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Por otra parte, Vladimir Putin podría llamar a los Romanoff de vuelta a Rusia

El nuevo ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, el único noble titulado en el gobierno de Rajoy

Junio 28, 2015

Es barón de Claret por derecho propio además de ser pariente lejano de don Felipe por descender de la prolífica reina gobernadora doña María Cristina, viuda de Fernando VII, y de su segundo esposo, el duque de Riansares

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La estancia de los reyes de España en Gerona el jueves pasado con ocasión de la celebración del Fórum IMPULSA 2015 de la Fundación Princesa de Gerona ha dejado una excelente huella entre los presentes, varios de los cuales nos han hablado del ambiente agradable, distendido, y particularmente afable, tranquilo y respetuoso que rodeó a don Felipe y doña Letizia. A diferencia del año pasado, no hubo protesta alguna en la calle, no se escuchó ningún grito desagradable o contrario al rey y a la monarquía en la sede de los actos, y si hubo aplausos y hasta alguna que otra reverencia entre los presentes. “El rey estuvo fantástico”, nos comenta una de las damas presentes, “dio un buen discurso, su catalán es bueno, e hizo varias referencias claras a la unidad de España en presencia del presidente Más”.

Don Felipe recordó que Gerona fue la primera ciudad española que visitó tras su entronización y, según otro de los presentes “se le nota ya que es rey y se perciben en él cambios en términos de presencia en relación con el año pasado. Tanto él como la reina, que estaba muy guapa y se mostró muy simpática, atendieron a todos cuantos estábamos allí con enorme soltura”. Los selfies menudearon tanto que en algún momento aquello parecía un photo call sin duda alguna pesado para los reyes, “que parecían como dos famosos rodeados de admiradores”, y en medio de la distendida recepción alguien pudo apreciar que don Felipe hablaba con el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que le informó del nombramiento de Íñigo Méndez de Vigo y Montojocomo nuevo ministro de Educación. Un noble titulado más en el gobierno de Rajoy, pues el nuevo ministro es barón de Claret por derecho propio además de ser pariente lejano de don Felipe por descender de la prolífica reina gobernadora doña María Cristina, viuda de Fernando VII, y de su segundo esposo el duque de Riansares.

La reina Isabel de Inglaterra declara la guerra a los selfies

Y mientras don Felipe y doña Letizia continúan arando con notables resultados en medio de las dificultades, la familia gran ducal de Luxemburgo se ha revestido de todo boato con ocasión de la fiesta nacional local, y esa tía de todos que es la reina Isabel de Inglaterra, que ha declarado la guerra a los selfies prohibiéndolos tajantemente en su entorno, ha concluido su esperado viaje a Alemania donde ha sido recibida con enormes muestras de deferencia. La reina, que no quedó nada impresionada con el regalo que recibió de las autoridades alemanas -un cuadro representándola a ella de niña montando un pony en compañía de su padre Jorge VI (“¿Qué es esto?, ¿se supone que ese es mi padre?, dijo)-, tuvo la ocasión de reencontrarse con varios de los parientes del duque de Edimburgo (parientes comunes con la reina doña Sofía), durante un almuerzo en Frankfurt al que asistieron los margraves Max y Valerie de Baden, el príncipe Jorge Federico de Prusia, jefe de la familia imperial de Alemania, y su esposa la princesa Sofía, y los landgraves Donatus y Floria de Hesse. Un encuentro familiar muy esperado habida cuenta del alejamiento al que desde la Segunda Guerra Mundial se sometió en Inglaterra a los parientes del duque de Edimburgo por sus relaciones con el régimen Nazi.

Y un viaje escrutado al minuto por la prensa en el que la reina Isabel no dejó de lucir gran aderezo de tiara y collar de rubíes y diamantes, en los mismos días en los que se ha sabido que la singular Pamela Anderson, la exuberante vigilante de la playa, acaba de recibir el increíble título de condesa de Giglio de manos de un falso príncipe de Montenegro denominado Stefan Cernetic, que dice ser jefe de la familia que gobernó sobre Montenegro, Albania y Serbia entre los siglos XIV y XVIII. 

¿Posible estatus especial a los miembros de la familia imperial rusa?

Más visos de veracidad tienen por el contrario las noticias que llegan desde Rusia, según las cuales es altamente probable que el presidente Vladimir Putin pueda llamar a los Romanoff de regreso a la Madre Rusia. El nuevo y todopoderoso zar Putin, cuya política expansionista parece querer recuperar las fronteras del imperio zarista anteriores a 1918 habiéndose hecho ya con las Costas de Crimea en las que veraneaban tradicionalmente los zares, sacaría ventaja de ese movimiento que podría ayudarle a legitimar la unificación de la supremacía del Kremlim sobre las tierras rusas. Hace tan solo unos días Vladimir Petrov, un jurista del partido de Putin, anunciaba posibles planes de reconocer un estatus especial a los miembros de la familia imperial con ocasión del bicentenario de la caída definitiva de los Romanoff en 1917. En esa línea de actuación, Petrov ha afirmado que “a lo largo de la historia de su reinado, la dinastía imperial de los Romanoff fue uno de los pilares de la soberanía rusa. El país pasa ahora por un difícil proceso de restauración de su grandeza, y en su lucha por el regreso a la influencia global los miembros de la Casa Romanoff no pueden ser tenidos al margen”.

Por tanto ya se ha dirigido por carta a los dos figuras de la familia que, en oposición abierta entre ellos, reclaman para sí la jefatura de la casa imperial. Por un lado la madrileña gran duquesa María Wladimirovna, y por otro el príncipe Dimitri Romanovitch residente en Dinamarca, decano de la familia, y actual presidente de la asociación familiar que representa al resto de los Romanoff. Pero un acuerdo entre ambas ramas familiares, enfrentadas desde hace muchas décadas, no se presenta fácil amén de las reticencias que la familia que representa el príncipe Dimitri ha mostrado siempre frente a los posibles manejos de un poder político con pocos escrúpulos, que podría convertir a los Romanoff en meras marionetas útiles en manos de Vladimir Putin. Sin embargo, ya se habla de la cesión para uso de la familia imperial de varios palacios como el de Pavlovsk, cerca de San Petersburgo, o el de Livadia, en la Costa del Mar Negro.

Ricardo Mateos