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Mientras su presidente, Miguel Cardenal, afirma que "nunca se ha hecho tanto con tan poco"

El CSD se olvida de las federaciones en los años no olímpicos: su presupuesto bajó casi un 60% de 2012 a 2013

Octubre 8, 2013

En 2012 el Consejo recibió 180,4 millones en concepto de transferencias y subvenciones, un 27% más que en 2011 gracias a la efeméride olímpica

La política seguida por el organismo público ignora grandes acontecimientos como mundiales o europeos y provoca el éxodo de nuestros mayores valores

Tiene comprometidos más de 11 millones de euros para los años 2013, 2014 y 2015 en partidas de dudosa utilidad como “economatos” o “trabajos técnicos”


El presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), Miguel Cardenal, explicaba anteayer en el Congreso de los Diputados que el presupuesto del organismo público para 2014 experimentará un alza del 6,65%, y es que tras el año olímpico del 2012, en el ejercicio de 2013 el presupuesto se derrumbó hasta los 75,1 millones que representaban un 60% menos de ingresos que en el año de los Juegos de Londres. Un punto mínimo que se ha recuperado en parte para el 2014 con una subida de 5 millones hasta llegar a los 80,1. A pesar de las palabras de Cardenal quien asegura que “nunca se ha hecho tanto con tan poco”, la gestión de los mismos y las partidas destinadas a las federaciones quedan en evidencia a la vista de informes como la resolución de la Presidencia del Consejo Superior de Deportes, por la que se publican las cuentas anuales del ejercicio 2012, publicada en el BOE con fecha 24 de septiembre de 2013.

El problema del CSD viene de atrás. En febrero de este año, saltaba a la prensa una bomba de racimo, en lo que al deporte se refiere. David Cal, el deportista olímpico español más laureado de todos los tiempos hacía las maletas y se iba a Brasil, cansado de los continuos tijeretazos a su presupuesto. Suso Morlán, entrenador del palista de Hío lo dejaba bien claro: “No entienden que si tocan a David me machacan a mí y que si me machacan a mí, machacan a David Cal. Si recortas a David Cal con 5 medallas olímpicas, ¿dónde vamos?”. La política de subvencionar a las federaciones cada cuatro años -en coincidencia con los JJ.OO.- hace aguas. A la vista quedan los resultados cosechados por la delegación española en las convenciones olímpicas, en claro descenso desde Barcelona 92. 

Siguiendo este modelo de financiación, el CSD recibió en 2012 180,4 millones de euros (180.388.210 euros) en concepto de transferencias y subvenciones, 38 millones de euros más que en el año anterior (142.435.468 euros) y con una política de austeridad mediante. Este comportamiento condicionó las transferencias y subvenciones concedidas por el CSD. Si en 2011 se otorgaron cerca de 110 millones de euros (109.932.779 euros), en 2012 se concedieron 133,6 millones (133.608.808,68). 

El ejercicio de 2011 no contó con ninguna cita olímpica pero si con el Mundial de Natación de Shanghai (China), el Mundial de Atletismo de Daegu (Corea del Sur), el Mundial de Balonmano de Suecia, el Europeo de Baloncesto de Lituania o el Europeo de Patinaje de Berna (Suiza), entre otros. Para todas estas disciplinas España cuenta con deportistas de primer nivel, una realidad desatendida por el CSD.

El modus operandi del Consejo queda aún más en entredicho cuando se observa otra peculiaridad: el organismo público tiene reservados en “compromisos de gasto con cargo a presupuestos de ejercicios posteriores” un total de más de 11 millones de euros (11.445.409,08 euros) para los años 2013, 2014 y 2015. Las partidas presupuestarias que se ven favorecidas por estas inversiones corresponden a gastos de dudosa utilidad como “economatos y comedores”, “estudios y trabajos técnicos”, o “custodia, depósito y almacenaje”.

Por el contrario, los gastos de personal apenan sufren modificación alguna. Si en 2011 estos representaban un importe de 12 millones de euros (12.299.854,86 euros), en 2012 la partida se vio reducida en un millón de euros escaso (11.221.454,40). Teniendo en cuenta que en esta disminución debe reflejarse la congelación de la paga extra de diciembre, se puede concluir que los trabajadores del CSD no se han apretado el cinturón.

Malos tiempos para el CSD
No corren buenos tiempos para el Consejo Superior de Deportes. Su caótica gestión está en boca de todos. Quizás el suceso más bizarro sea el de los paralímpicos de Sydney 2000. En aquellos juegos paralímpicos, la delegación española brindaba otra alegría a su pueblo. Uno de esos éxitos a los que nos tiene tan acostumbrado: la selección de baloncesto se colgaba la medalla de oro tras ganar la final a Rusia. Sin embargo, en esta ocasión el pastel fue descubierto al poco de saborear las mieles del triunfo. Las fotos publicadas por diferentes medios de comunicación destaparon la vergüenza: de los 12 integrantes del equipo tan solo 2 eran paralímpicos y a la gran mayoría ni siquiera se enfrentaron a control médico alguno para evaluar unas discapacidades ficticias. El motivo de tal bochorno quedó bien reflejado en las palabras del entrenador Eduardo García: “Chavales, sin medallas no hay patrocinios ni subvención”. Con todo, una práctica tan infame por la que se pedían 2 años de cárcel para todos los acusados, se resolvió judicialmente como casi todos los procesos en España: un único condenado con una pena irrisoria y el resto de implicados yéndose de rositas. En esta ocasión la cabeza de turco fue la del presidente federativo, Fernando Sánchez Vicente, quien aceptó una multa de 5.400 euros por los delitos de estafa y falsedad en la Audiencia Provincial de Madrid.

No es novedoso que las prácticas ejecutadas desde el Consejo Superior de Deportes sean un tanto rocambolescas. Hablamos del Organismo Autónomo del Estado que subvenciona cuatro veces más la petanca (47.347 euros) que el fútbol (15.164 euros), el mismo que recorta o aumenta sus partidas económicas en función de cuán cercano esté el año olímpico, llegando a ignorar completamente otros eventos deportivos internacionales como los mundiales de ciclismo, natación o baloncesto. Prueba de esto es la cantidad de partidas destinadas a un imponderable como la candidatura de Madrid 2020 y que finalmente ha caído en saco roto. Mientras, las federaciones pasan hambre y los deportistas de élite abandonan el barco. También en el deporte: fuga de cerebros.