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El peor viaje, en avión, de Isabel Pantoja: en chándal rosa, ataque de histeria y un tranquilizante

Julio 31, 2015

No es más que una interpretación libre del Teorema de Arquímedes, y viene a formularse de la siguiente manera: “Todo cuerpo femenino embutido en un chándal rosa, viajando de pasajero en primera clase en un vuelo transoceánico, provoca una arcada en sus compañeros de viaje directamente proporcional a lo poblado de sus patillas”

pantoja enchandal

Es probable que nuestro personaje tuviera un deseo genuino de pasar desapercibida, ¿por qué si no habría sumado a su discreto atuendo unas gafas de sol del tamaño de un camión de basura, de esas que necesitas comprarles un asiento aparte, de las que darían envidia a un italiano de vacaciones en Ibiza?

La treta estuvo a punto de dar resultado, y, de hecho, entre los pasajeros (que ya nos habíamos dado cuenta de que aquel ser era alguien famoso intentando parecer natural), cruzábamos apuestas sobre la identidad que se escondía bajo aquel alarde de mimetismo óptico-textil. Una vez descartado que se tratara de Bárcenas, teoría que encajaba en cuanto a las patillas, pero difería clamorosamente de lo visible en lo relativo a sexo y estatura, aceptamos por mayoría simple la hipótesis de que nuestro sujeto era una tonadillera que iniciaba su temporada en las Américas. Era ella. La Pantoja.

¡Que torrente de voz! ¡Que pulmones! ¡Que miedo estaba pasando la señora!

Déjenme decirles que si alguien albergaba alguna duda sobre la conclusión a la que llegamos, éstas se disiparon poco después del despegue ante los alaridos que profería nuestra folclórica más internacional, ¡Que torrente de voz! ¡Que pulmones! ¡Que miedo estaba pasando la señora!

La escena hubiera sido descrita por José Bono como ej-Pantoja…y no me hagan decir más que uno es muy discreto.

Cuentan por ahí que algún alma caritativa de la tripulación de aquel avión le ofreció un tranquilizante. Cuentan que se lo tomó. Cuentan que la alternativa hubiera sido sedar a todos los demás pasajeros y no había ansiolíticos suficientes en todo el avión.

Cuentan que al final hubo suerte y, excepto por algún que otro suave ronquido, muy español y muy racial, eso sí, aquel avión llegó a destino sin mayores problemas.

¡Y es que cuentan tantas cosas!