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Dos personas, padre e hijo, fueron juzgadas por estos hechos, pero fueron absueltas al afirmar unos testigos que se encontraban en otro lugar cuando se produjo el crimen

El mendigo Hilario Fraile fue asesinado a hachazos, hace 18 años, en una barriada de Éibar

Noviembre 24, 2013
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Pocos días después del descubrimiento del cadáver de Fraile, la Policía detenía en la calle a Josu Endika Iriondo, al existir sospechas de que se dedicaba al tráfico de drogas. Una vez en Comisaría, Iriondo niega su relación con el narcotráfico, pero comienza a presentar síntomas de desasosiego y agitación nerviosa con el paso de los minutos. Cuando los agentes le presionan un poco, el detenido se derrumba y les dice que está dispuesto a “cantar” los nombres de los asesinos de Hilario Fraile. Los Policías se quedan estupefactos: lo que comenzara como una investigación de rutina sobre drogas les puede poner en bandeja la resolución de un espantoso asesinato. Todo un golpe de suerte.

Rematado mientras agonizaba

Endika Iriondo empieza a hablar del crimen, y lo hace largo y tendido, con profusión de detalles. Acusa a Roberto Fernández Castañares y a Iñaki Fernández Tena, padre e hijo, de ser los autores materiales del asesinato de Hilario Fraile. Cuando los investigadores se interesan por este conocimiento exhaustivo de los hechos, el detenido confiesa que se encontraba presente cuando mataron al mendigo. Iriondo es trasladado al Juzgado, donde se ratifica en su declaración en comisaría y es acusado de un presunto delito contra la Administración de Justicia, por no haber informado inmediatamente de los graves hechos delictivos que conocía. Queda en libertad a la espera de juicio, mientras que los Fernández son detenidos en Éibar e ingresan en prisión.

Aunque Roberto e Iñaki Fernández reconocen que trataban frecuentemente a la víctima, niegan estar implicados en su asesinato, y aseguran que cuando llegaron a la vivienda de Fraile, éste ya estaba muerto, por lo que se asustaron y se marcharon de allí. La Policía, sin embargo, ya había podido establecer -en gran medida gracias a la confesión de Josu Endika Iriondo-, el relato de lo que ocurrió aquel 27 de noviembre de 1995: Roberto Fernández, Iñaki Fernández y el propio Iriondo se dirigieron a la infravivienda de Fraile con intención de pedirle unas herramientas. Ante la negativa de éste, Roberto le propinó espontáneamente un hachazo seguido de una cuchillada. Iñaki, a su vez, le asestó dos cuchilladas más. Luego, los tres huyeron y se refugiaron en casa de los Fernández. Una vez allí, Roberto, el padre, mostró sus dudas sobre que la víctima estuviese realmente muerta, y dijo que, si sobrevivía y les denunciaba, les podía “caer una ruina”. Por ello ordenó a su hijo, Iñaki, que regresara a casa de Hilario</strong> y terminase el trabajo, cosa que éste hizo con un cuchillo ya que, efectivamente, se encontró al indigente agonizando.

Un jurado con garantías

A finales de mayo de 1997 se constituía un jurado popular para juzgar a los tres encausados. Un primer intento de conformar el equipo de nueve ciudadanos fracasó ya que algunos de ellos fueron recusados por las partes y otros alegaron diversas causas como superar la edad requerida, estar realizando la prestación social sustitutoria, una mujer estaba embarazada y otra no podía acudir por ser monja de clausura. Finalmente, pudo constituirse un jurado con garantías integrado por seis mujeres y tres hombres.

El fiscal pidió 17 años de cárcel para Roberto e Iñaki Fernández como presuntos autores de un delito de asesinato, y 3 años para Iriondo, además de una indemnización de cinco millones de pesetas a las dos hijas del fallecido. La acusación particular, en representación de estas últimas, solicitó 20 años de prisión para padre e hijo. Por su parte, las defensas solicitaron la absolución de sus patrocinados al entender que éstos eran inocentes.

Un reloj, clave en la inocencia de los acusados

El 27 de noviembre de 1995 el indigente Hilario Fraile, de 41 años, fue asesinado brutalmente en el interior de la infravivienda en la que residía, en un poblado marginal del barrio de Txonta, en la localidad guipuzcoana de Éibar. El cadáver del mendigo presentaba varios hachazos –uno de ellos, mortal de necesidad, en la cabeza-, y puñaladas por todo el cuerpo.

Los inculpados reconocieron haber acudido el día de autos a la chabola del indigente para pedirle unas herramientas, pero explicaron que al llegar se toparon con el cadáver. Los defensores insistieron en que estas tres personas no tenían ningún motivo para matar a Hilario Fraile y recordaron que el reloj del cadáver -que había sufrido un fuerte impacto, probablemente al intentar detener la víctima un golpe de hacha con el antebrazo-, estaba detenido a las 13:36 horas, y en ese momento los acusados estaban en otros lugares y con otras personas. Tenían coartada, como aseguraron al Tribunal varios testigos que juraron haber estado con los sospechosos a la hora del crimen en otro punto de la ciudad.

 

Finalmente, el 10 de junio de 1997, el jurado popular declaraba a los tres acusados no culpables del asesinato del indigente por falta de pruebas. Ese mismo día quedaban en libertad tras firmar los correspondientes mandamientos judiciales. Las partes acusatorias mostraron su asombro y estupor por la sentencia e interpusieron un recurso que fue poco después desestimado por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Hasta el día de hoy no se han tenido más noticias de nuevas pistas que pudiesen ayudar a esclarecer el asesinato de Hilario Fraile.

José Manuel Gabriel