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El infante don Carlos acude muy desmejorado una misa organizada por la Orden Constantiniana de San Jorge en Barcelona

El príncipe de Liechtenstein amenaza con abandonar su cargo

Mayo 6, 2012
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El príncipe Aloys de Liechtenstein, soberano prácticamente absoluto de su pequeño principado alpino, está adoptando una determinada actitud de fuerza frente a quienes pretenden acabar con el derecho de veto de que históricamente han gozado los príncipes reinantes de Liechtenstein y que le otorga un enorme poder sobre las tareas legislativas en su singular estado. Meses atrás ya tuvo lugar un referéndum para legalizar el aborto, idea que llenó de espanto al muy católico y tradicional príncipe Aloys que ya dejó claro que de salir adelante la Ley gracias al referéndum, cosa que finalmente no sucedió, utilizaría sin dudarlo su derecho de veto para parar la promulgación de la Ley.

Pero ahora vuelven a alzarse otras voces que aspiran a una democratización de un país, que es en realidad un feudo de la familia principesca, y son numerosos los que vuelven a la carga con la idea de otro referéndum para terminar con el derecho de veto del príncipe que acabaría con su poder omnímodo. Sin embargo Aloys no muestra debilidad pues ya ha declarado estar dispuesto a abandonar el cargo si sus prerrogativas no se mantienen intactas. En un último discurso del pasado marzo en el parlamento, el príncipe afirmó que “la familia principesca no desea hacerse cargo de las responsabilidades políticas si el príncipe no dispone de las herramientas necesarias para ello. Pero si la población ya no está abierta a ello, entonces la familia principesca abdicará de su deseo de continuar asumiendo sus responsabilidades políticas y se retirará de toda vida política”.

Paradójicamente la identidad del estado está íntimamente ligada a la existencia de la familia principesca, que continúa siendo propietaria del grueso de casi todo el terreno del principado, así como de la industria y de la banca, todo ello gestionado a través de distintos miembros de esta amplia familia. El padre de Aloys, el príncipe Hans Adam, que en 2004 le cedió el poder político para dedicarse a la gestión de los bienes familiares, cuenta con una fortuna personal estimada en 4.000 millones de dólares y la desaparición de la familia principesca sería una verdadera catástrofe para un país cuya existencia está íntimamente ligada a sus príncipes.

El infante don Carlos muy desmejorado

Entre tanto un primo del príncipe Aloys, el príncipe Heinrich, un ejecutivo que reside en Barcelona, asistía el pasado sábado en la iglesia de la Merced de la capital catalana a una misa organizada por la Orden Constantiniana de San Jorge, auspiciada por el infante don Carlos, primo hermano de don Juan Carlos, que asistió en compañía de su esposa la duquesa de Calabria y de su hijo el príncipe Pedro, duque de Noto. Allí pudimos ver a don Carlos, ya muy desmejorado por la grave afección neurológica que desde años atrás viene minando su mente, en medio de una marea de duques (Huescar, Hornachuelos), marqueses (Gironella, Dou), condes (Lavern, Carlet), miembros de la buena sociedad catalana, y representantes de órdenes dinásticas e históricas que como Malta o el Santo Sepulcro no faltaron a la cita, y hasta una representación del ayuntamiento de Barcelona. La presencia de don Carlos, de su esposa y de su hijo don Pedro, heredero de las pretensiones dinásticas de la familia sobre la jefatura de la casa real de las Dos Sicilias, es siempre bien acogida y festejada por los caballeros de la Orden Constantiniana, que tiene su propia representación en la capital catalana.

Exposición de trajes de novia
Y mientras en Barcelona se celebraban estos fastos, ya había quienes preparaban el equipaje para marchar a Francia invitados por Sonsoles Díez de Rivera, hermana del marqués de Llanzol, para visitar una afamada exposición de trajes de novia organizada por Hubert de Givenchy (con creaciones de Balenciaga, el propio Givenchy y otros modistos) en el bello castillo de Haroué, propiedad de la princesa Minnie de Beauvau-Craon, nieta de la difunta duquesa de Dúrcal y prima lejana del rey de España. Otros, por el contrario, se aprestan a salir camino de Londres donde nadie quiere perderse las brillantes festividades del jubileo de diamante de la reina Isabel II, para las cuales la nobleza británica, siempre al compás de la monarquía y dispuesta a colaborar organizando fastos propios que den realce a la corona, está recibiendo a huéspedes de toda Europa en sus casas de Londres  (Chelsea, Kensington, Belgravia, Knightsbridge) y sus mansiones del campo. Las invitaciones están enviadas, y hay quien ya ha solicitado a sus invitados que para la gran recepción que darán en su casa de la campiña acudan con profusión de diamantes, aunque sean de bisutería.

Ricardo Mateos