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El problemático príncipe Laurent de Bélgica de nuevo en el punto de mira: Podría perder 87.000 euros anuales como dotación personal más otros 216.000 en calidad de gastos de representación y de personal de su casa

Septiembre 19, 2017
laurent belgica

Mientras que la corte danesa acaba de poner fin a las incómodas declaraciones de los últimos meses por parte del príncipe consorte Enrique, que habían generado una gran polémica en el país, mediante una declaración púbica del diagnóstico de demencia del consorte de la reina Margarita II, en Bélgica, el príncipe Laurent, siempre perseguido por escándalos y actitudes políticamente incorrectas, vuelve a estar una vez más en el punto de mira.

A comienzos del pasado mes de agosto, el primer ministro, Charles Michel, mantuvo un encuentro con él para dejarle muy claro que, a riesgo de perder su lista civil anual en todo o en parte, no puede ni debe asistir a reuniones o actos de carácter oficial en los que se encuentren presentes personalidades políticas extranjeras sin prevenir previamente al Gobierno. Sin embargo, poco después, Laurent mostraba en su cuenta de Twitter fotografías que daban testimonio de su presencia en la recepción conmemorativa del 90 aniversario del Ejército chino en Bruselas sin que ni el Primer Ministro ni el ministro de Asuntos Exteriores tuviesen noticia alguna. Desde el gobierno se considera que el príncipe no debe de vincular a la familia real con ciertas personas y situaciones de ámbitos políticos cuestionables y, por tanto, a ello siguió una conversación telefónica entre el Primer Ministro y el rey Felipe, que sin duda alguna no ha contribuido a mejorar las tensas relaciones existentes entre el soberano y su hermano considerado como la oveja negra de la familia real y como una eterna fuente de problemas.

Podría perder 87.000 euros anuales como dotación personal más otros 216.000 en calidad de gastos de representación y de personal de su casa

Posteriormente, Laurent ha aducido haber recibido una invitación personal de las autoridades chinas para asistir al acto, pero nada ha evitado que en los últimos días haya vuelto a ser llamado a capítulo requerido para una nueva entrevista en el  despacho del Jefe de Gobierno. Como respuesta, el príncipe se ha limitado a remitir un certificado médico en base al cual pide que sea su abogado, y no él mismo, quien le represente en esta nueva entrevista que está prevista para fines del mes de septiembre y que podría suponer un recorte sustancial de su percepción del Estado como miembro de la familia, que ya fue fuertemente reducida tras la abdicación de su padre el rey Alberto. Una suma, que tras los ajustes presupuestarios de 2016, asciende a los 87.000 euros anuales como dotación personal a los que se suman otros 216.000 en calidad de gastos de representación y de personal de su casa.

Graves salidas de tono sobre un fondo de gran frialdad en el seno de la familia real belga en la que, se cuenta, los reyes Felipe y Matilde apuestan por una imagen de familia nuclear actualmente muy en boga limitada a ellos y a sus hijos que tiene como consecuencia arrojar a Laurent, a su esposa Claire y a sus hijos de la periferia de la realeza local en un país en el que la monarquía pasa por momentos de dificultad. De hecho, es el propio Laurent quien no ha dudado en acusar a su familia de haber bloqueado y saboteado su carrera profesional y personal durante años declarando: Mi familia nunca me ha apoyado. Todo comenzó con mi tío Balduino. Después continuó con mi padre el rey Alberto II, y actualmente tengo la impresión de que continúa siendo así con mi hermano el rey Felipe. Su error fue y ha sido rodearse de un entorno que quiere mi mal y quería impedir que yo trabajase. Toda mi vida ha estado sujeta al bloqueo… y es realmente complicado trabajar en una situación así”.

 Sin pelos en la lengua, hasta se ha permitido hacer cierta mofa de la reina Matilde cuando, al coincidir con una joven también llamada Matilde en un encuentro con estudiantes le espetó: Matilde es un nombre que conozco bien. Me lo bebo, lo digiero y duermo con él todos los días”. Cuestión aparte, son sus quejas reiteradas sobre la escasez de su dotación por parte del Estado, que han motivado que se considere que algunos de sus viajes a países como Congo y Libia tengan un trasfondo empresarial temido por la familia real belga, por lo que algunos círculos ya califican de “bulimia de dinero” del peculiar príncipe de quien se dice que es capaz de adquirir un billete de avión en clase económica para proceder luego a instalarse en primera clase.

¿Víctima de una política de hostigamiento por parte del Gobierno?

Pero los problemas de Laurent, que ostenta el cargo de  Embajador Especial para el Medioambiente y los Bosques de Naciones Unidas a través de la FAO y que se declara fascinado por la lengua árabe, no son nuevos pues tienen un muy largo recorrido que desde hace años viene empañando su imagen pública y que ha generado muchas situaciones tensas para los reyes de turno: mal uso de fondos institucionales (su padre tuvo que reembolsar 185.000 euros a la Marina belga en su nombre), sus opiniones poco ortodoxas y sus salidas de tono en relación con temas polémicos, sus quejas reiteradas por la reducción de su lista civil, el hundimiento financiero de dos empresas a las que está asociado y que están en proceso de autoliquidación, o una polémica visita al Congo saltándose los consejos del Gobierno belga que ya  le valió una apartamiento de toda actividad oficial en 2011.

Considerado una persona difícil de controlar y un príncipe simple y poco respetuoso con el protocolo, Laurent es el producto de las dificultades en el matrimonio de sus padres y de un clima afectivo frío que le ha llevado a sentirse la víctima del entorno de palacio que, según él, sería el causante de sus frustraciones y de sus limitaciones. No obstante son muchos los que le consideran un hombre popular y espontáneo en un entorno muy artificial, y también la víctima de una política de hostigamiento por parte del Gobierno, cosa que explicaría que en los Presupuestos del año pasado se retirasen 20.000 euros de la dotación pública que recibe su Fundación caritativa dedicada al cuidado de los animales de compañía, para transferirlos a una partida que cubre los gastos de apertura al público del Palacio Real de Bruselas que así no tendrán que salir de los 11,5 millones de euros que percibe anualmente el rey Felipe.

Ricardo Mateos