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El pasado 18 de diciembre la Comisión Interior del Congreso reafirmaba en un sistema peligroso e ineficaz

El Ministerio del Interior rechaza la retirada de las cuchillas de las vallas de Ceuta y Melilla y prevé 10 millones de euros para el contrato que regirá su mantenimiento

Enero 7, 2014

La subdirección general de Gestión Económica y Patrimonial adjudicará los “servicios de mantenimiento integral de las instalaciones de los perímetros fronterizos de España con Marruecos en las Ciudades Autónomas de Melilla y Ceuta”
El sistema de cerramiento está compuesto por alambrada original, doble vallado perimetral, postes metálicos, travesaños, malla metálica, flejes dinámicos antisalto y concertina, sirgas, perfiles metálicos, tubos de unión de perfiles y cimentación y puertas

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Quien no quiere una taza de caldo, le dan dos. Buena parte de la ciudadanía española clamaba por la retirada de las cuchillas que desgarran las esperanzas que los inmigrantes depositan en su ímpetu por cruzar la línea que separa su continente del nuestro. Una vez más, en lugar de escuchar las críticas más que razonadas, el Gobierno Central ha decidido optar por su práctica impositiva. Tras pasar por comisión, parece que el Ministerio del Interior se reafirma en su error.

“Las cuchillas cortan y cortan mucho, pero como el Gobierno no va a Melilla, les traemos las cuchillas para que las vean”, así presentaba el diputado socialista, Antonio Trevín las hojas afiladas que pueblan la valla melillense en la cámara baja de las Cortes españolas. La estrategia no surtió efecto y días después, la Comisión Interior del Congreso rechazaba -miércoles 18- la retirada de las cuchillas de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, así como las alternativas presentadas por la oposición, aduciendo, en palabras del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que “no existe una alternativa tan eficaz”. Mientras tanto, contra las verjas se sigue descuartizando la vida de miles de inmigrantes.  

Inefectiva y cara

Quizá el clamor del pueblo español sería mayor si supieran el coste que supone al erario público el mantenimiento de las dos vallas que nos separan de Marruecos. Tan solo cinco días más tarde de reafirmarse en un sistema poco efectivo -las cuchillas no impiden que se salte la valla fronteriza- pero altamente peligroso -provocan profundos cortes a los inmigrantes-, la subdirección general de Gestión Económica y Patrimonial, publicaba, por orden del Ministerio del Interior, el expediente relativo a los “servicios de mantenimiento integral de las instalaciones de los perímetros fronterizos de España con Marruecos en las Ciudades Autónomas de Melilla y Ceuta”. El valor estimado del contrato, un potosí: casi 10 millones de euros (9.754.183 euros).

En concreto, este paquete que será adjudicado mediante un procedimiento restringido, está conformado por dos lotes: uno para el mantenimiento del perímetro fronterizo de la Ciudad Autónoma de Melilla y otro para la Ciudad Autónoma de Melilla.

Vallas antipersona

El punto más escabroso del convenio, es sin duda alguna el cerramiento y vallado de la frontera. Según el pliego de prescripciones técnicas, los cerramientos-vallados “son elementos pasivos que delimitan físicamente la línea fronteriza perimetral y están conformados por una valla original y un cerramiento que consiste en un doble vallado”.

El sistema está compuesto por una alambrada original, doble vallado perimetral, camino de mantenimiento, zona estéril, camino de vigilancia, postes metálicos exteriores, postes metálicos interiores, travesaños, malla metálica, mallazo, flejes dinámicos antisalto y concertina, sirgas y sirga tridimensional, perfiles metálicos, tubos de unión de perfiles, cimentación y puertas (interiores y exteriores). “La alambrada original marcando la línea de frontera se ubica en la parte externa del doble vallado perimetral, está formada por una helicoidal y un hilo corrido de espino sujeto mediante perfiles de hierro”.

En lugar de echar freno a esta práctica demoledora, el Estado sigue apoyando una opción ineficaz, cara y peligrosa para los inmigrantes. Un juego de suma cero en el que nadie gana, al menos, a simple vista.