Menú Portada
Desde la pinacoteca madrileña dirigida por Manuel Borja-Villel muestran una tranquilidad inusitada

El Museo Reina Sofía adquiere 26 obras por 350.000 euros días después de ser reprendido por el Tribunal de Cuentas por la “marcada debilidad” del control de adquisiciones

Marzo 5, 2015

La poca transparencia del centro ha impedido conocer el número de empleados ni su organigrama funcional y, además, el Museo no cumple ni siquiera “mínimamente” sus propias normas
Cerca de 288 millones de euros de la cuenta de “Bienes del Patrimonio Histórico” no han podido ser verificados
El 85% de los contratos firmados en 2013 fueron otorgados sin publicidad: "Únicamente 4 contratos se adjudicaron por procedimiento abierto" 


Uno de los siete Padres Fundadores de Estados Unidos de América, el polifacético científico, político e inventor Benjamin Franklin dijo en una ocasión que “el camino hacia la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”. Tres siglos más tarde, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) es reprendido por no cumplir con ninguna de las dos premisas para arribar a una buena situación económica. Primero, por no cumplir con la máxima del ahorro. Recientemente, la galería madrileña ha adquirido un total de 26 obras en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO), 2015 por el montante total de 348.884 euros. Las piezas son creaciones de doce artistas entre los que se encuentran los españoles Nacho Criado, Luis Castellanos, Pep Duran, Fernando Sinaga y Julia Spínola y los internacionales Eric Baudelaire, Miriam Cahan, Harun Farocki, Beatriz González, Dura Maurer, Leticia Parente y Mladen Stilinovic.

Pero, ¿cómo se han realizado estas compras? El Informe de Fiscalización del Museo, dirigido por Manuel Borja-Villel, sobre el ejercicio 2013 y aprobado recientemente, muestra a la pinacoteca como un territorio sin ley donde todo es permitido. La segunda premisa para tener una economía boyante -el trabajo-, tampoco se ha cumplido. Esta falta de control ha afectado al capítulo de la compra de obra de arte: “Al otorgamiento, renovación y levantamiento de depósitos temporales a favor de terceros; y a los préstamos temporales de obras de arte, concedidos por terceros al museo o de éste a otras instituciones”. El Comité artístico del MNCARS encargado de dar solidez al sistema de control interno de adquisiciones que “carece de previsión normativa y estuvo integrado por tres personas ajenas al museo, ni tuvo competencias formal y detalladamente asignadas, ni se reunió periódicamente, ni se levantaron actas de las sesiones”. Es este hecho determinante para que el Tribunal de Cuentas dejé en evidencia el método de adquisición de piezas artísticas y subraya: “La marcada debilidad en una parcela de gestión de la entidad que cabe calificar como relevante”. Precisamente, en el ejercicio de examen (2013), el Museo compró 171 obras de arte de las que no figura no el coste unitario y total en la Memoria de las Actividades. Cabría pensar lo mismo, si no se hubiese corregido esta deficiencia, sobre las 26 obras que el centro se apropió en ARCO 2015.

La dejadez del actual equipo de dirección

El apartado más apuntillado es el que rige el cumplimiento de la legalidad. El Tribunal de Cuentas observa una serie de “incumplimientos” relacionados con la aplicación de la normativa del propio Museo, como la falta de aprobación de los principios de organización, de la estructura orgánica, de la plantilla y de la propuesta de régimen retributivo y del organigrama funcional previsto en dicha normativa “entre otras herramientas de gestión previstas en la normativa del museo”. De este análisis se desprenden dos datos reveladores: el órgano fiscalizador no ha podido determinar el número de empleados ni el organigrama funcional del Museo y, además, el centro no cumple ni siquiera “mínimamente” la ley que le incumbe ni sus propias normas.

Esta dejadez deviene de un control inexistente. El Tribunal de Cuentas sintetiza que “no han existido unos principios de dirección ni unas directrices generales de actuación formalmente aprobadas”. La carencia de cualquier atisbo de control o coordinación “condiciona negativamente la capacidad y calidad de la gestión de las actividades del museo”.

“Salvedades contables”

En su estudio, el Tribunal de Cuentas ha detectado una serie de “salvedades contables” que para ser corregidas precisan de un pronunciamiento de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE).

Entre estas incidencias destacan “carencias de información” que han impedido realizar el correcto ejercicio del análisis fiscal, especialmente en los bienes del inmovilizado del Museo. Este problema resalta también en la aplicación del principio de devengo que “no se ajusta a la realidad” y que se ha “incumplido” en una parte significativa de los ingresos. Además, la memoria sólo informa de “manera parcial” sobre el coste de las actividades desarrolladas por el Museo. Hay que señalar también la ausencia de un manual de contabilidad específico para la Entidad y una serie de “deficiencias” en la información contable y en el ámbito de la tesorería.

La opacidad del Museo Reina Sofía también ha provocado que el saldo de la cuenta de ´Bienes del Patrimonio Histórico´ que alcanzaba los 288 millones de euros a finales de 2013, no haya podido ser verificado. El proceso de inventario de bienes no artísticos, comenzado en 2010 y que hasta el momento no ha dado frutos, incrementará el gasto de los ejercicios futuros.

La poca transparencia se ha apoderado también del ámbito contractual. En 2013 el MNCARS adjudicó un total de 26 contratos administrativos, por importe de 7.931 euros, de los que el 85% (22 contratos) fueron otorgados sin publicidad: “únicamente 4 contratos se adjudicaron por procedimiento abierto”. 

Normalidad desde el Museo

La reacción del MNCARS no se ha hecho esperar. El Museo ha enviado un comunicado en el que asegura que “las cuentas anuales del Museo Reina Sofía, correspondientes al ejercicio 2013 reflejan adecuadamente, en sus aspectos más significativos, su situación financiera y patrimonial, el resultado del ejercicio y la liquidación de su presupuesto y contienen la información necesaria y suficiente para su correcta interpretación y comprensión, de acuerdo con los principios, criterios y normas contables que le eran de aplicación, excepto algunas salvedades que se detallan y que prácticamente en su totalidad están referidas a diferencias de criterios contables”.

El centro de arte se ha apresurado a quitar hierro a estas salvedades asegurando que “carecen de la transcendencia necesaria para alterar la representatividad de las cuentas” y “son consecuencia de las características contables específicas del Museo y su corrección requiere un pronunciamiento de la IGAE”, valiéndose de fragmentos del dossier emitido por el Tribunal de Cuentas.

Sobre la escasa transparencia reflejada en algunos puntos, el Reina Sofía asegura que “no se han producido limitaciones que hayan impedido cumplir los objetivos previstos, habiendo prestado adecuadamente su colaboración los responsables del Museo”.