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El Gobierno lanza mensajes de tranquilidad para paliar la crisis del virús al tiempo que surge el segundo contagio de una sanitaria en Estados Unidos

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, anunció la adquisición de mascarillas NBQ para la Guardia Civil horas después de la confirmación del contagio por ébola de Teresa Romero

Octubre 15, 2014

La partida de casi 60.000 euros tiene como destino la compra de estos equipos de protección individual que resguardan de la exposición directa ante agentes químicos o biológicos y que son los usados por los sanitarios en la lucha contra esta enfermedad

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No hay persona en España con capacidad de trasmitir la enfermedad por el virus del ébola más allá de la propia paciente ingresada”. La afirmación, contundente dados los tiempos que vivimos peligrosamente, la suscribe el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Comité Científico, Fernando Rodríguez Artalejo. El motivo de tan rotunda aseveración, el cuadro asintomático que presentan aquellas personas, todavía en observación, que se expusieron a contacto con Teresa Romero. El tiempo que ha llevado a la comunidad científica y al Estado a poder lanzar un mensaje de tranquilidad de esta índole, una semana entera -7 días-. Los costes del proceso: pánico colectivo, incontenibles quejas, gastos elevados (provocados por el sinsentido de los recortes previos), inoperancia gobernante y, lo que es peor, un sistema sanitario, político y social patas arriba, puesto en entredicho por la población mundial y guardado en las hemerotecas de aquello que no se debe hacer.

Pero, ¿qué ha pasado realmente en estos siete días por la cabeza del Gobierno? Es todavía ahora cuando parece que la calma empieza a querer asomar la cabeza por el horizonte de la tempestad. Teresa Romero “ya se levanta, ya se sienta, toma líquidos y está muy animada” tal y como reconocía ayer una prima de la afectada. La carga vírica desciende y parece estar cada vez más controlada. De todos modos, el pronóstico de la auxiliar de enfermería gallega sigue siendo grave y todavía no se pueden descartar nuevos casos de ébola. Más bastos pintan para Estados Unidos dónde también ayer se confirmaba el segundo caso de contagio en otra sanitaria que también se encargó, al igual que la otra trabajadora infectada, Nina Pham, del cuidado del liberiano Thomas Eric Duncan en el Hospital Presbiteriano de Texas. Del otro lado del charco, dicen, “estamos preparándonos para más casos; es una posibilidad muy real”.

Sólo una semana para recibir ofertas

Tras el sacrificio de Excalibur o las bochornosas primeras ruedas de prensa de la ministra Ana Mato, se unen ahora las vacilaciones del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. El pasado miércoles 8 de octubre, apenas un día después de que los dos análisis efectuados a Teresa Romero dieran positivo, la Plataforma de Contratación del Estado publicaba el anuncio de “adquisición de máscaras NBQ con filtro para la Guardia Civil con un presupuesto cercano a los 60.000 euros (58.249,4 euros). Y además, parece que hay prisa, si tenemos en cuenta que las ofertas sólo tienen de plazo hasta el 16 de octubre, apenas una semana después de la publicación de los pliegos.

Misma protección que los sanitarios

Las mascarillas Nuclear Biológico Químicas (NBQ) son un elemento de la indumentaria de protección individual empleada por militares y otros profesionales, para resguardar el torso y las extremidades de la exposición directa ante agentes químicos, biológicos y para evitar el contacto con partículas radiactivas. Esto es, idénticas a las usadas por los sanitarios en la lucha contra el ébola. La Guardia Civil se apresuró a lanzar este contrato unas horas después del descalabro nacional que hizo temblar los cimientos de la sanidad española.

El cuerpo de seguridad pública adscrito al Ministerio del Interior está dirigido por Arsenio Fernández de Mesa, otro experto en crisis que ya dejó patente su buen hacer en el desastre del Prestige siendo delegado del Gobierno de España en la Comunidad Autónoma de Galicia.

No sabemos hasta cuándo va a perdurar la crisis del ébola y por cuánto tiempo se cernerá la sombra del virus sobre nuestra sociedad, pero, a la vista de los acontecimientos, lo que parece inevitable son los bandazos erráticos de un Gobierno desnortado.