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La estatuilla fue sustraída por un crítico en paro y entregada a ´El Mundo´

El Goya robado y la desesperación de Isabel Sartorius

Febrero 3, 2009

Isabel Sartorius no daba crédito al robo del Goya durante la fiestaprivada de los integrantes de “Los crímenes de Oxford”. Finalmente, la estatuilla fue sustraída por un crítico en paro.

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Poco o nada se podían imaginar los miembros de la Academia que este año la fiesta del cine español pasará a la historia porque un ladrón de guante blanco robó una de las afamadas estatuillas. Cinco y media de la madrugada. Algunos de los miembros de ‘Los crímenes de Oxford’ -con la ausencia del director Alex de la Iglesia y su protagonista femenina Leonor Watling– festejaban animosamente en un local de la calle Echegaray 17 de Madrid, el éxito cosechado durante la noche en compañía del director Albert Solé, premiado por ‘Bucarest, memoria perduda’, un film sobre su padre. Una fiesta un tanto desangelada y sin apenas personalidades ilustres. Todavía se escuchan los gritos de algunos invitados que no daban crédito a que, ni siquiera, hubiera barra libre. Un contrapunto a una de las superproducciones a las que ya nos tiene acostumbrados el cineasta bilbaíno. Poniendo la nota de glamur ante tanta estrella opaca, el avispado periodista Diego de la Viuda, siempre al quite de la noticia, observó como Isabel Sartorius, sin Benicio del Toro, prefirió mojarse los labios con dos sabrosos mojitos a reírse a mandíbula batiente ante la espigada seriedad de la eterna promesa Dafne Fernández, arrejuntada por enésima vez al hermanísimo Carlos Bardem. Al ritmo del rancio pachangueo, algunos convidados desenfrenados celebraban la victoria, ajenos a lo que sucedía en un guardarropa con seguridad discutible. Todo parece indicar que fue Solé quien llevó hasta el guardarropa el óbolo y que, horas más tarde, cuando la fiesta había llegado a su fin, no estaba en el mismo lugar. Los ojos de Óscar Jaenada, Antonio Dechent y Miguel Ángel Muñoz (sin Mónica Cruz) giraban sin ton ni son pensando que sería una broma más de una larga noche de fiesta. Suerte que no estaba la despuntante Hortensia Vidal, pudiendo ser una joven y prometedora sucesora de Silvia Marsó. Ante los hechos, la Sartorius confesaba estar algo desubicada y más que preocupada. Horas antes lo había tenido entre sus manos y no podía creer tan misteriosa desaparición. Horas después de lo acontecido, me cuentan que un crítico en paro que estaba en la fiesta decidió contactar con el periódico ‘El Mundo’ para devolver la pieza. ¡Suerte que lo ha devuelto, porque en época de crisis pocos euros pueden dar por un Goya fundido!