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Entre los periodistas ya hay apuestas para ver cuándo el marido de Ana Aznar Botella, una vez más, puede vender el lote completo y hacerse con un buen fajo en un plan a corto-medio plazo

El nuevo negocio fugaz de Alejandro Agag Longo: crea su propia Fórmula 1 y es eléctrica (FE)

Septiembre 16, 2014

Ha sabido llevarse al huerto a la Federación Internacional de Automovilismo, empresas relacionadas con el deporte como McLaren, Williams, Renault o Audi, y ha buscado la financiación, pilotos de cierto fuste, escuderías, ciudades por cuyas calles correr y una lista inacabable de detalles necesarios
A algunos ha espantado la ausencia de ruido, las prestaciones poco explosivas de los monoplazas, o un reglamento exótico
Los que sí salieron contentos y no han puesto pega alguna al producto han sido los directivos de Mediaset; las carreras se retransmiten a través del canal Energy


Las iniciales de Agag tienen como protagonista a la letra número uno del alfabeto, y es precisamente ese uno de su propia Fórmula 1 lo que ha sustituido por una E, de eléctrica. El yerno de José María Aznar vio el interés de las autoridades europeas en promover los vehículos eléctricos para con ello limitar la dependencia occidental del petróleo y, viendo que la Fórmula 1 se le resistía, se montó unas carreras por su cuenta tras comprobar que detrás había negocio. 

Ha creado la FórmulaE. Ha sabido llevarse al huerto a la Federación Internacional de Automovilismo, empresas relacionadas con el deporte como McLaren, Williams, Renault o Audi, y ha buscado la financiación, pilotos de cierto fuste, escuderías, ciudades por cuyas calles correr y una lista inacabable de detalles necesarios.

Sus comienzos con el “pelotazo Alonso”

El empresario descubrió el mundo de la velocidad cuando vivía en Londres hace más de una década. Se asoció a Flavio Briatore y se quedaron con los derechos de emisión para el país. Se los colocaron a cambio de diez millones de euros a una TVE controlada por el partido de su suegro, José María Aznar, (el Partido Popular), donde se empezó a labrar el ´pelotazo Alonso´.

Eran los tiempos en los que el ahora bicampeón empezaba a mostrar sus posibilidades. Los derechos eran mucho más baratos que ahora, y con la explosión del asturiano, el precio subió como la espuma. Telecinco se interesó por ellos, y la cadena pública no pujó; la comisión, obviamente se elevó, aunque el bocado grande -se habla del 75%-, se lo llevó el italiano. Desde entonces, Agag Longo siempre le ha visto color al negocio de la velocidad y durante años ha sido propietario de la exitosa escudería Barwa Addax, que compró al que fuera su socio, Adrián Campos. Viendo lo complicado de acceder a la categoría reina ante lo costoso de la empresa, vio claro que el negocio era tener tu propia F1 pero más barata, y se inventó la FórmulaE, algo que no existía.

El público recula ante la iniciativa de Agag Longo

Armar semejante tinglado ha sido una enorme tarea, aunque con un resultado desigual entre los aficionados y observadores. A algunos ha espantado la ausencia de ruido, las prestaciones poco explosivas de los monoplazas, o un reglamento exótico, pero lo que si es cierto es que no hay ninguna competición automovilística como esta, que ha causado un profundo impacto mediático nunca antes logrado por ninguna otra categoría y que servirá de laboratorio rodante para desarrollar tecnologías que muy probablemente acaben en nuestros coches de calle.

El producto es vendido como la puerta al futuro, porque el presente de los vehículos eléctricos apenas roza, y por abajo, lo puramente testimonial con apenas unos pocos cientos de coches. Lo escaso de su autonomía y lo costoso de las mecánicas -en la mayoría de los casos, los modelos equivalentes con motor térmico son más baratos-, echan para atrás a un público que cada vez tiene más información y recula ante experimentos que nunca se sabe como van a acabar, como arrumbados quedaron el vídeo Betamax, las consolas de Atari o el Laser Disc.

Un par de chicas-piloto que dan color al conjunto

Los más agoreros, conociendo el pasado de Agag -un empresario de disparos certeros pero con frecuencia en proyectos de corto recorrido-, ven una posible burbuja económica alrededor de una categoría basada en un eco mediático superlativo, que cuenta con coches relativamente simples(*) circuitos sin confirmar con la temporada ya en marcha, pilotos de pasado relativamente brillante pero sabedores todos ellos que nunca volverán a pisar -los que lo hicieran alguna vez la élite de la F1-, y un par de chicas-piloto, que dan color al conjunto.

Entre los periodistas ya hay apuestas para ver cuándo el promotor puede vender el lote completo, hacerse con un buen fajo en un plan a corto-medio plazo, y que sean las autoridades las encargadas de dar continuidad a una competición en la que son ellas las más interesadas que exista que la propia industria de la velocidad.

El apoyo incondicional e impagable de Paolo Vasile

Curiosamente y a pesar del impresionante reflejo que ha tenido en los medios, ha sido algo no calculado lo que ha llevado a la FórmulaE a estar presente en todos los telediarios del planeta: a falta de unos metros en la primera carrera disputada por las calles de Beijing (Pekín), Nicolás Prost, hijo del tetracampeón del mundo de F1, cerró el pasó al piloto germano Nick Heidfeld, que salió catapultado hacia las protecciones en una espectacular escena. El coche, perteneciente a la escudería Venturi, de la que es accionista el actor Leonardo di Caprio, quedó fuertemente dañado, boca abajo, y se temió por la integridad del piloto. Afortunadamente, el alemán salió del monoplaza por su propio pie sin más consecuencias que el susto. Para sorpresa de todos, el tripulante de la temporal aeronave no fue ayudado por las asistencias, temerosas de que el vehículo fuese capaz de sacudirse de encima algún voltio sobrante y electrocutarse a los acongojados operarios. ¿Que pasará el día que llueva?

Los que sí salieron contentos y no han puesto pega alguna al producto han sido los directivos de Mediaset; las carreras se retransmiten a través del canal Energy. Fue acabar el evento, con un 2,9% de share (supera la media de la cadena de Paolo Vasile), y recibir un aluvión de llamadas de patrocinadores que quieren apostar por acompañar a la FórmulaE tras ver el reflejo especialmente a través de Twitter.

La masa social de los seguidores del automovilismo en España tienden a superar la treintena, pero el trabajo de los hombres de Alejandro Tarik Agag a través de las redes sociales, han atraído a gente mucho más joven. El madrileño ha conseguido algo inesperado: ampliar el mercado hacia abajo (en términos demográficos), y posiblemente prolongarlo según avance la edad de sus seguidores. Agag no tendrá su Fórmula 1, pero sí que ha inventado algo relativamente nuevo.

Pero esta es una carrera informativa de largo recorrido.

(*) Los coches de la FórmulaE tienen un coste de unos 350.000 euros por unidad y mecánicamente difieren poco de un Fórmula3, equivalente en prestaciones en la modalidad de motor térmico. Cada piloto utiliza dos por prueba, y tienen una autonomía que difícilmente superaría los 50 kilómetros, de hecho en Beijing apenas rodaron poco más de 35. La verdadera tecnología a desarrollar es la de sus baterías y la gestión de la energía. Las regulaciones de este año hacen que los monoplazas sean exactamente iguales pero está previsto que modificaciones y mejoras puedan ser implementadas por los equipos a partir del año próximo. Hay universidades y empresas tecnológicas implicadas.