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El anuncio de Zapatero de crearlo fuera de Cultura, una prueba más de la improvisación en que vive el Gobierno

El Ministerio de Deportes, entre el despilfarro y la patochada

Noviembre 27, 2008

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, anunció como ya saben todos ustedes la creación de un futuro Ministerio de Deportes cuando se produzca una remodelación ministerial. El caso no tiene fecha, pero parece que todo obedece a una “ocurrencia” del presidente, no pensada y ni tan siquiera comentada con su propio equipo. Lo absurdo o innecesario del suceso sólo es fiel reflejo de la improvisación en que se mueve el Ejecutivo de La Moncloa, necesitado de golpes de efecto populistas tras los cuales no se esconde nada. Lo mejor del anuncio, la cara que se le quedó al secretario de Estado para el Deporte, el viajero Jaime Lissavetzky.

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Igual es algo que produce el cargo, pero no me negarán la similitud de los personajes. Me explico. Habrán oído hasta la saciedad que al ex presidente José María Aznar se le subió el cargo a la cabeza y cada día se parece más a su guiñol. Si lo piensan convendrán en que la definición no puede ser más acertada y divertida. Pues al actual presidente, Zapatero, le está pasando lo mismo. Cada día es más el comic “ZP” que el presidente de la octava potencia económica mundial –cómo estarán las demás, por cierto-.
Uno no sabe si fue el presidente Zapatero o su comic “ZP” quien anunció la futura creación de un ministerio para el deporte. ¿Realmente era una idea madurada, o una simpleza más para agradar a la concurrencia? Más bien parece lo segundo porque el hecho no se sostiene por ningún lado. ¿Se puede crear un ministerio con un presupuesto de 3.000 millones de euros? ¿Tiene sentido gastarse más en infraestructura que en ayudas a la propia actividad? No, evidentemente no, pese a que en la Comunidad de Madrid haya consejería de Deportes y en Cataluña la quieran crear.
Prueba de que Zapatero ni pensó lo que dijo fueron las caras de la ministra de Cultura y del secretario de Estado cuando le oyeron. Asombro y no saber para dónde mirar. La una porque perderá un trozo de poder; el otro porque volverá a verse en el alero hasta que le nombren ministro o le pongan donde hace tiempo que se merece estar.

Una materia transferida a las comunidades autónomas

Ningún país de la Unión tiene este ministerio, pese a que los grandes países destinan al deporte mucho más dinero. Como ya saben, la gestión deportiva en España está delegada en las federaciones, entidades privadas pero con subvención estatal por lo que están sometidas a control económico. Bueno, esa es la teoría porque la realidad es bien diferente. Y tampoco hay que olvidar que las competencias sobre deporte están transferidas a las comunidades autónomas. La Secretaría de Estado para el Deporte se supone que es el administrador general de todas ellas y poco más. Si el volumen de trabajo se refleja en la actividad del secretario de Estado la verdad es que no debe ser mucha, ya que destina un tercio de su tiempo a viajar. Estaríamos simplemente en un cambio de nombre, pasando a llamarse el Consejo Superior de Deportes como Ministerio de Deportes. Lo de crear más cargos, más viajeros y más tragones, la verdad, en época de crisis, es un despilfarro.
Claro, que conociendo a Zapatero, lo normal es que lo cumpla. Presidente efectista donde los haya, a buen seguro que como alguien le diga que esto es una estupidez más, se empecina y lo pone en marcha. Y los del PP han dado el primer paso. Ayer, la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, calificó de “auténtica frivolidad” la creación del Ministerio de Deportes. Y añadió que “hay que evitar patochadas y gastos superfluos. Antes de crear una nueva infraestructura en un momento de crisis se debería reflexionar sobre la utilidad que se le va a sacar“.
Miedo me da. Como la oposición se manifieste en contra de forma beligerante, habemus ministerio. Claro que si en Génova piden opinión a sus diputados y senadores, tendrán que callarse. Sólo hay que recordar la intervención de la senadora Miriam Blasco con motivo de la comparecencia de Lissavetzky en el Senado para darse cuenta en qué manos ha puesto la oposición el deporte. Sólo le faltó hacerle la ola, cuando hay montones de temas para ponerle en la picota un día sí y otro también. De eso se aprovecha Zapatero, de que no tiene enemigo.