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La hermana de la Princesa de Asturias y su pareja fueron los únicos que accedieron a través de la "salida de emergencia"

El Decanato de Toledo no dice la verdad: Telma sí tuvo trato de favor

Mayo 15, 2008

Telma Ortiz accedió por una puerta trasera que sólo se abrió para ella y para su novio, Enrique Martín Llop, pese a las declaraciones del Decanato de los Juzgados de Toledo.

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La guerra que Telmita Ortiz Rocasolano ha iniciado contra los medios de comunicación no ha hecho más que empezar. Tras la petición de medidas cautelares para lograr el cese de la publicación y difusión de imágenes no obtenidas en actos protocolarios, el escándalo se centra ahora en una información relacionada con los privilegios de los que Telmita disfrutó durante su estancia en los juzgados de Toledo. Trato de favor que se le dispensó al permitirle acceder a la sala de vistas a través de una puerta trasera, cerrada a calicanto por ser una “salida de emergencia”. Sin embargo, ante los datos publicados por diversos medios de comunicación, el Decanato de los Juzgados de Toledo hizo pública una nota de prensa en la que asegura que “tanto la puerta principal, como la trasera se habilitaron como accesos, en previsión de la gran aglomeración de personas. La apertura de la segunda puerta estaba disponible para todo el público, incluidos los medios de comunicación”. Embuste provocador, pues esa puerta se abrió única y exclusivamente para Telmita Ortiz y Enrique Martín-Llop. No hablo de oídas, pues este que les escribe, acompañado por otros tantos periodistas, intentó utilizar esa entrada sin éxito. Nadie atendió mi petición, algo lógico si se tratara en realidad de una puerta inutilizable para todos.
 
Los periodistas, testigos
 
Es rotundamente incierto que la “salida de emergencia” estuviera protegida por miembros de la benemérita, pues los dos guardias civiles que se encontraban en los pasillos sólo se ocuparon y preocuparon de los medios de comunicación. Incluso uno de ellos se llevó las manos a la cabeza cuando descubrió que la Hermanísima había accedido por una puerta inhabilitada para los ciudadanos: “Si hubiera estado yo en ese momento, por esa puerta no pasa nadie porque esa es la orden”, espetó ante el evidente asombro de los cinco periodistas que participamos en esa interesantísima conversación, a la que más tarde se unió el vigilante de seguridad que abrió la puerta de la discordia: “La verdad es que la abrí por inercia. Vi a Telma tan rodeada de prensa que reaccioné de esa forma”, nos explicó con una sonrisa sorprendente y algo más que entusiasmado. Por cierto, la puerta de marras tampoco tenía arco de seguridad ni detector de metales. A Ortiz Rocasolano ni siquiera se le exigió que mostrara el documento nacional de identidad y, ni por asomo, se le pidió que extrajera lo que portaba en el interior de una bolsa de plástico recién salida de El Corte Inglés. ¿Por qué hay que dar por hecho que Telmita no guardaba en la bolsa un cuchillo jamonero o un rifle de caza? A cualquier hijo de vecino se le obliga a depositar los objetos metales en una fría cajita de plástico, a posar sus pertenencias -incluso chaquetas- en una cinta transportadora y a atravesar un arco con radiofrecuencia para asegurarse de que no se esconden objetos con los que poder llevar a cabo un acto vandálico. ¿Acaso los que nos encontrábamos allí estábamos obligados a saber, a priori, que la presencia de la hermanísima no ponía en jaque nuestra seguridad individual e incluso colectiva? Yo no comulgo con ruedas de molino. Bochornoso.
 
Por Saúl Ortiz