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EL PASEO DE ROSTOCK A SIRACUSA

Mayo 29, 2010

En el verano de 1988, Paul Gompitz, camarero de Rostock, zarpó con su velero hacia Dinamarca dejando atrás Hiddensee, isla norteña de la por entonces República Democrática Alemana. Sin embargo, el caso gozó de cierta repercusión en la prensa occidental, porque a diferencia de sus compatriotas huidos, Gompitz no manifestaba la intención de huir hacia la libertad de Occidente. A Gompitz no le resultaba insoportable la vida en el Este. Su temeraria travesía, planeada durante años, debía llevarlo a Trieste, y en último término a Siracusa, emulando el viaje que su adorado Seume inmortalizó en el Paseo a Siracusa en el año 1802: quería recorrer Italia, admirar su arte y arquitectura, gozar de su música, pasear por sus bellas ciudades, y luego volver a Rostock.

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