Menú Portada
Rosa Muro, que trabajaba en un gimnasio de Madrid, sigue enamorada de su marido

El marido de la “novia” de Toni Anikpe encarcelado por narcotráfico

Septiembre 28, 2008

El padre de la hija de Raquel Mosquera asegura estar manteniendo una relación sentimental con Rosa Muro, una mocetona que, a lo mejor, no se lo ha contado todo. Muro está casada y su marido cumpliendo condena por narcotráfico.

pq_600_rosamuro.JPG

En esto del colorín aparecen y desaparecen, con una naturalidad bochornosa, nauseabundos bichos televisivos, carroña purulenta que intenta denostar una profesión absolutamente excitante a través de tomaduras de pelo, mentiras envenenadas e historias avinagradas que destilan hedor. Son personajes prefabricados, recién salidos del horno y habitualmente respaldados por informadores corruptos que sacan tajada de esos montajes que, tras la post producción se convierten en noticia. Muchos han sido los individuos que, nacidos de la costilla de ex novios de rostros conocidos sin oficio ni beneficio, han llenado sus arcas mercadeando con encuentros sexuales inexistentes, noviazgos de plexiglás y otras historias para no dormir. Es el caso de la nueva conquista de Toni Anikpe, una mocetona llamada Rosa Muro a la que ha jurado amor eterno en público. Junto a ella protagonizó una impagable sesión fotográfica en un pantano de Madrid en el que retozaron ardientemente. El negro zumbón, que saltó a la palestra por haber mantenido una relación sentimental con Raquel Mosquera, ya ha asegurado que lo suyo con la Muro es amor del verdadero.
 
Ella está casada
 
Sus afirmaciones, nada creíbles, parecen absurdas al conocer el verdadero estado civil de la que dice, es la mujer de sus sueños. Rosa está felizmente casada desde hace años con Leo, un apuesto colombiano que ganó un concurso de belleza en su país y que en la actualidad está enchironado por narcotráfico. Me cuentan que Muro, que hasta hace unos meses trabajaba en un moderno gimnasio de Madrid (en la calle Manuel Becerra), confiesa en petite comité que entre Toni y ella sólo hay amor por la pasta. Sin embargo, a Rosa siempre le han gustado las cámaras. Tanto es así, que para saciar su sed de fama, la peliteñida ha contratado los servicios de una conocida representante artística, cuya función es la gestión de entrevistas en televisión, apariciones estelares en discotecas de cuarta regional y reportajes en publicaciones de tinte rosa. Insisten en que Rosa planea ser lo necesariamente popular como para arrejuntarse con otros personajes que consigan que su caché alcance cifras estratosféricas. Toda una burbujeante carrera hacia el estrellato que le acarreará más de un disgusto. Porque la fama cuesta…
 
Por Saúl Ortiz