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El abogado de Ana García Obregón amenaza veladamente a los periodistas

El extraño amigo de Javier Saavedra

Julio 9, 2008

El pasado martes se celebró, en los juzgados de Alcobendas, uno de los juicios más esperados en el mundo del colorín: el que enfrenta a Ana García Obregón y Teresa Bueyes. Hasta allí se desplazó Javier Saavedra con el ánimo algo enrarecido.

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Ataviado con una especie de esmoquin azulón con corbata a juego, pamelón de diseño y oscuras gafas de sol, Javier Saavedra, otrora abogado de la cosa rosa, acudió, como representante legal de Ana García Obregón, al juicio que enfrenta a la mozarrona de las greñas despeinadas con la abogada Teresa Bueyes, acusada de haberle amenazado espiritualmente con el poder de los astros y de esas brujas pirujas a las que Anita recurre en tiempos de sequedad sentimental. Pese a que antaño fue clienta habitual de tarotistas de dudosa reputación -como esa Cristina Blanco que se relame las heridas- me cuentan que Obregón no tartamudea al reconocer que, fruto de concienzudos estudios sobre la materia, ha logrado ser capaz de descifrar el porvenir de un desconocido a través de la lectura de las colillas de los cigarros. Es habitual que en cenas de amigos, la bióloga acabe rebuscando entre los posos del tabaco. Suerte, pues hay a quien, atacado emocionalmente, le sobrevino el poder extrasensorial mientras palpaba traseros ajenos. Dicen que el jovenzuelo, ahora reconvertido en un señor de etiqueta, se puso morado a cambio de un parné que despilfarra sin miramientos al lado de su recauchutada mujer, alicaída y sensibleras.
 
Anita en Miami
 
Sin embargo, sorprende hasta límites insospechados que la actriz de relumbrón decidiera desplantar a la justicia por un viajecito a ese Miami que tanto conoce. No podía haber escogido mejor. Dicen que Obregón cruzó el charco porque está gestionando la inminente entrada de su hijo Álex en una universidad de postín. Ridículo y desternillante, pues el mozalbete tiene dieciséis años, cumpliendo con la primera parte de la adolescencia. Quizás por eso, y ante la presencia de un Darek que revolucionó a las funcionarias calenturientas, Javier Saavedra estuvo algo nervioso durante su alegato defensor y patinó hasta en dos ocasiones. Habló de flores y lechuzas para demostrar que, si alguien recibe flores también puede darse por insultado; y utilizó terminología relacionada con la disolución de sociedades ilícitas cuando debía referirse a los artículos relativos a las faltas de amenazas, calumnias e injurias. Sobrecogedor. Nada que ver con el penalista Óskar Zein, defensor de la Bueyes, que dejó boquiabiertos, con sus argumentos, a propios y a extraños. Un magnífico trabajo que, a buen seguro, tendrá su merecida recompensa.
 
Chiki, el gran desconocido
 
Pese a que el juicio ha quedado visto para sentencia, el principal protagonista de la jornada fue el abogado de los sombreritos multicolor. Mantuvo una conversación con un Darek aburrido que se incomodó ante sus irreverentes consejos. Le pidió que fuera correcto y que no dijera nada de lo que pudiera arrepentirse. Sin embargo, más llamativo resultó el momento en el que me espetó, sentado en un frío banquito de madera, que me mandaba saludos de un tal Chiqui que parece con ganas de verme: “Me ha dado Chiqui recuerdos para ti. Que te salude de su parte”. Obnubilado ante su verborrea indiscreta, pronto entendí que el tono en el que se expresaba era más bien amenazante y distanciador. Y, todo, por destapar escándalos que le ponen como protagonista tétrico: un abogado inhabilitado en abril de 2007.
 
Por Saúl Ortiz