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Mientras Jaime Lissavetzky no para de viajar por el mundo

El Consejo Superior de Deportes aumentó su gasto en 34 millones de euros el último año

Octubre 1, 2009

A Dios rogando –que Madrid sea sede los Juegos Olímpicos 2016-, y con el mazo dando, a los ciudadanos de Madrid, ya no ahogados en la crisis sino también en las zanjas. Por el bien de España hasta allí se han desplazado, entre otros, el Rey de España, Don Juan Carlos I, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero- tiempo tendrá de amañar con el edil madrileño la crisis con el Grupo PRISA-, la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre –nobleza obliga, no como el alcalde que no pierde oportunidad para apuñalarla por la espalda-, y Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte. Un auténtico elenco.

Y, casualidades de la vida, el Boletín Oficial del Estado publicaba el pasado día 21 de agosto las cuentas anuales del ejercicio 2008 del Consejo Superior de Deportes.

Unas cuentas en plena crisis elevaron sus gastos en casi 34 millones de euros pasando de los 159,4 millones hasta los 183,3 millones, una subida que se produjo en todas las partidas de gasto pero especialmente en las subvenciones concedidas por el órgano presidido por Jaime Lissavetzky, mientras los ingresos se mantuvieron estables, unos ingresos que en su práctica totalidad (176 millones sobre un total de 177 millones) procede de transferencias y subvenciones.

Con menores ingresos que gastos, el resultado del CSD fue una perdidas (al no tener ánimo de lucro denominadas en sus cuentas como desahorro) de 5,8 millones, hasta en el CSD hay déficit siguiendo la estela del Gobierno.

Todo ello a pesar de tener unas fuentes de ingresos privilegiadas como las transferencias del presupuesto del Estado a través del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, al que está adscrito, las transferencias de Loterías y Apuestas del Estado procedentes del 1% de la recaudación de las Apuestas Deportivas del Estado o los ingresos de derecho público o privado que le corresponda percibir y los que se produzcan como consecuencia de sus actividades de gestión o por la prestación de servicios.

Mientras Lissavetzky sigue disfrutando de sus viajes, hoy Copenhague, menos mal que la Copa Davis o la próxima final de la Champions League se juegan en España.