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En su eterna batalla por los valiosos bienes procedentes de la casa real de Francia

El odio y los intereses continúan enfrentando a los Orleans

Septiembre 28, 2014

En España parece que la familia real remonta lentamente de su crisis interna a la espera de que la finalización del Caso Nóos levante nuevas ampollas

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Mientras don Felipe y doña Letizia continúan ganando puntos para la buena imagen de la monarquía española tanto dentro como fuera de nuestras fronteras (hay quien todavía se sorprende del magnífico inglés del rey), esos tíos de don Felipe que son los príncipes de Orleans, hijos del difunto conde de París, continúan enfrentados en su eterna batalla por los valiosos bienes procedentes de la casa real de Francia. Tanto es así que la situación actual de la familia real francesa parece dar carta de naturaleza a lo que el viejo conde dijo a una de sus hijas antes de morir en 1999 –“Yo no os dejaré mas que el odio y las lágrimas para llorar”-, pues si el año pasado un tribunal francés reconoció a los diez hermanos Orleans y a su sobrino el príncipe Robert la propiedad efectiva de valiosísimos bienes muebles que su padre cedió a la Fundación Saint Louis y que se encontraban depositados en el bello castillo de Amboise, ahora comienza una nueva batalla legal entre los herederos que paraliza la repartición de estos bienes que la mayor parte de entre ellos esperan ansiosamente poder convertir en dinero.

Una herencia multimillonaria valorada en varias decenas de millones de euros que todavía se encuentra depositada en un almacén de París acumulando ya una deuda de 18.000 euros que la fundación reclama a los herederos. Y es que cuando muchos de entre ellos ya se frotaban las manos y el actual conde de París pensaba poder llevar una vida menos frugal, su propio hijo el duque de Vendôme acaba de interponer una demanda por sentirse lesionado con este reparto. Porque si el duque de Vendôme, casado con la medio española Filomena Tornos, firmó en 2004 un acuerdo por el que se comprometía a no reclamar nada de estos bienes a cambio de una compensación de 300.000 euros, esta suma ahora no le parece suficiente y mediante este movimiento aspira a llevarse una parte del pastel ahora a repartir.

Una reputación muy mermada

Larga es la historia de los enfrentamientos entre los príncipes de Orleans, cuya relación familiar está envenenada desde hace muchos años por intereses monetarios y por batallas intestinas basadas en alianzas y traiciones entre la fratría. El actual conde de París ve además como su hijo el duque de Vendôme ejerce de jefe de la casa de manera extra oficial, al tiempo que otro de sus sobrinos, el príncipe Carlos Felipe, ostenta el título de duque de Anjou que disputa a Luis Alfonso de Borbón manteniendo una lucha dinástica que va en contra de los intereses de todas las partes y que ha mermado mucho la reputación tanto de los Orleans como del Borbón. 

Pero mientras eso sucede en Francia, es más que probable que una de entre ellos, la princesa Claudia de Orleans, asistiese el pasado sábado a la exclusiva pero fastuosa boda del actor George Clooney con Amal Alamuddin que se celebró en Venecia en el magnífico palacio Papadopolis que se yergue sobre el gran canal y que es propiedad del yerno de la princesa, el conde Giberto Arrivabene Valenti Gonzaga. Un marco de ensueño para esta boda tan esperada y de tanto lujo a la que probablemente no faltó la esposa del dueño del palacio, la princesa Bianca de Saboya-Aosta, que en otro tiempo fue considerada como una de las maridables para el rey don Felipe.

La familia real española remonta lentamente de su crisis interna

En España, sin embargo, parece que la familia real remonta lentamente de su propia crisis interna a la espera de que la finalización del Caso Nóos levante nuevas ampollas. Don Juan Carlos ha decidido dejar clara su posición de no abandonar ni España ni sus intereses, y lo ha hecho con ese gesto fuertemente simbólico de decidir establecer su propio despacho en el palacio real dejando a don Felipe al cargo del entramado institucional del palacio de la Zarzuela.

Y doña Sofía, sin duda alguna feliz tras su paso de días atrás por su Grecia natal, continúa con su propia agenda vinculándose a numerosos intereses sociales y asistenciales y colaborando al entendimiento colectivo cuando la semana pasada, durante un acto en el Hotel Barceló Sants de Barcelona con ocasión de la inauguración del segundo Simposio anual sobre la enfermedad de Alzheimer, lució muy sonriente un broche hasta ahora desconocido que parece mostrar a unos sardanistas catalanes entregados a su danza. La reina saliente siempre fue extremadamente bien acogida en Cataluña, lugar del que sin duda guarda gratos recuerdos de respeto en lo que fueron años mejores, y quizá esta es su forma sobria, elegante y sutil de llamar a la unión y a la concordia en tiempos tan revueltos.

 
Ricardo Mateos