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El rey Felipe VI -padrino de bautismo del novio-, doña Sofía y Carolina de Mónaco, los grandes ausentes de la boda de Ernesto Augusto de Hannover

Julio 11, 2017
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A pesar de la excelente relación que desde hace años mantiene con sus dos hijastros, los príncipes Ernesto Augusto y Christian de Hannnover, la princesa Carolina de Mónaco fue la gran ausente el sábado pasado en la esperada boda del primero a la que, como ya se había anunciado, tampoco asistió su propio padre a causa del grueso enfrentamiento personal que padre e hijo mantienen en torno a la posesión y la gestión del muy sustancioso patrimonio familiar de la histórica casa de Hannover. Pero la de Carolina no fue la única ausencia notable que deslució esta boda tan esperada como controvertida, pues tampoco estuvieron allí ni el rey don Felipe VI, padrino de bautismo del novio, ni la reina doña Sofía, tan cercana a sus primos Hannover y tan amante de estos encuentros familiares, ni siquiera los reyes Constantino de Grecia, otro de los padrinos del novio, y Ana María o su hermana la princesa Irene.

La realeza no da puntada sin hilo y a esta boda -que parece haber sido diseñada especialmente para la joven generación de royals, famosos, ricos y glamorosos-, no ha querido acudir ninguno de los importantes primos reales del novio (salvo los margraves Max y Valerie de Baden y los príncipes Georg Friedrich y Sofía de Prusia). Nadie ha querido cuestionar que el padre del novio, el contumaz y siempre polémico Ernesto Augusto de Hannover, es el jefe de la casa y ha desaprobado públicamente y de forma enfática el matrimonio de este hijo primogénito que vulnera las Leyes dinásticas. Con los designios del jefe de una casa no se juega, incluso aunque no se entiendan sus razones, y por ello los grandes y realmente importantes han preferido mantenerse al margen. Las casas reales de España, Dinamarca, Suecia, Noruega e Inglaterra, todas ellas cercanamente emparentadas con los Hannover, no han querido dar reconocimiento a este enlace evitando hacer acto de presencia y restando brillo de forma notable a la denominada boda del año.

Boda por el rito luterano a pesar de la confesión ortodoxa de la novia

Sí asistió en peso la glamorosa fratría Casiraghi, que acompañó a su medio hermana Alexandra de Hannover, en una boda envuelta en la polémica en la que la novia, la diseñadora rusa Ekaterina Malysheva, tampoco llevó la histórica coronita nupcial de diamantes propia de las novias de la dinastía hannoveriana. Una joya de gran valor simbólico con la que también se casó en 1936 la reina Federica de Grecia, madre de la reina doña Sofía. Por el contrario, Ekaterina eligió la gran tiara de flores de diamantes de la casa de Hannover, cuya primera propietaria fue la emperatriz Josefina de Francia primera esposa de Napoleón, y que Carolina de Mónaco ha portado en numerosas ocasiones. Una pieza que la nueva princesa consideró más favorecedora para su vestido de corte clásico diseñado por su amiga libanesa Sandra Mansour, con el que descendió del coche de caballos con las armas de la casa de su ahora esposo conducido por un cochero y dos postillones vestidos con la librea de los Hannover.

La boda religiosa se celebró a última hora de la mañana por el rito luterano, a pesar de la confesión ortodoxa de la novia, en el entorno barroco de la Marktkirche de Hannover con un coro de niños entonando piezas del Mesias de Haendel y la hija de Carolina de Mónaco y Ernesto Augusto de Hannover actuando de dama de la novia. Acto seguido los recién casados, que recibieron numerosas muestras de afecto popular a las puertas del templo, y sus 600 invitados marcharon al magnífico castillo de Marienburg, en las afueras de la ciudad, donde tuvieron lugar la recepción y el banquete y se tomó la foto de familia alargándose la fiesta hasta muy entrada la noche.

Los hermanos Casiraghi, por encima del resto de invitados

Una boda en la que los protagonistas fueron el gran conjunto de “retoños” -muchos de ellos en edad casadera-, de familias reales no reinantes (príncipes de Grecia, de Prusia, de Baden, de Schaumburg-Lippe, o de Hessen), de familias principescas alemanas (príncipes de Leiningen, de Fürstenberg, o de Thurn un Taxis), y de grandes fortunas como los Flick, los Sachs o los Osma, entre quienes cabe destacar al príncipe Casimir de Sayn-Wittgenstein-Sayn que en estos mismos días negaba tajantemente ante la prensa española que su ex mujer, Corinna Larsen, haya tenido nunca derecho a utilizar el título de princesa de Sayn-Wittgenstein-Sayn con el predicado de Alteza Serenísima tras su divorcio en 2005. No faltó la madre del novio, la rica heredera suiza Chantal Hochuli, que en fechas recientes perdió a su compañero Nick Scott, y si faltó esa amiga española de los novios que es Cósima Rodriguez, hija de Agatha Ruiz de la Prada.

Carlota-Casiraghi
Carlota Casiraghi

Un enlace que había generado mucha expectativa y que terminó con poco lustre, en el que el punto elegante lo pusieron una vez más los hermanos Casiraghi por encima del resto de invitados. Pero también un matrimonio pobre desde el punto de vista dinástico que no va a ayudar en el fuerte enfrentamiento que Ernesto Augusto de Hannover mantiene con su padre, que parece haberle expulsado de la sucesión de esta casa tan histórica y tan económicamente importante. Ahora, habrá que esperar si el padre procede del mismo modo con su segundo hijo, el príncipe Christian, que en breve también contraerá matrimonio con la rica heredera peruana Alessandra de Osma.

Ricardo Mateos