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La colaboradora llora por las esquinas ante la muerte de Ángel Cristo

El “plañiderismo” de Bárbara Rey

Mayo 4, 2010

Se ha muerto Ángel Cristo. Y con su despedida han llegado las lágrimas más artificiales de Bárbara Rey. Su luto, todo un espectáculo.

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La muerte de Ángel Cristo, inesperada por lo temprana, ha dejado apesadumbrado a gran parte del espectáculo y de la cultura española. Con su adiós definitivo se pone fin a una vida llena de éxitos profesionales y dramas en el terreno personal. Aunque era conocido por su amplio curriculum profesional como domador, promotor y hasta empresario, Ángel alcanzó mayor popularidad a finales de la última década cuando protagonizó las escenas más escandalosas del mundo del corazón. Se lanzó a cuchillo contra una Bárbara Rey que le acusó sin descanso de malos tratos y no puso freno a las acusaciones de ida y vuelta que mantuvo con sus dos hijos. Una vez muerto el perro se acabó la rabia. Eso sí, la polémica parece que no acabará tan pronto, pues está siendo muy comentada la aparición estelar de la colaboradora de ‘Espejo público’ en todos los actos que se están organizando antes y después de darle sepultura. Me cuentan que Bárbara ha sido el paño de lágrimas de sus hijos y que no se ha despegado de ellos en ningún momento. Los vástagos lamentan el trágico final de su padre pero no olvidan todas las escenas a las que tuvieron que hacer frente cuando eran realmente pequeños.
 
Ángel no quería saber nada de Bárbara
 
Lo que nadie entiende es el plañiderismo desmedido de Bárbara Rey ante las cámaras de las agencias y programas de televisión que buscan desesperados sus primeras palabras. Sus llantos lejos de resultar creíbles, arrancan carcajadas de desesperación. Más lo hace su cuasi completo luto y esa especie de misticismo acaparador que le acompaña. No hay más que echar la vista atrás para comprobar que la del apellido aristocrático ha disparado en contra del difunto perlas, perlitas y perlones. Incluso se burló en reiteradas ocasiones de sus incontables problemas de salud y, aseguró, que para ella Ángel Cristo no significaba absolutamente nada. Lo curioso es que la peliteñida siga recordando que en año dos mil cuatro, momento en el que Cristo sufrió una recaída importante, acudió a verlo al nosocomio en el que se encontraba ingresado. Acabáramos. Lo que prefiere olvidar son las muchas veces en las que Ángel se topó con la muerte y logró vencerla en solitario. Sin Bárbara y sin sus hijos. No se soportaban. Ella no escondía su odio, pero él mascullaba en privado que nunca más quería volver a verla. Por eso chirría hasta el extremo su presencia, inapropiada e irrespetuosa, en el hospital y el tanatorio en el que se instaló su capilla ardiente. Y menos aún cuando recibió estopa mediática cuando se presentó en el funeral de Sabino Fernández Campo para reavivar las ascuas pasadas. Pero ella entiende de televisión y sabe lo importante que es estar en el momento preciso y con la persona adecuada. Es conocedora del valor de las lágrimas baratas y de las lamentaciones. Sin embargo, algunos creen que Barbarita ha usurpado el puesto de la viuda con el único objetivo de seguir estando en el candelabro, mientras Circe, la mujer con la que Ángel vivió sus últimos años de vida, aparece en un discreto segundo plano a pesar de la conmoción. Ella es la única que está capacitada para explicar cómo se encontraba el domador y, hasta qué punto, era violento en sus últimos tiempos. No obstante, ya hay quien hace apuestas acerca de cuánto tiempo pasará hasta que la ex vedette comparezca en un programa de televisión para recordar, entre tinieblas, cuánto sufrió y cuánto sufre.
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)