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El Porsche Mission, destinado a reinventar la conducción a la europea

Septiembre 18, 2015
porsche mission

Lo han conseguido. La aburrida y por norma general poco sorprendente Porsche ha puesto los ojos de los asistentes al Salón de Automóvil de Frankfurt del mismo color que su nuevo modelo: blancos. El Mission ha sido sin duda la estrella de la muestra acaparando elogios por su concepto pero más por el significado de este proyecto. Deportivo, eléctrico, cuatro plazas, europeo, y muy diferente a lo que ha mostrado hasta la fecha. La fusión de la firma con Volkswagen parece haber aportado la savia nueva que necesitaba para afrontar el convulso y excitante mercado automovilístico de los próximos diez años

Si durante décadas la filosofía de la marca fue mejorar y pulir un concepto sumamente acertado, el 911, la llegada del Cayenne, los motores de gasoil y más tarde el Panamera (“Porsche nunca fabricará un coche de cuatro puertas”) les ha catapultado hasta el punto de poder “quedarse”  con el gigante Volkswagen. Derribados los prejuicios, Porsche se aprovecha de la sinergia generada por el fabricante europeo más grande y su CEO, Martin Winterkorn, ya anuncia que en los próximos cinco años lanzarán al mercado una veintena de vehículos cuyo desplazamiento no va a depender exclusivamente del petróleo, o directamente olvidándose de los hidrocarburos, exclusivamente eléctricos. Visto lo visto, el Mission es su coche laboratorio, el de mayores prestaciones de todo su arsenal, y del que van a derivar muchas tecnologías que van a derramarse hacia abajo implementándose en todo su catálogo.

Una vuelta de tuerca a sus diseños

El modelo da una radical vuelta de tuerca a sus inconfundibles diseños, y sin perder el sabor clásico, aúna al 911, el Panamera, algo del híbrido 918. Con alma deportiva y una propulsión completamente eléctrica apunta al corazón de los americanos Tesla, cuya falta de historia, precio y peso específico en el mercado no acaban de calar en el exigente mercado europeo donde parecen encallar, con ventas respetables, pero lejos de las soñadas por los yankees.

El Mission se desplazará impulsado por dos motores eléctricos sincrónicos de imanes permanentes (PSM) derivados del 919 ganador de Le Mans en manos del piloto Nico Hulkenberg. Con una impactante cifra de potencia de 600 CV, no hay un dato exacto de la velocidad máxima que pueda alcanzar, pero si que es capaz de mantener periodos “largos de hasta 155 Kms/h sin desfallecer en sus prestaciones”. Su capacidad de aceleración le acerca al de un Fórmula 1 y alcanza los 100 kms/h en 3,5 segundos, y los 200 kms/h en 12. Su chasis está formado por partes de metales ligeros, plásticos y fibra de carbono, consta de cuatro puertas —las de atrás se abren hacia delante, como en los Seat 600— y brilla por su ausencia el pilar central.

porsche dentro

Prestaciones a la altura del mejor 911

Las llantas de fibra de carbono son asimétricas, de 21 pulgadas delante y de 22 detrás con tracción total y todas directrices, su peso estimado rozará las dos toneladas, y Porsche afirma que sus prestaciones en orden de marcha estarán a la altura de sus mejores 911 de motor térmico. Una simulación realizada por computadora apunta a que podría rozar por debajo de los ocho minutos en el trazado de Nurburgring, lo que le equipararía con el Porsche Cayman S.

Uno de los detalles que mayores sonrisas disparó entre los presentes fue la clave para que un coche eléctrico sea verdaderamente atractivo: su autonomía. Los alemanes afirman que su horizonte se sitúa en los 500 kilómetros, pero lo mejor es que sus baterías de ión-litio refrigeradas por agua admitirán una carga del 80% en tan sólo 15 minutos. Esos 400 kilómetros podrán ser alcanzados gracias al a un sistema propio desarrollado específicamente para este modelo, pero del que sin duda derivará el que presumiblemente ‘alimentará’ al resto de coches de la compañía. Este sistema duplica la potencia de los desarrollados por Tesla, de 400 voltios; obviamente el de Porche llega a 800.

Sin retrovisores

Uno de los gadgets con que vendrá equipado será un tablero que ofrecerá datos en 3D que se ajustará en intensidad, altura y profundidad a medida del conductor, un futurista dispositivo que aún no ha sido mostrado. Igualmente su acompañante podrá interactuar con los diversos sistemas de control del vehículo como el equipo de sonido, navegadores o sistemas de entretenimiento de a bordo.

El Mission carece de retrovisores, que son sustituidos por cámaras y para dominarlo no será necesario tocar muchos de los botones y palancas actuales, porque reconocerá gestos, incluso tan pequeños e imperceptibles como la mirada. La decisión de si se fabricará o no este modelo se tomará antes del año próximo, y de ser así, es muy posible que lo veamos rodar por nuestras calles antes de 2020, y no solo aficionados a la marca deberían estar esperando, sino otros muchos automovilistas, de escalones inferiores, porque de este coche saldrán muchas tecnologías y aplicaciones que acabaremos viendo con toda seguridad en vehículos menos espectaculares. El futuro de la automación acaba de dar un salto de los grandes.

José M. Zapico