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El 3 de julio, probablemente, tendrá lugar la votación de la moción de censura a la que deben acudir el 10% de los socios

El dilema de Joan Laporta: movilizar a sus seguidores o desmotivar a sus enemigos

Junio 1, 2008

La moción de censura promovida por un grupo de socios descontentos con la gestión del presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, está en marcha y es imparable. Oriol Giralt, el socio descontento que asumió el reto de reunir casi 6.000 firmas de socios para poder pedir la salida del presidente, ha sido la herramienta para todos aquellos que creen que Laporta es un mal para el club. La pregunta es si ahora serán capaces de movilizar a tantos socios como para que la moción sea válida y además voten por la expulsión de Joan Laporta.

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Oriol Giralt, para los que no lo recuerden, fue también el socio del Barça que pidió ante el Tribunal Catalán del Deporte (TCE) la inhabilitación de Laporta por no convocar elecciones en el tiempo y forma que señalaban los estatutos, y que forzó la convocatoria de elecciones, al darle la razón el tribunal porque los periodos electorales son de cuatro años, y Joan Gaspart consumió casi uno.
Giralt y su grupo se definen como “socios inmensamente cabreados” por la gestión de Joan Laporta en estos seis años de mandato. Y lo argumenta en nueve puntos, que se resumen en la negligencia en la gestión deportiva del primer equipo de fútbol y de las secciones profesionales; la venta de patrimonio; la inserción de publicidad en la camiseta con coste económico (Unicef) sin el permiso de los socios; o la judicialización de la vida del club.
Giralt necesitaba 5.881 firmas de socios y ha presentado 9.473 de una masa de cien mil afiliados. Eso significa que si dos socios sin medios han sido capaces de movilizar al diez por ciento casi de los socios, ahora que el tema ya es formal, es normal pensar que cuando haya que acudir al Camp Nou a votar, sea más fácil movilizar a los que abogan por echar a Laporta, que los que tendrán que ir a molestarse para que no echen a alguien que posiblemente les dé lo mismo que esté o no. No es lo mismo ganar unas elecciones desde dentro de un club, que salvar la cabeza cuando el clamor está en la calle contra el presidente.
Para que el voto de censura prosperase, Giralt y su grupo debería lograr dos tercios de los votos y que los mismos, además, representasen al menos el diez por ciento del censo. En contra de la moción estará más que los seguidores de Laporta, que nadie los conoce, el hecho de no ser capaces de llevar a votar a unos 12.000 socios. Porque las fechas, en plenas vacaciones de verano, no son ideales.

Laporta, a la defensiva

Joan Laporta, que se ha encontrado con su misma vara de medir –nadie olvida que le metió una moción a Josep Lluis Núñez, que ganó el presidente-, se ha puesto a la defensiva y dando muestras de unas formas democráticas que no le han acompañado en su gestión los últimos años. Vamos, que está en campaña electoral.
La Junta y yo hemos mantenido el máximo respeto al proceso de recogida de firmas de la moción –dijo Laporta-. Hemos dado una muestra de nuestra cultura democrática y seguiremos haciéndolo durante todo el proceso. También quiero mostrar mi respeto por los socios que han suscrito la moción. Además, esta junta directiva velará para que el proceso sea ejemplar desde el punto de vista democrático. Y daremos a la mesa, para la que pedimos respeto, todo lo que necesite“. Si hubiese tenido este talante en los últimos años, no estaría en este callejón sin salida.
El 7 de marzo de 1998 se produjo la primera moción de censura en la historia del Barça. El Elefant Blau que capitaneaba Laporta presentó 6.014 firmas (se necesitaban 4.625 para llegar a las urnas) contra Núñez y acabó perdiendo al conseguir sólo el 35% de los votos. Después de la moción de Laporta, Núñez aguantó dos años más en la presidencia. Nadie sabe ahora hasta qué punto el enfado de la afición barcelonista puede llevar al presidente al abandono o dimisión. Aquella frase suya en televisión, “necesito fuerzas para no derrumbarme”, hay muchos que no la olvidan.
Para la mayoría de socios del Barça, Laporta ha pasado del cielo al infierno sin visitar el purgatorio. Lo que está pasando no se entiende sólo por los resultados deportivos, sino que influye mucho el comportamiento personal del presidente que le ha llevado a perder las formas demasiadas veces. De ser una persona querida y admirada, ha pasado a las antípodas, sus errores y salidas de tono eclipsan todo lo demás. En la historia del Barça no es la primera vez que no se ganan títulos durante dos años, lo que de verdad ha hundido a Laporta es su carácter, que le ha enfrentado a demasiada gente. Cuando dejas por el camino a tantos heridos, no te puede sorprender que algunos se preparen para pasarte factura cuando llegue la oportunidad. Esta moción de censura es un barómetro para medir la popularidad negativa de Laporta, hay cosas que la afición no le perdona por mucho que salga en televisión pidiendo perdón. El efecto balsámico de los fichajes tampoco parece ahora que sea la curación milagrosa; en consecuencia, la moción de censura puede abrir una brecha importante en el barcelonismo ya que en estas situaciones a veces las armas las carga el diablo. xxxxxxxxxxxxxxx xxx  xxxxxxxxxxx xx x Y Y así está ahora, que no sabe si movilizar a los suyos, que no sabe si los tiene, o si se dedica a desmotivar a los que quieren echarle a base de grandiosos fichajes. Aunque sean mentira, como el de David Bechkam y que le llevó al palco del Camp Nou.xx