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Ayer se cumplieron 12 años de la muerte de Raimundo Saporta, y reproducimos su última entrevista

El Real Madrid fija asamblea para el 29 de marzo: tarde y mal

Febrero 2, 2009

La Asamblea del Real Madrid, que deberá entre otras cosas ratificar a Vicente Boluda como presidente provisional del club, tendrá lugar el próximo 29 de marzo, según acordó la junta directiva de la entidad madrileña. Se debatirán los puntos acordados en la polémica celebrada el pasado 7 de diciembre. No se incluye el cambio del sistema de voto por correo, por lo que tendrá que haber una segunda asamblea antes de fijas la fecha de las elecciones.

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Vicente Boluda y los suyos no piensan irse pronto, van a acabar la temporada, si los asambleístas les dejan, porque ya saben que si no ratifican a Boluda, la junta tendrá que proponer otro nuevo presidente o convocar de inmediato las elecciones. Y no están por lo último. Ayer inscribieron a Lass Diarra y Faubert en Champions. No destituyeron a Mijatovic. No están por la labor de serenar las aguas.
También ayer se cumplieron doce años de la muerte de Raimundo Saporta, vicepresidente del Real Madrid, de la FIBA, de la FEB y de otros varias instituciones de renombre mundial. Saporta fue el dirigente que más hizo por el deporte español y al que menos se le reconoció en vida, posiblemente porque siempre prefirió estar en segunda fila, trabajando y sin dejarse deslumbrar por la luz de los focos.
Justo ahora que el Real Madrid vive posiblemente la peor crisis institucional de su historia, cuando dentro de pocos meses la masa social ha de elegir al nuevo presidente madridista, se me ha ocurrido repescar la última entrevista que concedió don Raimundo –noviembre de 1996- y que puede ser muy bien el guión que sigan los que quieran ocupar el trono blanco ahora vacante. Más de doce años después, y realizada cuando le quedaban sólo tres meses de vida, algunas de las cosas que decía Saporta están por cumplirse. Dejamos sólo las respuestas, con indicación del tema, y entresacando sólo una parte de aquellas sus últimas palabras para un medio de comunicación.

La última entrevista de Raimundo Saporta

Sus íntimos colaboradores recuerdan que siempre quiso estar en segundo plano, y que cuando le preguntaban por su negativa a ser presidente del Real Madrid contestaba: “La presidencia está donde estoy yo”. Recuerdo que en una de las ocasiones que le propuse escribir su vida rechazó la oferta diciendo “no quiero escribir mis memorias porque tendría que mentir, y la mentira me ha repugnado siempre”.
Su llegada al Real Madrid: “Don Santiago me fichó por eso, porque no entendía de fútbol. Yo era jovencito, calladito, y el presidente decía que conmigo tendríamos por lo menos un directivo que no fuera un forofo, que pudiera hablar con la UEFA, la FIFA, y que no hubiese insultado a un equipo ni a un árbitro. El propio don Santiago era un poco forofo. Yo no soy forofo, ni antinadie, respeto a todo el mundo. Si el Madrid gana 5-0 al Barça, mejor para el Madrid, pero alegrarse no es ofender, no. Sí, en Barcelona me quieren. Nunca he hablado mal de nadie del Barcelona. Tengo respeto por todos ellos. Reconozco que algunas veces, en fichajes, tuve que hacerles varias faenas, pero siempre respetando muchísimo a todos. Para mí es un honor ser amigo de Josep Lluis Núñez”.
Sobre su marcha del Madrid: “Tenía la fecha marcada, el día de la muerte de don Santiago dejaba el cargo. Y ese día morí yo también para el club. Llamé al Rey a las siete de la mañana para anunciarle la muerte de Bernabéu. Cuando murió don Santiago dejamos el club con 100 millones de déficit. Fue un disgusto porque ese año perdimos 14 millones en la sección de baloncesto, un gran disgusto, pese a que en 1977 fuimos también campeones de Europa. Los demás directivos me perdonaban mi capricho del baloncesto a cambio de trabajar día y noche para el club. Decían, que este loco siga con su baloncesto mientras nos lleve el club. Ser vicepresidente de honor del Real Madrid significa mucho para mí. Se murió don Santiago y ya no hubo nadie más”.
Referencia a la forma actual de llevar un club deportivo: “Hoy hay directivos que van con la dirección actual. Es el sistema de ahora, el del talonario. Tengo admiración por el señor Núñez, decano de los presidentes; también por Jesús Gil, porque trabaja, sufre y pone su dinero. Don Santiago hoy no podría ser vocal del Leganés, ni del Rayo. Ni yo tampoco, porque no tendríamos dinero y no podríamos avalar. Él vivía de su jubilación. ¿Ve cómo ni él ni yo podríamos poner un par de millones en el Madrid?”.
Nunca se aprovechó del cargo: “Yo perdí la oportunidad, no he sacado un duro. En mis tiempos no estaba autorizado ni un sueldecito. Entonces estaba prohibido”.

“Don Santiago se volvería a morir”

Compara al Madrid de entonces con el de ahora: “Este Madrid no es mejor ni peor, es distinto. Nuestro grupo, con Bernabéu a la cabeza, no duraría ni una hora en la actual directiva. ¿Don Santiago llama a Di Stéfano y se presenta un abogado en su nombre? Eso era inconcebible. Nosotros nos preocupábamos de ver si los juniors estudiaban, si estaban bien. Si ahora se les pregunta si estudian nos contestarían que no nos metiésemos en sus vidas. Entonces los padres nos los confiaban y era nuestra obligación. El padre de Corbalán me dijo ‘Haga usted de mi hijo un hombre’, y esa era nuestra obligación. Si Bernabéu levantara la cabeza, se moría otra vez. Esto no va con su mentalidad. No por la situación del Madrid, sino por la del deporte”.
El trato con los jugadores: “He sido feliz con los jugadores por el afecto que me han dispensado. Aún me llama alguno roñoso por los contratos, pero más que su afecto me entregaban su confianza. Para mí era un honor ser el jefecillo de este grupo tan fantástico que ganó tantas copas de Europa. Ahora todo es distinto”.
Viejos recuerdos del Real Madrid: “Bernabéu vendió su casita de Santa Pola y se compró una casa para él y su señora. Murió humilde; sin embargo, el Real Madrid es una entidad muy poderosa. Me acuerdo cuando compramos la Ciudad Deportiva. Nos costó a 1’25 pesetas el pie, y hay trece pies en un metro cuadrado; es cinco veces el Estadio Bernabéu. Unos siete millones de pesetas fue lo que pagamos. Recuerdo que había una vaquería en medio que hubo que quitar, indemnizando al vaquero para que se fuera, porque de otra forma no se podía construir”.
Un comentario sobre el baloncesto: “Hay dos baloncestos; el lenguaje que utiliza un equipo griego o español, y el baloncesto de África, que necesita balones y canastas. Hay que procurar acercarlos. Pero esa será una misión para otros. Hay quien dice que el baloncesto será totalmente profesional, que Europa será una conferencia de la NBA, que se retirarán los grandes clubes de las competiciones nacionales. Yo no lo veré, pero algo pasará porque estamos en un momento muy especial entre el amateurismo y el profesionalismo a ultranza. No acude mucho público a los campos, pero la televisión hace mucho, contamos en millones de espectadores los que ven los partidos. Se juegan 1.000 partidos, se televisan 900, al público le gusta más verlo en televisión porque es más barato y más cómodo”.
Reconoce su gran defecto: “Mi gran defecto es no ser lo suficientemente ambicioso. Podía haber sido vicepresidente de Samaranch en el COI, pero siempre he pensado que 37 años en el mismo cargo en la FIBA eran suficientes. Nunca he pedido nada. Cuando eligieron a Robert Busnel presidente, le tocaba a Europa la presidencia; él me dijo que si quería serlo yo, se retiraría. Pero yo sabía que él lo deseaba y ha muerto como presidente. Me emocionó la enorme ovación que me dieron cuando Stankovic me propuso ser vicepresidente”.
Nula militancia: “Sí, toda la vida he sido apolítico. Miembro de nada. He respetado siempre al jefe de Estado, a los gobiernos. No tengo porqué no hacerlo así. Funcionamos de forma institucional. Defendíamos siempre la bandera que hubiese. Que en los Juegos de Barcelona se toca el himno catalán, bien. El respeto ante todo. El ser político desgasta. 37 años en la FIBA, casi me da vergüenza decirlo. Y en el Madrid, 35 años. Todo esto desgasta”.

Defendió los intereses del Barcelona

Sobre su afición al deporte: “Yo jugaba de base, pero muy mal, en el patio. Así que me eligieron delegado del equipo de mi clase. Pero yo no he sido jugador, ni árbitro, ni entrenador, ni siquiera espectador. En el palco no miro el partido, miro si hay tranquilidad en el palco, y si todo está bien; sólo al final me preocupo del resultado. He sido directivo sólo de dos equipos, el más pobre, porque teníamos que comprar los balones a plazos, y del más rico. Liceo y Real Madrid. En el primero, con humildad, marcaba con cal los campos de juego, iba a la Federación Castellana a poner la hora de los partidos… Lo hacía todo”.
Un comentario sobre su amigo Juan Antonio Samaranch: “Samaranch es mi punto de referencia y de todos los deportistas del mundo. No nos pueden comparar. Es un hombre muy poderoso. Yo, en mi pequeña finca, soy un dos, siempre he sido un dos. Samaranch podría hacerlo todo, yo sólo en mi parcelita. Él es el verdadero ejemplo que todos los directivos del mundo deberían tomar como modelo. Yo soy consciente de mis limitaciones, soy un buen número dos; el número uno requiere protagonismo, figurar, y yo no sé, no sirvo para eso. Entre estar en reuniones o en competiciones, lo tengo claro. Voy a todas las reuniones, y en las competiciones, ¿qué pinto yo en el palco? No soy útil como un señor sentado. No tengo categoría para dar consejos a nadie, no soy político. Cuando la famosa ‘ley antiporta’ se marchó Segura de Luna y yo me fui con él. Igual ocurrió en el Real Madrid cuando murió don Santiago”.
Y más reflexiones personales: “Me parece que no tengo enemigos, puede que los tenga pero los desconozco. Siempre he intentado ayudar a todos. He estado 37 años en copas de Europa defendiendo los intereses de 13 clubes cada temporada, incluso siendo directivo del Real Madrid he defendido los intereses sagrados del Barcelona o del Joventut. Defendiéndolos conscientemente, por eso no creo tener enemigos. Igual sí que los tengo pero por caridad no me cuentan si hablan mal de mí”.
Una crítica final a su trabajo: “No me arrepiento de casi nada. Miro para atrás y veo que más o menos he jugado bien, el público me ha respetado, me han respetado los adversarios, he fallado alguna canasta… Me puedo retirar ya a los vestuarios. Algo pude hacer mejor, pero ya me han señalado la quinta personal. No me veo grandes fallos. Los éxitos no eran míos, sino de las sociedades para las que trabajé. He visto todas las finales”.