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La tonadillera no entiende que su ´gran amiga´ vaya de plató en plató

El día en el que Isabel Pantoja renegó de Raquel Bollo

Noviembre 24, 2009

Las apariencias engañan. La relación de Isabel Pantoja y Raquel Bollo no es tan idílica como parece. O, al menos, es lo que se entiende tras las palabras de la tonadillera…

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¡Qué razón tiene Maruja Díaz cuando dice que Isabel Pantoja no quiere a nadie! No se puede negar que consigue conquistar con su magnetismo, que enamora con su fuerte personalidad y que con su mirada envenena hasta la seducción. Sin embargo, una vez logra atraparte, Pantoja echa la vista atrás y desaparece. Es su forma de ser, su forma de actuar frente a los problemas de lo cotidiano. Isabelita es de las que tiende la mano en muy contadas ocasiones. Muchos critican su actitud frente a la de Raquel Bollo. La lenguaraz contertuliana nunca ha sido gratificada por su interesado papel de defensora de hierro. Eso sí, lucen amigas íntimas en la distancia.
La Bollo alardea diciendo que a Isabel le une una amistad indestructible que parece hermanamiento. Raquel se parte la vida defendiéndola. Lo suyo es lealtad de primera clase. Se enfrenta a quién sea, incluso a aquellos con los que Pantoja mantiene muy malas relaciones. No se lo piensa. Muerde si es necesario, vapulea cuando se siente herida y no duda en poner la mano en el fuego en situaciones muy comprometidas. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Mila Ximénez aseguró en ‘Sálvame Deluxe’ que, en algún momento, Bollo había llegado a reconocer que “tanto Maite Zaldivar como Isabel Pantoja se lo han llevado calentito”. Ella negó como San Pedro. Todo pasa y nada queda. La que sí ha renegado, incluso puesto entre las cuerdas a Raquel es la mismísima Pantoja. En mis innumerables conversaciones con la tonadillera, Pantoja se jactaba de comentar el aspecto mercantilista de su ‘gran’ amiga. A Isabelita le escocía el alma cuando la veía sentada en un programa de televisión, con las piernas cruzadas y a punto de escupir veneno: “No entiendo el motivo por el que la Bollo me llama y al día siguiente se sienta en un plató. Estoy harta de que gane dinero a mi costa, ¿no dice que me quiere? ¡Que hable de su vida!”, me confesó un día de abril. La periodista Joana Morillas, que presenció la conversación, todavía se está intentando recuperar de la dureza de sus palabras. Esta es la auténtica realidad del asunto. Las apariencias engañan.
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)