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Kofi Annan invitado de excepción

El golazo sevillano del Sergio Ramos “choniante”

Abril 10, 2008

La presencia de Kofi Annan fue lo más destacado de la noche. Sin embargo, sorprendió la diversión de un Sergio Ramos que parecía dispuesto a divertirse a toda costa.

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Llovía a mares. Parecía que Sevilla se había mimetizado con una Venecia que amanece con gondoleros cantarines. Pese a todo, los infortunios climáticos que azotaban a la ciudad de la luz, no impidieron que miles de sevillanos se reunieran en un recinto ferial en el que las palmas y el flamenco amenizaban las innumerables casetas del paseo. Es el caso de la que regenta Carlos Caro, copropietario de la discoteca Boss y socio del tímido Rosauro Baro, y de su despampanante y guapa mujer, Rocío, que bien podría ser la representante del arte flamenco por su estilo, desenvoltura y esa gracia que sólo los andaluces, de cierto abolengo, llevan en la sangre. Clama al cielo la naturalidad con la que acogen al amigo, la sencillez de sus gustos -al mismo tiempo refinados- y la espontaneidad de sus gestos. Por no hablar, ¡ay si yo contara!, de ese arte andaluz que despierta pasiones y descorcha a más de uno. Algo parecido ocurre con la penalista Teresa Bueyes que se quitó la toga y se plantó un vestido de la afamadísima diseñadora Juana Martín. Lucía esbelta, arrebatadora y más guapa que nunca después de haberse quitado dos tallas de encima. Confío en que cuando mi Anita Obregón se reencuentre con ella en su esperadísimo juicio no sea víctima de una pataleta. Quién sabe si ahora también le denunciará por aquello del “espejito espejito: ¿quién es la más guapa y delgada que yo?”. Arriquitaun.
 
Kofi Annan, invitado de excepción
 
Anonadados quedaron los sevillanos de una de las más populares casetas de la Feria cuando vieron aparecer a Kofi Anan como un admirador más del flamenco. Departió distendidamente con personalidades de relumbrón. Se dejó fotografiar, incluso besar y sobetear, por el chorro de personas que se acercaron para saludarles. Nadie creía lo que estaba viendo. Y, aunque parezca chiste, es cierto.
 
Sergio Ramos, apasionante y apasionado
 
De incógnito, o eso intentaba con su discreta vestimenta, deambulaba con coleta al viento el “apuesto” madridista Sergio Ramos. Tras sesgar su romance, más bien diría apretón festivalero, con la modelo Elisabeth Reyes, parece haber cicatrizado las heridas de su alma. Tanto, que incluso se dejó ver en compañía de cuatro amigos, embutidos e incluso apretados en incómodos vaqueros y estrambóticos complementos. Grotesco estilo que me hizo parpadear incansablemente, como buscando una coherente explicación a tan curioso contraste: los sevillanos vestidos de Hermés y Hacket, y ellos fieles a la moda abanderada por Kiko Rivera.
 
Sorprendió la naturalidad con la que el deportista se dejaba querer por mozarronas que, ataviadas con llamativos trajes de gitana, se le arrimaban para algo más que fotografiarse. Ramos parecía impertérrito ante la avalancha de autógrafos y toqueteos de los que fue víctima. ¡Aquello parecía una actualizada versión de Somoda y Gomorra! De chirigota. Eso sí, parece que finalmente el futbolista de la narizota de diseño, sucumbió ante los poderes, ¡inmensos poderes!, de una explosiva peliteñida que se aposentó en sus fornidas piernas mientras le cantaba al oído una bonita canción de amor. No sólo eso, pues sus manos se deslizaron entre el triángulo isósceles que un día hizo famoso Anita Obregón. Desentonó e incluso molestó que no se desgarrara la camiseta y se arrancara por bulerías, mientras un divertido grupo de flamenco se mondaba de risa cambiando la letra original de una canción por otra en la que Sergio Ramos era un “el rey de las mujeres mete un gol”. Nadie sabe y todos quieren saber cuál es el secreto de su éxito, quizás un deslumbrante reloj de diamantes que lucía en su muñeca. Más de una quedó cegada, y no de amor, por los destellos de esas piedras que, lejos de parecer preciosas, más bien parecían sacadas del armario de Toni Anikpe. El reloj cantaba solo. ¡Qué cruz! La moda choni nos invade. Sálvese quien pueda. Me voy a rezar para que a mí no me toque.
 
Por Saúl Ortiz