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El alemán se encamina hacia su cuarta corona

El nombre de Vettel envenena los sueños de Alonso

Septiembre 22, 2013

Es imposible, no pueden con él. Si había esperanza, ya no la hay. Sebastian Vettel es un proyectil que acelera su trayectoria de manera sólida y constante hacia su cuarto entorchado consecutivo mientras que el resto se va quedando por el camino.

Lo peor no es esto, sino que en lugar de ralentizar su ritmo, va a más y en ciertas partes de la carrera de Singapur, las estrellas que no pagaron su asiento -que para eso era carrera nocturna- llegaron a ver a un germano desatado que sacaba más de dos segundos al resto de contrincantes. Si no hubiera salido el Safety Car tras el accidente de Ricciardo, y de haber mantenido ese ritmo durante toda la prueba, hubiera doblado prácticamente a toda la parrilla. El resto cae como una piedra en el agua, mientras que él apunta hacia las nubes.

El de Red Bull “tan sólo” necesita ser tercero en las seis carreras que quedan para proclamarse de nuevo Campeón del Mundo, y en sus cálculos está el serlo mucho antes del fin de esta temporada, concretamente en el GP de India, dentro de tres citas, y mal le tiene que ir para que no salga coronado tras la prueba de Abu Dhabi, a dos del final. Podría haber otorgado dos carreras de ventaja al resto para conseguir idéntico resultado.

La mejor temporada de Vettel

El tricampeón azul está haciendo probablemente su mejor temporada, constante como un reloj suizo, preciso como un francotirador canadiense y rápido como un misil ruso. Eso, y el inexplicable avance técnico de su coche cuando lo lleva él -no tanto en manos de su compañero Webber– hacen de su participación algo que no sólo empieza a ser aburrido, sino que se granjea de manera casi sistemática los abucheos del respetable en cada podium. La gente quiere ver lucha, no un paseo militar con dominación programada de antemano. El público que paga es muy dueño de expresarse, pero el piloto no merece esto; se juega el tipo como todos sobre el asfalto, y si domina, es porque puede… y el resto no se lo ha ganado.

El que tampoco merece quedar donde queda es Alonso, segundo en Singapur tras una de sus fulgurantes salidas, que le llevó de séptimo a tercero antes de la primera curva. El de Oviedo realizó una carrera perfecta con un coche al que se le anunciaron mejoras pero su deficiente clasificación del sábado delataba que las últimas evoluciones técnicas no mejoraban gran cosa, por no decir directamente nada. Los italianos dijeron que si en Singapur no le veían color al tema, arrojarían la toalla, y puede que su rendimiento en lo sucesivo vaya incluso a peor porque color, lo que se dice color, pues poco.

El papel Alonso

¿Qué puede hacer Alonso a estas alturas? Nada. No puede hacer nada. Pelea como un jabato, avanza puestos como nadie en carrera, pero corre con los pies metidos en un caldero de cemento de color rojo que se los tiene atrapados. Su coche, sin ser malo del todo, no tiene ritmo ni nivel para dar alcance al imparable RB9 del alemán que va camino de ser el tetracampeón más joven de la historia y que acaba de adelantarle en número de victorias, con 33 por 32 del asturiano. A este paso y a su edad, atrapará el palmarés de Schumacher antes de cumplir los treinta.

La única manera de detener a Vettel en su cabalgada azul es conseguir que tenga un coche peor, porque el resto es incapaz de mejorar los suyos. Hasta que no se rompa el matrimonio Vettel-Red Bull-Newey, la tónica va a ser similar, a menos que a alguien se le ocurra algo mejor y esos pueden ser… Mercedes y su rumoreado motor más potente que el resto. Lewis ya se está frotando las manos. Mientras, a Vettel ya le están preparando una piscina repleta de champán.

José M. Zapico/Virutas
@VirutasF1