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El Real Madrid de Zidane: Algo más que la flor de varios días

Diciembre 12, 2016
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Decía Gaizka Garitano después de perder contra el Real Madrid en el minuto 92 que para vencer en el Bernabéu se tenían que dar muchas circunstancias juntas. El técnico del Deportivo, frustrado hasta el extremo, tenía razón en esta parte de su comparecencia (la perdió cuando habló del tiempo añadido, algo por otra parte comprensible por la situación del equipo). Para ganar a este equipo en su feudo no basta con llegar arriba en el marcador a falta de diez minutos. Ni siquiera es suficiente con estar por delante en el tiempo añadido. En Chamartín siempre es muy temprano para marcar y nunca es tarde para que te marquen. De un tiempo a esta parte parece imposible vencer a la escuadra de Zidane. Para ello deberías quitarle el balón, atar a los futbolistas y llevar a una celda de alta seguridad a Sergio Ramos. Sólo así parece ganable este equipo.

Y digo ganable porque no es lo mismo que vulnerable. El Real Madrid, en muchos momentos de casi cada partido, parece un equipo ciertamente vulnerable. Desde fuera, si no conoces la realidad, dirías que es un conjunto al que se le puede meter mano. Y de hecho muchos se la meten en algún momento del choque. Pero nunca es suficiente para llevarse la victoria. Da igual que seas el Barça más vertical, el Atlético más jugón o el Borussia más brutalmente ofensivo. Todos lo intentan y nadie puede. Así, el Madrid de Zidane lleva 35 partidos consecutivos sin perder, un auténtico hito por el que pocos apostarían cuando el galo llegó al banquillo merengue.

¿La suerte se trabaja?

“Tengo estrella, ya lo pensaba cuando era jugador”. Zidane da una clase magistral en cada rueda de prensa. Sonrisa en la boca, rictus de adolescente ingenuo y buenas palabras única y exclusivamente para los jugadores. Desde ahí, desde los micrófonos, es desde donde se empieza a fraguar la indudable cohesión del vestuario blanco. Y es que hay una realidad que puede con todos los argumentos que rebaten a Zizou: no todos los entrenadores han conseguido algo así.

Porque cuando las remontadas sobre las bocinas se convierten en rutina, cuando los testarazos de Ramos son ya norma habitual de la casa, cuando el partido, vaya como vaya, nunca se da por perdido, estamos hablando de algo más que puro azar. La capacidad de competir al máximo nivel independientemente del nivel de juego que se muestre es algo que se trabaja en cada entrenamiento. Que esa capacidad se mantenga sean quienes sean los que estén sobre el césped tiene un mérito increíble. Cualquier entrenador del mundo mataría por ello.

Obviamente no sabemos la metodología de Zidane en las sesiones diarias y no será él quien nos lo desvele. En las ruedas de prensa, cuando hay alguna pregunta técnica, finge ser un neófito que no entiende ninguno de estos términos. Así le va bien. Los jugadores también le siguen el juego. Sergio Ramos, después del choque ante el Deportivo, fue abstracto cuando le preguntaron por sus goles en estas circunstancias. Obviamente, cuando un central se eleva de tal manera sobre dos marcadores y realiza un cabezazo técnicamente impoluto, existe un gran trabajo detrás.

Este Madrid juega a esto: a parecer el clásico tipo con suerte que simplemente pasaba por allí. Pero en realidad es mucho más. La próxima prueba es el Mundial de Clubes. Si mantiene su espectacular racha después de volver de Japón, estaríamos hablando de un auténtico milagro. El milagro del trabajo.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99