Menú Portada
La Administración General del Estado adjudica a la Fundación Real Fábrica de Tapices el contrato para el "suministro de 39 reposteros confeccionados por procedimiento de bordado"

El Gobierno destina un cuarto de millón de euros para el suministro de 39 tapices bordados con motivos heráldicos

Junio 16, 2013
pq_934_soraya_rajoy.jpg

Un repostero es una especie de tapiz de grandes dimensiones en el cual se plasman emblemas heráldicos de apellidos o casas nobiliarias. Muy utilizado por las instituciones públicas para colgar de sus balcones o salones plenarios. Su elaboración y suntuosidad recuerda a otras épocas pasadas, más lustrosas. Por aquel entonces, hace seis siglos, se vivían en España tiempos de bonanza y apertura de rutas hacia lo desconocido, para después aunar los territorios descubiertos a las fronteras de una península que parecía no tener fin. Los exploradores extremeños como Cortés o Pizarro, las tres carabelas de Colón o descubridores portugueses de la talla de Vasco da Gama, aunaban sus fuerzas para colonizar aquellas tierras que proveían recursos harto valiosos, para inflar la grandeza hispanoportuguesa. España era líder en el comercio de la seda, de alimentos, y su riqueza era observada con envidia por todas las naciones del viejo continente. Eran tiempos de linajes, de burguesía y de nobleza. Familias para las que era casi tan importante su posición privilegiada como la notoriedad y el prestigio que conlleva. Por ello los blasones que daban fe de su heráldica alcanzaban tamaños exuberantes, para convertir su caché en el símbolo de identidad más llamativo y copioso posible. Una opulencia que se ve reflejada en los escudos de armas de la época. Familias que nadaban en la abundancia y así lo hacían saber, como los Guzmán, la Casa de los Trastámara o los duques de Medinaceli.

En un contexto diametralmente contrario, caracterizado por un recorte de servicios básicos sin precedentes y una tasa de paro alcanzando cada dos por tres máximos históricos con más de 6 millones de desempleados que rondan el 30% de la población activa, la Administración General del Estado, a través de la Subdirección General de Gestión Económica, firmaba un acuerdo con la Fundación Real Fábrica de Tapices a primeros de mes llegaba, para adjudicarle a ésta el contrato para el “suministro de 39 reposteros confeccionados por procedimiento de bordado”. En total, casi un cuarto de millón de euro destinado a este proceso textil. Concretamente, 210.576 euros. Habrá que buscar una respuesta que convenza a cada uno para encontrar el porqué de este gasto superfluo en tapices con escudos bordados.

Sin lugar a dudas, es causa de lástima y síntoma de retroceso ver como muchos de los estamentos nacionales han quedado anquilosados en el pasado y no pretender, cuando los tiempos han cambiado, voltear la cabeza y mirar hacia el futuro. Paradójico al menos es comprobar como la fiebre del reconocimiento sigue causando los delirios de los Gobiernos en una escena totalmente opuesta a la de 6 siglos atrás.