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Si en 2012 se firmó el acta de defunción de HRT, este final de 2014 podría ser el año en que se extendiera el mismo documento con dos nombres más: Caterham y Marussia

El reparto del dinero de la Fórmula 1 condena a muerte a los equipos pequeños: dos pueden desaparecer en breve

Octubre 26, 2014

Días atrás, la oficina del sheriff de Oxfordshire, demarcación a la que está adscrita Caterham, entró por la puerta y embargó bienes y materiales como neumáticos, volantes, trofeos, herramientas, e incluso algún monoplaza de temporadas anteriores para ser puestos en subasta y pagar con ello a los acreedores.


La Fórmula 1 puede morir de inanición a pesar de la opulencia en la que vive la mitad superior de la tabla clasificatoria. Hace dos años el equipo español HRT desapareció del panorama deportivo y ahora se baraja la posibilidad de que otras dos formaciones corran la misma suerte y acaben mermando la parrilla hasta el punto de incurrir en una ilegalidad deportivo-administrativa.

Si a finales de 2012 se firmó el acta de defunción de HRT (antes Hispania), este final de 2014 podría ser el año en que se extendiera el mismo documento con dos nombres más: Caterham y Marussia, las otras dos escuderías que arrancaron sus actividades en 2010. Son tres casos paralelos: formaciones inexistentes o procedentes de categorías inferiores que se montan gracias a un inversor de referencia. En el caso de los madrileños, el empresario de la construcción José Ramón Carabante era el que asumía las facturas, el malayo Tony Fernandes y sus compañías hoteleras y aeronáuticas en el caso de Caterham, y Richard Branson, el de Virgin, en el caso de Marussia, que rápidamente desapareció del panorama y le pasó los trastos al magnate ruso propietario de la marca de superdeportivos Marussia. Cuando los propietarios, todos ellos ajenos al mundo de la velocidad, se dieron cuenta de lo difícil que era obtener rendimiento dinerario directo de un equipo de Fórmula 1, fueron tarifando y dejándolos a su suerte.

La situación actual
 
HRT liquidó sus actividades hace dos años mientras que los otros dos siguieron en las carreras, pero pocos piensan que haya sido para bien. Días atrás, la oficina del sheriff de Oxfordshire, demarcación a la que está adscrita Caterham, entró por la puerta y embargó bienes y materiales como neumáticos, volantes, trofeos, herramientas, e incluso algún monoplaza de temporadas anteriores para ser puestos en subasta y pagar con ello a los acreedores. Durante varios días, sus trabajadores no han podido acceder a unas instalaciones que a día de hoy se encuentran cerradas y exentas de actividad alguna.

Caterham ha recibido el permiso de los organizadores para no asistir al próximo Gran Premio de los Estados Unidos, pero puede que no sea el único que se pierdan, puesto que el llamado “Pacto de la Concordia”, una suerte de acuerdo-inscripción asumido por todos los participantes, refleja que hay un número de carreras que se pueden ´saltar´ por causas de fuerza mayor. El misterio rodea a este contrato pero todo apunta a que son tres las pruebas a las que se puede no acudir, así que es muy posible que no les veamos más este año.

Marussia sobre el alambre

La situación de Marussia no es mucho mejor y se sabe que acumula deudas que rondan los 175 millones de euros, una cantidad inasumible por sus actuales propietarios y cuyo importe difícilmente recabarán en forma de premios o patrocinios a corto plazo. Varios medios británicos apuntan a que sus responsables ya han advertido a las autoridades fiscales, que al igual que Caterham, van a entrar en situación de “administración“, algo parecido a lo que en España se denomina ´concurso de acreedores´, o lo que es lo mismo, liquidación de bienes para pagar las deudas. De ahí a la desaparición hay tan sólo un paso.

Los organizadores confiaron en un rápido desarrollo de estos tres nuevos equipos, pero su poca conexión con multinacionales, el escaso peso político dentro de la F1 y unos mimbres empresariales cogidos con pinzas les ha condenado a muerte. Dinero hay, pero ellos pillan poco, o como es visible, ni siquiera lo que les ayudaría a subsistir.

De aquellos polvos, estos lodos

¿Como se ha llegado a esta situación? Ante la alarmante marcha de equipos sostenidos por grandes fabricantes de coches como BMW, Toyota, Ford, Jaguar o Renault, a finales de 2009 Bernie Ecclestone y la Federación Internacional de Automovilismo abrieron la mano a escuderías, procedentes del mundo de las carreras, e inscribieron a tres nuevos conjuntos para insuflar a la Fórmula 1 savia nueva y una lista de participantes más numerosa.

Tras esta jugada había —y hay—,  un componente legal. Cuando el magnate británico se quedó con los derechos de explotación de la categoría (son propiedad intelectual de la FIA) se firmó un discreto documento del que ha trascendido que ha de haber un mínimo de coches en pista o el acuerdo puede quedar en entredicho. 

Un futuro en entredicho

Poco o nada se sabe de manera oficial pero varias fuentes apuntan a que el mínimo pueden ser 16 o 18 coches. Por debajo de esta cifra el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 podría no existir. Nadie quiere que esto ocurra y se baraja desde hace un tiempo la posibilidad que las escuderías que queden, y se lo puedan permitir, inscriban un tercer monoplaza. Esto traería a la especialidad un panorama que podría ser incluso más desequilibrador; es posible que el peor coche de los tres no sume puntos para el equipo, pero el que tuviera solo dos coches partiría con la desventaja de tener menos posibilidades de alcanzar la zona alta de puntos.

La F1 necesita un mínimo de coches en pista, un número de equipos importante para que se expanda la imagen del conjunto, la fama, se diversifiquen riesgos y que haya cierto grado de competencia. La F1 genera como organización unos 1.200 millones de euros, de los que aproximadamente la mitad se reparte entre las escuderías. Se podría repartir un poco mejor, sin que resultase un descalabro para los equipos más pudientes y se garantizase la existencia de los pequeños. Para que haya grandes, tiene que haber pequeños también.

José M. Zapico
@VirutasF1