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La Guardia Civil investigó las posibles infidelidades conyugales del marido por si hubiese algún nexo con el asesinato, pero acabó descartando esta hipótesis

El misterio del crimen de la enfermera Luisa Rincón, asesinada de una brutal paliza en un paraje agrícola de Álava, perdura 24 años después

Junio 16, 2014
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El cadáver de la enfermera donostiarra María Luisa Rincón Rivera, de 36 años de edad y madre de tres hijos, fue hallado el 18 de junio de 1990 en una finca sembrada de colza, en la localidad alavesa de Ollábarre. La autopsia reveló que había sido asesinada el día anterior; presentaba golpes en la cabeza, la cara y el tórax, le habían destrozado las costillas y se había desangrado.

El cuerpo estaba próximo a un camino rural, a unos 15 kilómetros de Vitoria. A unos 500 metros de distancia, en una cuneta, apareció un vehículo propiedad de su familia, aunque no era el que Luisa empleaba habitualmente. El automóvil tenía las puertas abiertas y la radio estaba encendida. Los familiares explicaron que la víctima había salido de casa la tarde anterior para comprar algunas cosas. El crimen causó una honda conmoción en Alava, por la brutalidad del mismo y porque el marido de Luisa Rincón era un eminente cardiólogo y alto cargo de Osakidetza, el servicio vasco de salud, muy conocido en Vitoria. Ella trabajaba en el Hospital de Txagorritxu. Las investigaciones se prolongaron durante semanas, pero lo único que pudo aportar la Guardia Civil al juez es que la enfermera había sido “víctima de un homicidio o asesinato sin móvil ni autor conocidos”.
 
La infidelidad como hipótesis de trabajo
Fue el marido de la víctima quien denunció la desaparición, hacia las 2 de la madrugada del 18 de junio. La familia residía en un chalé en el pueblo de Víllodas, a menos de 5 kilómetros de donde apareció el cadáver. El marido explicó que Luisa había salido de casa a las 13:30 de la tarde anterior en dirección a Nanclares de la Oca para comprar aperitivos y refrescos, ya que esa tarde España se enfrentaba a Corea del Sur en los Mundiales de Italia, y tenían pensado ver el partido en familia. Unos vecinos de Montevite, la zona donde apareció el cadáver, dijeron haber visto un vehículo blanco, como el de la víctima, que ascendía por una pista forestal en dirección al campo de colza. Eran las 2:45 de la tarde. Sin embargo, no pudieron divisar quién iba en su interior porque estaban a más de 500 metros.
 
Los agentes realizaron pesquisas en el entorno extra familiar de la fallecida, pero no descubrieron amistades ni relaciones extrañas. Un abogado vitoriano, Xabier Añúa, reveló que, dos meses antes del crimen, la mujer acudió a su despacho para conocer en qué situación quedarían sus hijos y ella si decidía separarse de su esposo. El propio viudo de Luisa Rincón, el doctor Angel Loma-Osorio, fue interrogado por la Guardia Civil como sospechoso, aunque los investigadores admitieron que era sólo una hipótesis de trabajo, una más. La familia de Luisa abundó en este asunto y explicó que la enfermera estaba convencida de que su marido le era infiel y ella se veía en una situación sin salida. Quería separarse, pero –según los familiares- él alegaba que estaba loca y la amenazaba con quitarle a los hijos. Ante la falta de avances en la investigación, el juez decidió sobreseer el caso.
 
Sospechas de dar “carpetazo” al crimen
 
Las hermanas de Luisa Rincón creen que se ha echado tierra sobre el caso, que se ha tapado esta muerte por todos los medios. Según explican, ni siquiera se investigaron los restos de piel de otra persona que la víctima tenía bajo las uñas, tal y como extraoficialmente les informaron desde la Guardia Civil. Los vecinos de Víllodas siguen recordando con horror un crimen tan espantoso y se lamentan de que haya quedado impune la muerte de una persona a la que no dudan en calificar de “excelente, amable y volcada en su trabajo y su familia”.
 
Dicen que no se investigó a fondo, como si alguien tuviese interés en dar carpetazo al caso rápidamente. En el nicho C27 de la calle San Marcos del cementerio de El Salvador, en Vitoria, reposan los restos de Luisa Rincón junto con el misterio de su asesinato.
 
José Manuel Gabriel