II, que ya fue declarada venerable por el papa Pío IX en 1859. Una ceremonia jubilosa que tuvo lugar en la iglesia napolitana de Santa Chiara, necrópolis de los reyes de las Dos Sicilias, el pasado sábado y que estuvo oficiada por el arzobispo de Nápoles monseñor Creszencio Sepe ante un nutrido grupo de príncipes llegados de toda Europa y en presencia de 2.000 napolitanos algunos de los cuales reclamaron el regreso de su rey en un mundo globalizado.

Pero en este caso a la magnitud del evento se sumaba el deseo de que la difunta reina obrase el milagro de congraciar a dos príncipes enfrentados entre sí por la jefatura de esta casa real napolitano-siciliana, el infante don Carlos, duque de Calabria, y su primo el duque de Castro, que para sorpresa de muchos la noche anterior orquestaron una reconciliación pública en los salones del Hotel Excelsior.

El primero, que se encuentra gravemente afectado por una enfermedad neuronal, estuvo representado por su hijo el duque de Noto y por su esposa la princesa Ana de Orleans, y el segundo llegó acompañado de su esposa la multimillonaria Camilla Crocciani (gran amiga de los príncipes de Mónaco), y de sus hijas las princesas María Carolina y María Chiara a quienes se confirieron los títulos de duquesas de Palermo y de Capri. Hubo discursos por ambas partes, oficializándose el fin de una disputa dinástica que ya dura 114 años mediante un acuerdo por el cual ambos príncipes ostentarán en el futuro la misma calidad de representación de la familia en los actos a los que asistan, compartirán sus responsabilidades históricas, se comprometieron a no reiniciar disputas dinásticas y asumieron el trabajar juntos en un espíritu de unidad por el bien común en el marco de reconciliación que inspira los fines de su orden dinástica, la Orden Constantiniana de San Jorge, que ahora quedará unificada al igual que las órdenes de San Genaro y de Francisco I.

La familia real española más ausente que nunca

La alegre ceremonia de reconciliación, muy celebrada por todos, contó con la presencia de todos los miembros de la familia presentes en Nápoles, que compartieron mesas en la cena de gala organizada por Stefania Rolla Penza y el escritor Luciano Regolo que es el autor de la nueva biografía de la Regina Santa. Una cena en la que no faltaron la princesa María Gabriela de Saboya, el duque de Braganza, el príncipe Miguel de Yugoslavia o la archiduquesa María Beatriz de Austria-Este.

Tanto esa noche como en la beatificación de la mañana siguiente se echo de menos lo que hubiera sido una necesaria representación de la familia real española, tan íntimamente ligada a estos Borbones de Nápoles tanto por estrechos vínculos históricos como por ser la familia a la que perteneció la madre del rey don Juan Carlos. Pero parece que la bondad proverbial de la nueva beata si consiguió impedir otro malhadado encuentro, el del príncipe Víctor Manuel de Saboya y su primo el duque de Aosta, que como príncipes que se disputan la jefatura de la casa real italiana, la casa de Saboya a la que perteneció la Regina Santa, hubieran podido retomar allí aquella batalla a puñetazos que comenzaron una tarde en el palacio de la Zarzuela el día después de la boda de los príncipes de Asturias. Porque finalmente, y aunque se esperaba la presencia de ambos, el príncipe Víctor Manuel decidió hacerse representar por su nuera, la actriz francesa Clotilde Courau, que se sentó en paz y armonía en el mismo banco que el duque de Aosta.

Ricardo Mateos