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El nuevo duque de Alba, Carlos Fitz-James-Stuart, ordena su Casa y pone en marcha cuatro nuevas grandes vías de financiación

Enero 25, 2016
alba

El reciente acuerdo final entre Alfonso Díez y el nuevo duque de Alba, Carlos Fitz-James-Stuart, tan aireado en la prensa en los últimos días, supone un hito más en el largo y complejo proceso de reordenamiento de la casa de Alba emprendido tras la muerte de todavía añorada doña Cayetana en noviembre de 2014. Un pacto que parece que ha satisfecho a todas las partes, pues según Alfonso Díez se ha atenido a los deseos de la difunta duquesa y para el nuevo duque ha representado una reducción más que sustanciosa de los bienes de los que habría podido desprenderse, pues si en un principio los abogados del viudo consideraron que éste tenía derecho a nueve millones de euros él se limitó a solicitar seis para evitar tensiones y largos y farragosos pleitos, y en última instancia todo ha quedado en tres. Pero tres millones en dinero y no en bienes muebles, hecho que evita a Alfonso tener que desprenderse de objetos que podrían estar imbuidos de valor sentimental, y también tener que proceder a ventas o a subastas que fácilmente podrían airearse en la prensa, que no deja de seguir sus pasos, con las consiguientes críticas y especulaciones en relación con su persona en un hombre de talante sobrio. Una suma más que notable a la que se suman la propiedad de su casa de Sanlúcar de Barrameda, por el momento cerrada a cal y canto y de cuya hipoteca se hace cargo la Casa de Alba, y una pensión de 3.000 euros mensuales también a cargo de la Casa, que vienen a unirse a su propia pensión de funcionario del Estado jubilado. En suma, una situación más que desahogada que, por otra parte, deja su conciencia tranquila.

Pero este significativo acuerdo se enmarca en la política de redefinición de la casa y de saneamiento de sus cuentas y su patrimonio que Carlos Fitz-James-Stuart decidió emprender tras los lutos de rigor que siguieron al fallecimiento de su madre. En primer lugar atendió a las lógicas cuestiones protocolarias y de fijación de los títulos nobiliarios de los miembros de la casa, a la que ya no pertenecen sus hermanos que, por las generosas distribuciones de Cayetana antes de su fallecimiento, ya son cabeza de sus propias casas nobiliarias: Alfonso la muy poderosa casa de Hijar, Jacobo la de Siruela,  Fernando la de San Vicente del Barco, Cayetano la de Arjona y Eugenia la de Montoro. Para ello rápidamente solicitó la sucesión de las 39 mercedes nobiliarias a las que tenía derecho: cuatro ducados, un condado-ducado, un marquesado, y cinco condados, todos ellos con Grandeza de España anexa, y otros quince marquesados, once condados, un vizcondado y un señorío sin Grandeza. Sucesiones que le fueron prontamente reconocidas por el Ministerio de Justicia por tratarse del paso directo de madre a hijo, al tiempo que en noviembre pasado solicitó para su primogénito, Fernando, el ducado de Huescar que es el propio de los herederos de la Casa de Alba.

Las nuevas  cuatro grandes vías de financiación de la Casa de Alba

Capítulo aparte ha sido después la necesaria gestión del enorme patrimonio de una Casa siempre escasa de efectivo por el alto coste del mantenimiento de tantos bienes muebles e inmuebles. Una gestión que ha ido en busca de nuevas fuentes de ingresos y que va más allá de la clásica explotación agrícola, de las inversiones en el ámbito empresarial, o de la a día de hoy muy insegura especulación en Bolsa, pues sabemos de al menos dos aristócratas, uno español y uno francés, que perdieron algo más de cuatro millones de euros en el gigantesco fraude bursátil de Bernard Madoff. Así, el nuevo duque ha puesto en marcha cuatro grandes vías de financiación más rentables, más concretas y más seguras: la promoción de la exposición itinerante de “Los Tesoros de la Casa de Alba”, que ya tuvo un gran éxito en Dallas en el otoño pasado; la apertura al público del palacio sevillano de las Dueñas que Cayetana dejó en herencia a su nieto Fernando, primogénito del nuevo duque; la puesta en marcha de toda una gama de productos gourmet de calidad singular como aceites, ibéricos de Guijuelo, dulces y chocolates, turrones, galletas, miel, carne de vacuno, naranjas  y hasta cerveza artesanal elaborada en una finca de Cáceres, avalados con el sello de la casa y procedentes de sus fincas andaluzas como la de Aljobar en Sevilla, para la que ha querido contar con el apoyo de su hermano Cayetano, y, por último, la venta directa de ciertos objetos artísticos e históricos de gran valor.

Ya en vida de la duquesa Cayetana la perentoria falta de efectivo se buscó solucionar con la venta del cuarto de baño estilo art-nouveau del palacio de Liria diseñado por Armand Rateau en los años 20, que generó seis millones de euros. Posteriormente, ya en mayo de 2015, Carlos Fitz-James-Stuart emprendió gestiones para la venta de una valiosa carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos, valorada en 21 millones de euros, topándose con la prohibición taxativa de que el documento saliese de España según dictaminó el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Un cuadro que les ha reportado 18 millones de euros

Pero en los últimos días si pudo finalmente cerrar la venta al Museo del Prado del emblemático cuadro de Fra Angelico, La Virgen de la Granada, que ha llevado 18 millones de euros a la casa a pesar de que la tasación de la valiosa obra ha sido muy a la baja, y de que la venta ha ido acompañada de una donación para el museo de otra pieza menor del mismo artista renacentista que representa una escena del entierro de San Antonio Abad. Como era de esperar no han faltado las críticas a esta venta de patrimonio histórico, pero ¿cómo poder mantener de otro modo un patrimonio tan ingente, y en realidad tan pétreo, repartido por tantos puntos de España?

No cabe duda de que Carlos Fitz-James-Stuart, que en privado firma su correspondencia como Carlos Stuart recordando con ello a quien no lo sepa que es descendiente, aunque sea por vía ilegítima, de los reyes de Escocia y de Inglaterra, que los Alba han llevado siempre con tanta gala y orgullo, está ordenando su casa y que busca hacerlo con acierto. Émulo de su abuelo, el cosmopolita duque Jimmy, no cuenta con el carácter seductor de su madre pero sus actos demuestran de forma clara que se considera el perpetuador de una gran Casa que, incluso entre la propia nobleza titulada, se considera colocada por encima del resto de las otras grandes Casas históricas.

Ricardo Mateos