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El discurso del rey Felipe VI y el afecto de la corona por Cataluña, mientras la nobleza clama porque se le retiré la Grandeza de España al conde de Godó

Octubre 9, 2017

Un noble titulado nos declara: “Mi opinión es que no se hará nada, la Diputación de la Grandeza es una institución “cobarde” y anacrónica y rara vez se posiciona en temas políticos”.

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En 1936 la abdicación de Eduardo VIII de Inglaterra, que supuso la más grave crisis de la Historia de la corona británica en momentos de enorme tensión, colocó en el trono al tímido y poco resuelto rey Jorge VI (protagonista de la película “El discurso del rey”) que, sin embargo, se vio forzado a encarar los días terribles de la Segunda Guerra Mundial catapultando con su buen hacer la imagen de la monarquía en su país.

Del mismo modo, en estos aciagos días pasados el discurso del rey don Felipe VI, muy alabado desde muchos foros y muy bien recibido en ciertos sectores catalanes, supo llevar sosiego al dolor y al temor de muchos ciudadanos de Cataluña que se sienten desprotegidos, y marcar de forma rotunda la posición de la corona como representante más alta del Estado más allá de las divergencias y de las malas praxis políticas. Tanto es así, que tan solo unas horas después, las grandes fuerzas económicas comenzaban a tomar decisiones clave y el vertiginoso camino hacia el abismo comenzaba a ralentizarse y a fragilizarse. En Barcelona se percibía en las calles, y la ira de días pasados empezaba a dar paso a la tristeza que es una emoción más reflexiva.

El histórico afecto y dedicación incuestionable de la Casa Real por Cataluña

La corona no deja nada al azar, sabe jugar con lo simbólico, y no es casual que ese discurso, que extrañamente también quiso transmitir TV3, se produjese en la noche del martes tras la huelga general decretada desde arriba por el gobierno de la Generalitat. Todos tenemos la memoria corta, pero el amor de la corona por Cataluña ha sido históricamente incuestionable. En 1902, y con ocasión de la mayoría de edad de Alfonso XIII, su tía -la pacífica infanta Paz, gran amante de Cataluña donde contaba con grandes amigos-, le escribía recordándole que cuidase a los catalanes que son gente seria, muy trabajadora, de paz y de bien. Ese mismo rey cuidó con celo a la gran burguesía catalana haciendo llover sobre ella numerosos títulos del reino, y -tras su muerte en 1941-, su hijo y heredero don Juan de Borbón decidió expresamente tomar de, entre sus muchos títulos de soberanía, el de conde de Barcelona que llevó durante toda su vida con enorme orgullo.

Don Juan Carlos heredó se sus ancestros ese gran interés de velar por Cataluña y es muy significativo que la última audiencia oficial de su reinado fuese el 11 de junio de 2014, un guiño claro a Cataluña al recibir en Zarzuela al presidente de la patronal catalana Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellá. Lo mismo puede decirse de doña Sofía que declaró en persona al autor de estas líneas su enorme amor y admiración por la ciudad de Barcelona donde pasó días tan felices. No han quedado a la zaga don Felipe y doña Letizia, que con insistencia han sido asiduos de la ciudad de Gerona a pesar de los muchos feos recibidos y que en estos días se han prodigado como es el caso de ciertos comentarios manipuladores, desde sectores radicales, que quisieron ver a Felipe V en el retrato de Carlos III que presidía el despacho desde el que don Felipe pronunció su discurso. Un retrato que siempre estuvo detrás de ese escritorio, y un Carlos III que en 1759 quiso pisar tierra española ya como rey de España fondeando en Barcelona por su deseo de desagraviar a los catalanes después de los hechos de 1714.

La nobleza, algo más que molesta con el conde Godó

Sabemos del enorme dolor con el que la familia real y también la familia extendida de don Felipe están viviendo estas penosas jornadas, pues la víspera del referéndum ilegal del 1-O una princesa de paso por Barcelona así los transmitía al tiempo que confesaba sottovoce lo que consideraba el mal hacer del gobierno de Mariano Rajoy. Otros, nos han hablado de sus ganas de llorar, y hasta hay una princesa que, queriendo defender la imagen de España ante el mundo en su deseo de paliar esa idea de república bananera donde todo se resuelve a palos, en estos días redactaba un comunicado en inglés para difusión entre sus influyentes e ilustrados amigos de los países anglosajones en el que ponía todo lo acontecido en contexto y repartía con gran inteligencia y notable temple y conocimiento las responsabilidades.

Entre tanto llegan noticias de lo molesta que se siente la nobleza con el conde de Godó y ya hay voces que piden que se le retire la Grandeza de España que don Juan Carlos le concedió en 2008. El mismo Javier Godó y Muntañola, que en febrero pasado estuvo presente en la cena de gala que el Círculo del Liceo de Barcelona ofreció en honor de doña Sofía, y cuyo prestigioso diario La Vanguardia ha basculado hacia posiciones más claramente independentistas en los últimos años. Fruto de esa deriva, ya en 2012, don Juan Carlos I llamó al orden con rotundidad a Godó que cambió al director de su medio de prensa dando salida a José Antich, un claro aliado de gobierno de Artur Mas, para dar paso al más atildado Marius Carol que es un soberanista más moderado que pasa por ser un experto en cuestiones de casa real dada su larga trayectoria de corresponsal para los temas de la corona. Pero La Vanguardia, que en los últimos años ha navegado entre dos aguas para no perder las jugosas ayudas de la Generalitat catalana generándose con ello un pulso entre el conde y su hijo Carlos Godó, ha vuelto a dar un nuevo golpe de timón en su línea editorial tras los graves sucesos de los últimos días, deprendiéndose del periodista Quico Sallés que había entrado en la casa de la mano del director de contenidos Jordi Juan.

Las aguas cambian de dirección pero cabrá esperar si la propuesta de algunos nobles indignados ante la Diputación de la Grandeza llega a algún lugar y si Godó pierde o no su flamante y muy contradictoria Grandeza de España cuando aún circulan rumores sobre la posible concesión de nuevos marquesados por parte del rey Felipe VI a catalanes como Elena Cambó o Montserrat Caballé. Sin embargo, un noble titulado nos declara: Mi opinión es que no se hará nada, la Diputación de la Grandeza es una institución “cobarde” y anacrónica y rara vez se posiciona en temas políticos”.

Ricardo Mateos