Menú Portada
Una cifra inferior a los concedidos por el general Franco entre 1939 y 1975 desde que él se arrogó esa potestad, hasta entonces solo propia de los reyes de España

El reinado de don Juan Carlos se ha saldado con la concesión de 51 nuevos títulos nobiliarios: se desconoce cuál será la política de creación de Felipe VI

Junio 26, 2014

El reinado de don Juan Carlos se ha saldado con la concesión de 51 nuevos títulos nobiliarios, una cifra inferior a los concedidos por el general Franco entre 1939 y 1975 desde que él se arrogó esa potestad hasta entonces solo propia de los reyes de España. Todo un conjunto de nuevas creaciones, que comenzó a un ritmo muy tibio en 1975, para incrementarse en número a partir de 1990 durante los años de mayor prestigio de la corona en España, con las que el ahora rey saliente quiso premiar a numerosas personalidades de distintos ámbitos de la vida social. Pero del análisis de esas concesiones podemos extraer una idea del criterio seguido en esta política de creación de nuevas cartas de nobleza, que salvo en casos muy contados, y seguramente a petición de los propios concesionarios, han sido siempre títulos hereditarios.

De entre todo el conjunto llama poderosamente la atención la existencia de tres únicos ducados, que como títulos de rango superior a todos los demás y por llevar además adjunta la Grandeza de España nos hablan de consideraciones particulares a esas personas por parte del rey en su concesión quizá por considerarlas claves en la Transición política: el de Franco (a Carmen Franco Polo), el de Fernández-Miranda, y el de Adolfo Suárez. Y también llama la atención la concesión de Grandezas de España, muy escasas por su alto valor, concedidas a la viuda del general Franco, a los ex presidentes Carlos Arias Navarro (adjunta a su título de marqués), y Leopoldo Calvo Sotelo (adjunta al marquesado de la Ría de Ribadeo); a personas muy cercanas a su padre el conde de Barcelona como el conde de los Gaitanes y Guillermo Luca de Tena, al conde de Godó, a historiadores como el marqués de Lozoya y Martín de Riquer, al hijo del famoso doctor Gregorio Marañón, y a aquellas personas que durante años fueron sus grandes asistentes en la dirección de los ámbitos civil y militar de la Casa Real: Joaquín María de Valenzuela (ya portador de un título), Sabino Fernández Campo, y José Fernando Almansa (que también era portador de título propio).
        
Desde 2008, abonado a los marquesados
 
La última Grandeza data de 2008, fecha a partir de la cual Casa Real parece haberse abonado a los marquesados, quedando atrás los condados (Iturmendi, Villacieros, Alixares, o Latores) que fueron bastante más frecuentes en las primeras décadas del reinado. Títulos muchos de ellos poco imaginativos en sus denominaciones, que por lo general han solido coincidir con los apellidos de los concesionarios (del Bosque, Villar Mir, Fuster, Tapies, Asiaín, Vargas Llosa, etc) salvo aquellos casos en los que algunos de ellos como el historiador Gonzalo Anes y el dibujante Antonio Mingote propusieron soluciones más creativas (marquesados de Castrillón y Daroca).

 
Singulares entre todos ellos el marquesado de Bradomín, en recuerdo del insigne Ramón del Valle Inclán, el marquesado de Dalí de Púbol que el peculiar Salvador Dalí solicitó que se convirtiese en vitalicio una vez recibido como hereditario (Dalí no quiso herederos de su nobleza), o el marquesado de Laserna con el que el rey quiso dar reconocimiento a su primo político Íñigo Moreno y Arteaga, esposo de la princesa Teresa de Borbón-Dos Sicilias, cuando los cambios en las leyes sucesorias le hicieron perder el marquesado de Laula que hasta entonces había llevado. Vistos en conjunto lo que más se ha premiado es en primer lugar el mundo del arte y de la cultura (Andrés Segovia, Joaquín Rodrigo, Antoni Tapies), seguido del ámbito de la política (Rodríguez de Valcárcel, Josep Torradillas, Antonio Fontán, Marcelino Oreja), de personas con méritos del pasado histórico (Valle Inclán, Marañón), y de personajes notables del mundo de la ciencia (Juan Oró, Santiago Grisolía, Margarita Salas).
        
Práctica total ausencia en estas concesiones de personas de las grandes familias de la nobleza histórica

Sin embargo, si algo llama poderosamente la atención sobre el conjunto es la práctica total ausencia en estas concesiones de personas de las grandes familias de la nobleza histórica, hecho que enfatiza ese claro corte del reinado de don Juan Carlos con todo atisbo de corte en un sentido clásico y con tradiciones de otro tiempo propias de la monarquía española. El rey fue de hecho tan pulcro en esas cuestiones, que hasta se ganó el enfado de alguno de sus parientes por no querer reconocerle un título que el viejo Alfonso XIII había concedido de palabra en tiempos pretéritos. Pero si en algún momento se pensó que la creación de nuevos títulos era una tradición a extinguir, en los últimos años las concesiones han sido cada vez más numerosas y han venido por lo general en paquetes (los cuatro últimos llegaron juntos en mayo de 2014).

De ahí que la pregunta lógica a hacerse, dando por sentado que la creación de nuevos títulos continuará en el futuro, es cuál será la política de premios nobiliarios que llevará Felipe VI de quien quizá pueda esperarse que eleve a la nobleza titulada a la familia de la reina Letizia o que, como tantas veces ha hecho su padre, conceda alguna merced al ahora saliente jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno, a quien por el momento ha nombrado consejero privado.
 
Ricardo Mateos