Menú Portada
La actriz y presentadora decidió no acudir al juicio por estar tomando Algidol

El chófer de Ana García Obregón le jura venganza

Octubre 30, 2007

Malos tiempos para Ana García Obregón. El pasado martes 30 de octubre tuvo lugar el juicio por presuntas coacciones, injurias y calumnias interpuesto por su secretaria en los Juzgados de Alcobendas. La polifacética actriz -que empezó a vivir su ocaso profesional el día en que le fue retirada una serie de televisión por su escasa o ridícula audiencia- optó por no acudir a la primera vista alegando que se encontraba algo más que resfriada.

pq__anita1.jpg

Sin embargo, la defensa de la de los pechos operados carecía de informes o partes médicos que acreditaran su chirriante, si acaso increíble, versión. Por eso, el mediático Saavedra solicitó -vía telefónica- a su mandante (Ana G) que le hiciera llegar por fax el documento que se le había facilitado en el hospital de Sanchinarro al que, presuntamente, acudió durante la madrugada del martes aquejada de una fuerte congestión.
Así pues, tras varios minutos de intensa espera, el escrito llegó hasta las manos de la jueza instructora que esbozó una sonrisa algo más que clarificadora al comprobar que, lejos de lo pensado, se trataba de una simple receta de Algidol, un recurrente y recurrido antibiótico recomendado para paliar los efectos de procesos gripales: “Pero si yo también me estoy tomando Algidol y aquí estoy sentada” espetó la jueza al leer atentamente semejante documento. De chirigota gaditana. No hace falta reseñar que el documento no se admitió, claro, por lo que sí se celebró el juicio.

A Javier Saavedra le riñe la jueza

La propia sala de vistas parecía un plató de televisión en el que en cualquier momento podía aparecer la valenciana Carmen Alcayde entonando aquello de “que fuerte, que fuerte“, con el que consiguió ser imitada a diestro y siniestro.
Javier Saavedra fue el maestro de ceremonias, quizás porque en más de una ocasión tuvo que ser llamado al orden por sus impertinentes interrogatorios. El letrado del sombrero tirolés parecía algo bravucón e irritado, más aún cuando se le rogó que se ciñera a los hechos que allí se juzgaban, dejando al margen interpretaciones y comentarios que en ningún caso servían para esclarecer la verdad en torno a semejante pleito. Vamos, que en vez de Javier Saavedra parecía la propia Heidi por el tono sonrosado de sus mejillas. ¡Ay la vergüenza!

Y los testigos, y no de Jehová

Arropando la versión de Sonia, acudió Emérita Elena, la ex cocinera de Anita a quien le interpuso una denuncia por presuntos malos tratos así como contra el familiar de las alcachofas, quien afirmó haber sido testigo presencial de los adjetivos con los que, presuntamente, la Obregón calificaba a su secretaria.
Clamó al cielo que la peruana asegurara que en casa de la actriz trabaja Matilde, una cocinera indocumentada a la que, presuntamente, Anita tiene trabajando de forma ilegal. También fue llamado a declarar el actual chofer de Ana García Obregón, que sorprendió e incluso desencajó a un Javier Saavedra al que parecía que se le iban a salir los ojos de las órbitas.
Tal y como avanzamos en rigurosa exclusiva en este mismo medio, el conductor declaró en contra de su jefa, alegando que la verdad debe prevalecer por encima de todo. Francisco Javier reconoció, confirmó y asintió. Repitió, sin dudar, la extensa lista de improperios e insultos que, al parecer, Ana profirió a su secretaria. Y eso que el caballero apenas podía mantenerse erguido por la presión que llevaba a sus espaldas, que no era poca.
Tras su declaración, Javier Saavedra decidió renunciar a sus propios testigos, Fátima Muñoz Rey y Marta Gil, procuradora y abogada de su propio bufete. Un recule que era necesario después de que los testigos de la demandante aseguraran que ninguna de las citadas damas se encontraban físicamente en el momento de los hechos… Y a la jueza casi se le saltaron las lágrimas de la risa, quizás porque Fátima y Marta también ejercieron de testigos en el pleito que le puso Teresa Bueyes a Javier Saavedra, motivo por el cual dicha letrada interpondrá en los próximos días una querella criminal por falso testimonio…

Para finalizar, la parte denunciante solicitó una pena de 120 euros durante 20 días y 1 euro simbólico por daño moral. La parte denunciada solicitó la libre absolución. Visto para sentencia.

Por Saúl Ortiz