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El fútbol, un arma imparable

Septiembre 17, 2015

Cuando hace unos días murió Aylan, un niño sirio de tres años, ahogado en las costas de Turquía cuando junto a su familia huía de la guerra de su país, se agitaron las conciencias de medio mundo y todas las del fútbol. No tardó el Bayern de Múnich en aportar dinero y Javi Martínez en coger un puñado de ropa y llevarlo a la estación alemana repleta de refugiados. Y aparecieron también unos cuantos clubes españoles y el Madrid, con un millón de euros. Y pronto apareció también la siguiente historia.

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La imagen dio la vuelta al mundo. Una periodista haciendo la zancadilla a un padre sirio que llevaba a su hijo en brazos cuando trataba de cruzar la frontera húngara. Fue tan indignante como reconfortante el desenlace. De esa mala suerte nació la buena para la familia de Osama, un entrenador de fútbol en la primera división siria, que tuvo la fortuna de que un periodista de El Mundo le encontrara y contara su historia. El periodismo también hace cosas buenas, por lo visto.

Miguel Ángel Galán, impulsor de la escuela de entrenadores CENAFE y aspirante a ser presidente de la Federación Española de Fútbol, la cazó al vuelo y se puso en contacto con Martín Mucha, el periodista español que relató la tragedia. Quería traer a España a Osama y su familia. Mohamed Labrouzi, un marroquí, alumno de la escuela, con el idioma árabe y el inglés en la mochila, fue el elegido para ir a Munich a por ellos y se los ha traído. De Munich a Madrid, en tren, en 24 horas. Tan lejos, tan cerca.

La idea es darle trabajo en España de entrenador. El fútbol nunca te abandona. Osama viene con su hijo Zaid, de siete años, que rodó por el suelo asustado, incapaz de comprender. Zaid no para de repetir el nombre de Cristiano Ronaldo, al que con seguridad va a conocer en los próximos días, y ese día por fin será un niño afortunado. Entre tanta desgracia siempre aparece el fútbol, un arma imparable.