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La Guardia Civil consiguió identificar al autor material, un empleado filipino, pero éste regresó a su país y se amparó en la impunidad que le daba la ausencia de acuerdo de extradición con España

El crimen sin castigo del Día de Reyes: la millonaria alemana Irmela Femmer fue asesinada hace 13 años en su mansión de Mallorca

Enero 6, 2014
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Irmela Regine Femmer mantenía una desahogada posición económica tras haber enviudado de su tercer marido. De 55 años de edad, originaria de Hannover (Alemania), Irmela dejaba pasar los días en su lujoso chalet en Port de Andratx, en Mallorca, administrando una holgada -y codiciada-, herencia. La tarde del día de Reyes de 2001 se topó de frente con sus asesinos, dos individuos que se ensañaron cruelmente con la mujer. Uno permaneció en la puerta de la vivienda, vigilando; el otro asestó a la alemana hasta seis puñaladas con dos cuchillos distintos, eran cuchillos de cocina, uno de ellos de 23 centímetros de hoja.

Dos de las cuchilladas eran mortales de necesidad: una herida profunda en el cuello que le atravesó la tráquea, el esófago, la arteria carótida y la yugular; y otra herida mortal en el abdomen que la afectó a la arteria aorta y a un riñón. Irmela también fue acuchillada en la caja torácica y junto al corazón. Los asesinos abandonaron las armas blancas (un cuchillo de 23 centímetros de largo y 4 de ancho, y otro más pequeño que se rompió durante la agresión), en el lugar del crimen antes de huir del chalet. El cadáver fue encontrado en una posición extraña, a juicio de los investigadores, lo que indica que fue arrastrado por la vivienda desde el lugar del asesinato hasta la cocina, donde se desangró. Además, el cuerpo de la viuda presentaba un fuerte golpe en la cabeza y numerosos cortes en los antebrazos, de lo que se deduce que la víctima opuso fuerte resistencia a sus asesinos.

Alto grado de ensañamiento

La Policía Judicial de la Guardia Civil se hizo cargo de las investigaciones barajando en primer término el móvil del robo, dada la desahogada posición económica de la viuda. Pero había algo que no encajaba: la puerta no había sido forzada, los enseres no estaban revueltos y, en principio, no faltaba ningún objeto de valor.

Las pesquisas se centraron entonces en el entorno cercano de Irmela Femmer. El alto grado de ensañamiento con la víctima podría responder a un asesinato por motivos pasionales. Se llegó incluso a llamar a declarar al prometido de la víctima, un doctor alemán, quien voló a Mallorca para disipar cualquier atisbo de sospecha sobre él.

De hecho, esta persona, si bien era el único heredero de la fortuna que dejaba Femmer, dejó claro que no necesitaba del dinero de la que había sido su novia, ya que contaba con un patrimonio importante tanto por su profesión de médico como por varias operaciones inmobiliarias exitosas que había llevado a cabo en Mönchengladbach. Descartado, pues, el prometido, expertos de la Guardia Civil llevaron a cabo una nueva inspección ocular de la vivienda y -esta vez sí-, se percataron de la desaparición de varios objetos de valor pertenecientes a la mujer.

La pista filipina

Con la constancia de que se había producido efectivamente un robo en el chalet, las pesquisas tomaron otros derroteros. Un mes después del crimen, la Benemérita arrestaba a una ciudadana filipina, Flor Sespida, de 51 años, que realizaba labores de limpieza en el chalet de Irmela Regine Femmer. Se le acusaba de encubridora del crimen. Sometida a interrogatorio en dependencias del Instituto Armado, Sespida se derrumba y revela toda la trama. El crimen había sido cometido por su novio, Felino Santiago Dijah y por otro cómplice, ambos igualmente filipinos. El móvil: el robo para conseguir dinero con el que sufragar su adicción a las drogas.

Hasta aquí, el caso del asesinato de la súbdita alemana se va resolviendo bajo parámetros lógicos, pero cuando los guardias civiles acuden a detener al autor material del asesinato, Santiago Dijah ya se encuentra en Filipinas. Voló a su país muy poco después de los hechos, conocedor de que era el refugio perfecto para él, al no existir convenio de extradición entre España y Filipinas.

La batalla legal con Manila

Con el caso cerrado policialmente, comienza la singladura judicial para intentar llevar a Dijah ante los tribunales. El juez Enrique Morell, titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Palma, solicita hasta en dos ocasiones el envío de una comisión rogatoria a Filipinas para detener al asesino de Irmela Femmer. En primer término, se cursa una orden internacional de detención del prófugo a través de Interpol, pero las autoridades del archipiélago no responden. Morell insiste y demanda el envío de una segunda comisión rogatoria, compuesta por agentes de la Guardia Civil, para trasladar a Santiago Dijah desde Filipinas a Mallorca y celebrar el juicio por asesinato. Manila ofrece la misma respuesta que en la anterior ocasión: el silencio.

Pero si lamentable es la actuación de las autoridades de Filipinas ante las demandas españolas, el asunto se torna rocambolesco cuando Felino Santiago Dijah, imbuido de la sensación de impunidad que le otorgan su Gobierno y su legislación, se presentó, en las elecciones municipales celebradas en su país en mayo de 2004, como candidato a la alcaldía de su pueblo natal. En España, la Justicia sigue esperando.

José Manuel Gabriel

josemanuelgabriel@extraconfidencial.com