Menú Portada
En su misiva, el sacerdote José Luís Jiménez de Blas reclama a sus feligreses que protesten ante el Obispado

El “cura rojo” desenmascara al Obispo de Ávila

Abril 15, 2008

El máximo responsable eclesiástico se niega a pedir al poder político que cumpla la sentencia, para no enfadar al Partido Popular

Los poderes fácticos han amenazado a la autoridad religiosa con cancelar otros sustanciales acuerdos y contratos si incide en este fallo judicial

El sacerdote Jiménez de Blas piensa que los fieles que le ayudaron a rehabilitar los templos tienen pocas expectativas de recuperar sus préstamos

pq__OBISPO.jpg

Extraconfidencial.com tituló sus ediciones del pasado 30 de marzo y 1 de abril: “El presidente de la Diputación de Ávila del PP niega las subvenciones sociales europeas al conocido como cura rojo” y “La Diputación Provincial de Ávila asfixia económicamente a las parroquias rojas”. Lo del sacerdote abulense José Antonio Jiménez de Blas, apodado “el cura rojo”, se ha convertido en un autentico calvario. Pese a la sentencia fallada contra el presidente de la Diputación de Ávila y Alcalde de Barco, el Popular Agustín González, por su arbitraria gestión al frente de Asider (Asociación Intermunicipal para el Desarrollo Rural de la Comarca Barco-Piedrahita-Gredos), éste continúa haciendo oídos sordos a la justicia.
Hermano del canónigo del Monasterio de la Encarnación, Agustín mantiene unas excelentes relaciones con la Iglesia abulense. Al menos con la cúpula. Hasta tal punto que el propio Obispo Monseñor Jesús García Burillo ha preferido abandonar a su subordinado, el sacerdote José Antonio Jiménez de Blas, en favor del poder político de la comarca. Pese al dictamen de la Justicia, una vez más Iglesia y derecha política en esta ciudad caminan unidos compartiendo intereses y pelotazos, como en los viejos tiempos.
A juzgar por la carta remitida por el clérigo a extraconfidencial.com, ni la Justicia puede con esta alianza de intereses. La máxima autoridad eclesiástica se resiste a solicitar los más de 200.000 euros que Asider adeuda a las diócesis regidas por Jiménez de Blas, para no molestar al Partido Popular.
Y mientras, la fortuna de Agustín crece. Según ha sabido extraconfidencial.com, éste cuenta también con un puñado de cabezas de ganado incorporadas recientemente a su más que voluminoso patrimonio.
Desesperado por la situación y con el fin de llegar a los feligreses que en su día le apoyaron económicamente en la rehabilitación de sus parroquias, Jiménez de Blas ha remitido a nuestra redacción el siguiente comunicado que reproducimos en su integridad.

Débiles esperanzas para quienes prestaron su dinero

Emisor: José Antonio Jiménez de Blas. Sacerdote.
Destinatarios: Cooperantes en financiación de la rehabilitación de las Parroquias de Navadijos, Cepeda y San Martín de La Vega del Alberche
”.

Mantenida reciente la audiencia previamente solicitada con el Sr. Obispo de Ávila y el grupo de expertos responsables de las distintas áreas de trabajo del Obispado, llego a la conclusión de que las esperanzas de quienes prestaron dinero a las parroquias para recuperar sus fondos, son cada vez mas débiles y ello porque ocurre lo que todos tenemos en mente pero pocos nos atrevemos a decirlo públicamente”.
El asunto no solo resulta grotesco sino además humillante, indigno e impropio de la corresponsabilidad de las instituciones de la Iglesia Católica, aunque no es la primera vez ni será la última, en que instituciones católicas sacrifican el honor y la credibilidad de alguno de sus miembros en aras del interés económico general que deberá prevalecer en cualquier circunstancia”.
Esta introducción anticipa lo que se está revelando poco a poco como una realidad, es decir; el Obispado de Ávila, no tiene hasta el momento, intención alguna de exigir a ASIDER el cumplimiento de los contratos de ayuda firmados con vuestras parroquias para la rehabilitación de los templos y al mismo tiempo tampoco está dispuesto a reconocer que sin haber cobrado más que una mínima parte de las subvenciones, las obras se han realizado con la financiación, no donación, de particulares que tenían la esperanza puesta en recobrar su dinero cuando las parroquias recibieran las subvenciones”.
La demanda que le fue desestimada a ASIDER para intentar recuperar esa mínima parte de subvención que había anticipado a una de las parroquias, abrió la puerta para que el Obispado ante la evidencia de que el cura párroco no había incumplido ningún contrato, obligase a ASIDER a cumplir íntegramente los tres contratos vigentes o en su defecto acudiera a los tribunales en defensa de su derecho”.

Chantaje de los poderes fácticos

Ello no va a ser posible; porque aunque no se diga, los poderes fácticos ya han advertido al Obispado, de que si eso ocurre puede olvidarse de la firma de otros convenios económicos en los que sin duda hay en juego mayores cantidades de dinero”.
Lamentablemente, ésta es la pauta de actuación que desde siempre han venido manteniendo los dirigentes de nuestra Iglesia, pero aún es peor, porque entre peticiones y advertencias mutuas está el cura-párroco que esto suscribe para hacer de chivo expiatorio sobre el que se concentre el mal y la situación cuando menos, resulta patética; porque habiéndome “descornado”, nunca mejor dicho; para buscar dinero pidiendo aquí y allá, exhibiendo como único aval mi buena fe, y aportando mi esfuerzo físico trabajando codo a codo con los albañiles, a fin de poder ejecutar las obras en los templos hasta que fueran llegando las subvenciones, mira por donde, ni siquiera el Obispado es capaz de reconocer el esfuerzo realizado; pero no solo es eso, porque hay más por si fuera poco, ya que tampoco es capaz de reconocer los préstamos personales que han servido para financiar las obras, alegando ingenuamente que esos préstamos solo obedecen a la iniciativa personal del cura de las parroquias, rechazando el Obispado cualquier vinculación con los mismos; y claro está, las preguntas que surgen son evidentes ¿Acaso los templos y los bienes parroquiales pertenecen al cura-párroco? ¿Acaso puede el cura-párroco disponer de ellos para su venta? ¿Acaso puede el cura-párroco utilizarlos como aval para obtener créditos? ¿Acaso las obras no están realizadas? ¿Con qué fondos cree el Obispado que se han pagado, si solo se ha cobrado un mínimo de subvenciones? ¿En que código ético se basa el Obispado para no reconocer los préstamos particulares invertidos en la mejora de lugares de culto?”.
A los cooperantes solo les queda la protesta ante el Obispado o la reclamación judicial de sus préstamos al amparo de mi testimonio; pero a quien esto suscribe ya no le queda ni moral para pedir financiación para la Iglesia porque parece obvio que nuestro respetable Obispado confunde préstamos con donativos y si es así, ¡donen ustedes, pero no presten sin garantías!, porque para nuestra Iglesia, la frase… “al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios “, parece que ha caído en desuso. Dios os guarde”.
Dado en Ávila, a siete de Abril de dos mil ocho, para publicación inmediata”.