Menú Portada
Bartomeu Cabello murió hace 15 años al recibir un balazo del calibre 22 en el corazón cuando estaba asomado a una ventana de su casa

El inexplicable caso del profesor Cabello, asesinado en su domicilio de Girona por un francotirador

Noviembre 10, 2013

Bartomeu Cabello Benzala tenía 35 años cuando fue asesinado en su Masía Mas Morgat, de Porqueres, junto al lago de Banyoles (Girona), una vivienda solitaria y aislada del núcleo urbano donde residía este profesor de Educación Física del Instituto de La Bisbal d´Empordá. A Cabello no se le conocían enemigos ni malas compañías, y era muy apreciado tanto por los alumnos como por el cuerpo docente del centro educativo, que le calificaron tras su muerte como una persona cordial, amable y simpática, siempre dispuesta a echar una mano donde hiciera falta.

pq_938_Bartomeu-Cabello-ok.jpg

El asesino empleo un fusil de caza del calibre 22. Al anochecer del 11 de noviembre de 1998, el profesor Cabello descansaba en su Masía tras su jornada laboral cuando escuchó un disparo que impactó contra una farola de las inmediaciones. Al asomarse a la ventana, intrigado, para ver qué había ocurrido, un segundo disparo le atravesó una mano, la bala realizó una trayectoria ascendente penetrando en el tórax, le destrozó el corazón y acabó alojada en un pulmón. El cadáver de Bartomeu Cabello fue descubierto por su novia, de madrugada, al regresar de una cena con unas amigas.

La Brigada de Homicidios de los Mossos d’Esquadra rechazó rápidamente las hipótesis del robo, el ajuste de cuentas o la venganza. Las pesquisas realizadas en el entorno socio-laboral de la víctima tampoco aclararon ningún posible móvil ni apuntaron a una línea clara de investigación. Compañeros de trabajo, amistades y conocidos aseguraron que Bartomeu no tenía ningún conflicto personal que ellos supieran. El único hilo del que tirar en poder de los Policías era la bala que quedó alojada en el cuerpo de Cabello; la otra, la que acertó a la farola, rebotó tras el impacto y acabó destrozada contra una pared. Los expertos estaban convencidos de que el disparo contra la farola tuvo la finalidad de llamar la atención de la víctima para que se pusiese en la mira del francotirador.

Todos los fusiles de Cataluña

Con la bala como referente, los Mossos comenzaron el rastreo en busca del arma. Elaboraron una relación de propietarios de carabinas del calibre 22 legalmente registradas en Cataluña, con datos de más de un centenar de personas, y los visitaron uno a uno, analizando todas las armas y realizando las correspondientes pruebas de balística.En principio, los agentes sospechaban de dos individuos: un vendedor ambulante cuya furgoneta había sido vista el día del crimen por la zona de Porqueres y un hombre que había comprado recientemente un rifle del calibre 22 con visor láser. Éste último aseguraba que adquirió el arma tras el asesinato de Bartomeu Cabello, mientras que el vendedor insistía en que la compró antes del crimen. No obstante, las pruebas de balística exculparon a ambos sospechosos. Los investigadores fijaron entonces su atención en las pandillas de jóvenes que realizaban juegos de rol, por si alguna había actuado en las proximidades del Lago de Banyoles en fechas inmediatas, pero se encontraron de nuevo con las manos vacías y sin nuevas pistas que seguir.

La caída de “El Patata”

En enero de 1999, dos meses después del asesinato de Cabello, una veintena de geos del Cuerpo Nacional de Policía asaltaban una lujosa masía de Corçà, en Lleida, arrestando en su interior a Juan Carlos Bosch Hernández, alias “el Patata”, catalogado por las Fuerzas de Seguridad como peligroso delincuente, asesino a sueldo y atracador de bancos y joyerías. Bosch había regresado a España tras cumplir 10 años de cárcel en Bélgica por el asesinato de un Policía. Los geos se incautan en la Masía, entre otras armas, de una pistola marca Astra del calibre 22, por lo que la Policía le relaciona de inmediato con el asesinato del profesor de gimnasia. Sin embargo, las pruebas de balística, de nuevo, dan al traste con esta línea de trabajo.

El naufragio de L’Oca

Con el caso archivado judicialmente desde 2005 por falta de autor conocido, los familiares de Bartomeu Cabello están convencidos de que la línea de investigación seguida por los Mossos d’Esquadra fue errónea desde el comienzo. A su juicio, el asesinato está relacionado con el naufragio en el lago de Banyoles de la embarcación L’Oca, en el que fallecieron 21 jubilados franceses. El hecho de que este siniestro hubiese ocurrido un mes antes del crimen, que uno de los propietarios de la barca hundida también se llamase Bartomeu (Bartomeu Gayolá), y que éste tuviese su oficina a orillas del lago –aunque en la zona opuesta a donde vivía Cabello-, les hacen sospechar que alguien quiso vengar la muerte de alguno de los ancianos y se equivocó de objetivo. Que el francotirador fuera francés explicaría, por ejemplo, por qué nunca ha aparecido el arma homicida.

José Manuel Gabriel