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El cambio de estatutos y el reglamento electoral aprobados en la asamblea del 3 de marzo no son válidos

El CSD rechazó los acuerdos de la Federación Española de Fútbol

Septiembre 21, 2008

El Consejo Superior de Deportes (CSD) rechazó con fecha 31 de julio los acuerdos de la asamblea de la Federación Española de Fútbol (RFEF), por los que se modificaban los estatutos y se elaborara un reglamento electoral conforme a las normativas FIFA y en contra de la legislación española. Ello significa que los estatutos modificados siguen siendo vigentes y que la RFEF deberá adaptar el reglamento electoral a la orden ministerial que en su día decidieron no acatar.

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Por fin imperó la cordura. Lo sorprendente es que cincuenta días después de adoptarse el rechazo a las modificaciones impuestas por Angel María Villar en la RFEF y que le colocaban fuera de la legislación española, la información no se haya hecho pública por ninguna de las partes y se pretenda dejar correr el tiempo en espera de no se sabe bien qué. Lo cierto es que una vez disputada la Eurocopa, con el título en el zurrón y sin que al señorito Blatter le queden armas que arrojar contra el Estado de derecho español, el CSD ha decidido hacer imperar la ley, como no podía ser de otra manera, y ha revocado lo que era a todas luces una tropelía inadmisible. Habrá que ver a qué recurre ahora Villar, aunque nos da la sensación que el bilbaíno ya se salió con lo que quería que era llegar a los comicios como ganador, cosa que en el mes de marzo no hubiera ocurrido.
La RFEF, como receptora por delegación de la administración del fútbol español, no podía tener unos estatutos contrarios a la legislación vigente, ni elaborar unas normas electorales opuestas a la ley española. Pero eso se sabía cuando el CSD permitió a la RFEF no convocar los comicios como su propia orden ministerial fijaba. ¿Qué ha cambiado ahora? Esencialmente nada, pero el secretario de Estado ha ganado tiempo para varias cosas. Primero para evitar el conflicto con FIFA –que nunca se hubiera producido de verdad- y segundo para que el candidato de la oposición, Mateo Alemany, arrojara la toalla y anunciase que ya no se presentará a las elecciones. Víctima de una injusticia de la propia Administración española, que el ex presidente del Mallorca aún medita si llevar a la justicia ordinaria –su última intención es hacerlo-.

La mediación de Martín del Burgo

Pero, ¿cómo se llegó a todo esto? Alta política, que diría un amigo mío. Javier Martín del Burgo, actual director de la Agencia Española Antidopaje, reunió a las partes, Jaime Lissavetzky y Angel María Villar, para salir del atolladero en el que el presidente de la RFEF había metido al CSD. El acuerdo alcanzado fue que el CSD admitía el retraso en la convocatoria de las elecciones, pero Villar aceptaba adaptar el reglamento electoral a la orden ministerial y no llevar en su junta directiva al actual vicepresidente Juan Antonio Padrón. Ambas cosas fueron aceptadas por Villar, quien a su vez exigía el compromiso por parte del CSD de lograr que no hubiese ninguna candidatura de oposición. En esas estamos.
Villar, durante todo este período, ha ido reuniéndose con todos los presidentes de las federaciones territoriales “rebeldes” y con promesas –algunas inauditas- ha ido pactando la adhesión a la causa. Con todas, menos con la de Aragón, que mantiene las demandas contra Villar, Padrón y tres directivos más en el juzgado 47 de Madrid, por hechos gravísimos que de ser probados llevarán a los imputados a sufrir condenas muy serias. Evidentemente, con el consenso ya obtenido, Villar sabe que aún teniendo en contra a la LFP y a la asociación de entrenadores, será el ganador de los comicios del mes de noviembre.
Lo que no está nada claro es que en las elecciones haya un solo candidato. Hastiado Alemany, la conocida como “Plataforma Federación de Todos” se quedó sin cabeza visible. Uno de sus miembros, Carmelo Zubiaur –vicepresidente de la Fundación El Larguero-, ha recibido el respaldo de los restantes miembros que aún permanecen para que sea el candidato a presidente. Zubiaur, entre otras cosas, cuenta en su perfil el ser amigo personal de Jaime Lissavetzky, con lo que al secretario de Estado no le ha sido demasiado complicado buscar una negociación entre Zubiaur y Villar para lograr la candidatura de consenso. Un consenso que de momento no ha sido posible. Algo que igual le preocupa más al CSD que a Villar, quien ya hace planes para los próximos cuatro años. El problema está en que los escándalos y los tribunales igual se empeñan en dejar desairados a todos. Y entonces sí que se habrá acabado más de una carrera. Política y presidencial.