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Se rodeaba de bellas mujeres pero se alimentaba de hamburguesas

El empresario que pagaba las juergas del hijo de Gadafi en el Hotel Villamagna

Marzo 21, 2011
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Recientemente, este periódico informaba en rigurosa exclusiva rubricada por Juan Luis Galiacho que Alejandro Tarik Agag, yerno del ex presidente del Gobierno de España, José María Aznar, es íntimo amigo de Saif al Islam Gadafi, el ya famoso hijo del presidente de Libia, Muamar el Gadafi. Este joven, considerado como “la espada del Islam” tras sus recientes declaraciones alentando una guerra civil en su país y amenazando con “ríos de sangre”,  es la persona que introdujo hace dos años a Alejandro Agag en Libia, que se convirtió desde entonces en su nuevo objetivo de negocios. Tal es la amistad entre ambos que el año pasado Agag, en pleno proceso de reivindicar sus negocios en Libia,  invitó a cazar en España a Saif al Islam para “exponerlo” ante la jet empresarial española en una montería que dio – suele dar varias al año-, en una de las mejores fincas de Madrid y considerada una de las diez mejores de España.

Aquella montería le costó a Alejandro Agag sobre los 160.000 euros: 8.000 euros por puesto, sobre unos 20 invitados escogidos escrupulosamente por él. Los negocios de la familia Gadafi con destacados empresarios españoles obligaban a Saif al Islam a frecuentar con demasiada asiduidad nuestro país. Y el hijo de Gadafi escogió como residencia el lujoso Hotel Villamagna ubicado en la capital de España. Como no podía ser menos.

Suite, mujeres y hamburguesas

 

En tan selecto centro hotelero Saif disfrutaba de una lujosa suite en la que se hacía acompañar de señoritas de muy buen ver y de alto precio que reclutaba en un local próximo al citado Hotel. Todo lujo y sin límites. Todo lo que puedan imaginar. Al fin y al cabo es el hijo de Gadafi. Lo que más sorprendió a los trabajadores del Villamagna fue que el vástago del hasta el momento Presidente de Libia no comiera en los restaurantes del Hotel. Saciaba su hambre, al parecer, a base de hamburguesas que adquiría en locales dedicados a abastecer este tipo de comidas. Y en cantidades ingentes.

Lo que sí podemos asegurarles desde estas páginas es que Saif Al Islam Gadafi no pagaba las facturas de su estancia en el Villamagna. Y no porque no tuviera dinero. Era un empresario español, muy conocido a su pesar, y habituado a interponer demandas judiciales siempre que se hable de él. Eran gestos de cortesía, quizás los mismos que Saif tenía con su “socio” y cómplice cuando éste viajaba a Libia. Al fin y al cabo, todo quedaba en casa.