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Paco Ortega Cano: "Sí que sentimos su muerte"

El fin de semana más trágico para la viuda de Carlos Parra

Junio 5, 2011

Apoyada por sus dos hijos, Samuel y Sara, la viuda de Carlos Parra vive un auténtico calvario. Nueve días después del fallecimiento de su marido, son muchas las incógnitas que envuelven al trágico accidente. El sobrino de José Ortega Cano se defiende de quienes les tachan de frívolos y asegura que sienten profundamente el fallecimiento del conductor.

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Han  pasado nueve días desde que Carlos Parra perdiera la vida al volante tras ser embestido por el automóvil que conducía José Ortega Cano a la altura de Castilblanco de los Arroyos. Nueve días de un profundo dolor que es más trágico para su madre y su viuda, Manoli, que sigue en estado de shock. Su rostro ajado, enmarcado en dos grandes ojeras, advierte su inconsolable tristeza. Enjuga sus lágrimas al ritmo desbocado de su corazón. La impavidez inicial ha dado paso al llanto continuo. Manoli empieza a asumir lo que ha ocurrido, aunque se resiste a entender que sus sonrisas jamás serán devueltas. Esboza gestos que preocupan a sus familiares. Apenas puede articular palabra: “¿Por qué a mí?”, se pregunta incansablemente. La sólida entereza de sus hijos, Sara y Samuel, le están ayudando más de lo que ellos creen. En ellos piensa cuando le sobrevienen los recuerdos que, algún día, le harán feliz. Con ellos se siente segura. Son la muestra inequívoca del amor que mantenía viva su matrimonio. No se mueven de su lado. Por eso, cuando el sábado Manoli se revolvía de sufrimiento, sus hijos le secaban las lágrimas. No está sola. En Castilblanco de los Arroyos, Carlos era muy querido. De hecho, el consistorio decretó, a finales de semana, tres días de luto para demostrar su apoyo total y desinteresado a la familia. El calor de sus vecinos fue evidente cuando, el pasado viernes, cerraron filas en torno a los Parra en la parroquia del pueblo en la que se celebró el funeral por el eterno descanso de Carlos. Se vivieron momentos tensos con la prensa: “de aquí no pasáis”, repetía nervioso un amigo muy querido por la familia. Lógico.
Quienes les conocen subrayan el carácter afable de la familia, aunque mantienen que están saturados. Al terrible dolor de la pérdida, se une la presión de los medios. No quieren platós. Tampoco quieren dinero. De momento sólo se pronunciarán mediante su portavoz, el abogado Gonzalo Ruiz, quien compareció ante los medios de comunicación el pasado jueves. Nosotros fuimos los primeros –y únicos- en contar que la intención de los familiares era comparecer en rueda de prensa. A pesar de todo, los Parra no pueden esconder su indignación. De alguna manera consideran que el tratamiento que los medios están dispensando a Ortega Cano es excesivamente benevolente. No le desean mayor carga que la que tendrá que soportar cuando se recupere. Sin embargo, recuerdan que en otros casos, como el de la hija de Toni Cantó, hubo quien se ensañó públicamente con el homicida que terminó con la vida de la joven de dieciocho años. “En este caso, -me dice un amigo de la familia- la única diferencia es que el personaje popular no ha sido quien ha fallecido, sino el que habría provocado el accidente”. Quién sabe. Cronistas muy prestigiosos tildaron de «kamikaze» o «asesino» al hombre que conducía el vehículo que se estampó contra el de la adolescente.
Una actitud plausible
No se puede negar que los Ortega Cano están teniendo una actitud brillante ante los medios de comunicación. Atienden a los programas de televisión con una normalidad que abruma. A pesar de no estar acostumbrados a que sus palabras sean analizadas hasta el extremo, lo cierto es que no se les puede poner ni un solo pero: “Estamos haciendo todo lo posible para que todos los periodistas estéis informados puntualmente del estado de mi tío, sin embargo no entiendo tantas puñaladas y embistes innecesarios. Desde luego, yo no entiendo el motivo por el que algunos están actuando de esta forma”, me dice Paco Ortega, sobrino del matador, quien ejerce de portavoz a las puertas del hospital Virgen Macarena.
Cuando le pregunté por su pleno convencimiento de que su tío no superaba la tasa de alcoholemia, Paco es tajante: “lo sé porque el abogado de mi tío, que no es Marcos García Montes como algunos han dicho, tuvo que enviar todo tipo de documentación a la aseguradora, entre los que estaba la resolución de la prueba de alcoholemia. Desde luego, si mi tío hubiera ido borracho en el momento del accidente el seguro no se haría cargo de todo lo ocurrido y eso no va a ser así, según me ha dicho el abogado”. A Paco no le gustan las rimbombancias. Por eso le hieren profundamente los comentarios de algunos contertulianos que tachan a los Ortega Cano de frívolos y hieráticos ante el dolor ajeno. Les acusan de no haber mostrado públicamente su conmoción ante tan dramático suceso. Nada más lejos de la realidad. Él mismo se encargó de enviar un telegrama a la familia del fallecido manifestándoles su pesar ante lo sucedido: “por supuesto que sentimos muchísimo lo que ha pasado. Ojalá todo esto nunca hubiera sucedido y la otra persona estuviera viva. Ahora bien, quienes nos critican deberían entender que ahora nosotros también tenemos una preocupación porque mi tío se debate entre la vida y la muerte”.
Renglón aparte merecen las informaciones que advierten que los Ortega Cano se reunieron hace unos días en Yerbabuena para, entre otras cosas, trazar una estrategia para desmarcarse de las polémicas. Parecen dispuestos a no dar ni una: “Nosotros no nos hemos reunido en ningún momento. Únicamente, y quiero dejarlo bien claro, mi tío Aniceto y yo nos fuimos a Yerbabuena a recoger unos documentos que teníamos que enviar a Madrid de forma inminente. Lo que sí es verdad es que, al no podernos costear un hotel todas las noches, nos iremos a dormir a la finca de mi tío José para estar muy temprano en el hospital”. Todo tiene su explicación.