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Tras la suspensión de pagos o la cancelación de los presupuestos para algunos de los proyectos

El CSIC, necesitado de 75 millones de euros para su supervivencia, invierte medio millón en el servicio de portería de sus centros

Julio 15, 2013

Su presidente, Emilio Tora-Lamayo, alertaba hace días de un posible “cataclismo”. La secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, le contradice: “Está lejos de ser una situación catastrófica”
En total serán 477.664 euros destinados a seis edificios del CSIC mediante un proceso de licitación abierto, en lugar de realizarlo con sus propios medios o empleando a parados
El propio CSIC es conocedor de la situación que vive España: el problema no es que los investigadores españoles “más brillantes” se marchen fuera, sino que “los buenos de fuera no van a querer venir”

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El futuro del Consjeo Superior de Investigaciones Científicas es incierto. Su situación económica, un polvorín. Hace escasos días España se despertaba con la noticia de que el mayor centro de I+D nacional estaba siendo amenazado por una profunda depresión. Una suspensión de pagos o la cancelación de los presupuestos para algunos de los proyectos que estaban llevando a cabo los investigadores, ponían entre la espada y la pared al tercer mayor centro europeo de investigación. El presidente de la institución, Emilio Tora-Lamayo no ponía paños calientes a la realidad que vive el centro sito en la calle Serrano: el CSIC podrá seguir funcionando con normalidad “hasta septiembre o principios de octubre”, pero más allá de esa fecha, si el Gobierno no inyecta 75 millones de euros, la institución vivirá un auténtico “cataclismo”. Y es que en palabras de Tora-Lamayo, la grave situación financiera del CSIC “es mucho peor que delicada”.

A pesar de estar el futuro a medio plazo del CSIC en una nube, el centro se aventura a cerrar la contratación del servicio de recepción de sus diferentes centros para los próximos 2 años. Si bien su presidente auguraba un futuro estable de tan solo dos o tres meses para el CSIC, la institución decidía cerrar el convenio de portería de sus centros hasta el 31 de diciembre de 2015. La Plataforma de Contratación del Estado anunciaba la licitación del contrato para el servicio de portero recepcionista de seis centros e institutos del CSIC en Cataluña.

En concreto se trata del Instituto de Microelectrónica de Barcelona, el Instituto de Ciencias de Materiales de Barcelona, el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial, el Instituto de Investigaciones Biomédicas, la Delegación del Consejo en Barcelona -incluye el Instituto Milà y Fontanals- y el Centro de Investigación y Desarrollo. Un servicio blindado con casi medio millón de euros (477.664 euros) destinados a las tareas de orden, recepción y tareas auxiliares en los edificios nombrados.

Ante este contrato, quizás la realidad se asemeje más a la dibujada por la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, quien aseguraba tras las declaraciones de Lamayo que la situación del CSIC “es difícil”, pero “está lejos de ser una situación catastrófica”. Dos responsables con distinto criterio. Lo que está claro es que cualquier gasto es superfluo, o al menos cuestionable, cuando se necesitan 75 millones.

Tareas elementales del portero recepcionista

Para ello la empresa adjudicataria designará a un equipo de trabajo que se ocupe de las funciones de “portero recepcionista, incluyendo los servicios de conserjería y recepción, atención telefónica, atención al público, servicio de correos, control de llaves y dentro de las limitaciones técnicas, resolver cualquier anomalía que afecte a los servicios de mantenimiento de los Institutos objeto de este contrato”.

Según el pliego de prescripciones técnicas, el portero recepcionista “verificará que las instalaciones de los Institutos donde haya cierre del edificio están en condiciones para el mismo, concentran las alarmas que se le indiquen y entregarán las llaves al custodio de las mismas si es necesario. Igualmente en el momento de la apertura, recogerán las llaves, abrirán las puertas y procederán a la desconexión de las alarmas”.

Una externalización preocupante

El problema no es tan solo la osadía del centro y el gasto elevado para un servicio elemental; sino también el modo de emprender el procedimiento. Un proceso de licitación abierto y de tramitación ordinaria para que una empresa privada se lleve la ejecución del servicio por medio millón de euros. Un sinfín de preguntas surgen ante esta tesitura. Si hay overbooking de empleados públicos y muchas instituciones deben hacer reducción de plantilla, ¿por qué el servicio de portero recepcionista no es cubierto por la propia institución en lugar de recurrir a un concurso? ¿Acaso no es cierto que este tipo de proceso concursal privado encarece el gasto del servicio? ¿Por qué el CSIC no abarata costes si está en una situación de crédito límite? Con los problemas que existen hoy día en el terreno de la investigación –Método 3, Snowden o Assange-, ¿no sería más coherente optar por alguien de la casa que ya conozca el sistema y que garantice la confidencialidad y discreción?   

Ante este panorama, ni los jóvenes españoles se quedan en territorio autóctono, ni los foráneos ven a España como una oportunidad para crecer. El coordinador institucional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de la Comunitat Valenciana, José Pío Beltrán, alertaba de esta doble vertiente de la fuga de cerebros: el problema no es que los investigadores españoles “más brillantes” se marchen fuera, sino que “los buenos de fuera no van a querer venir”.

Jesús Prieto